Álvaro Uribe ¿Qué te perdone? ¡Que te perdone Dios!

Buena vaina Varito, que te echaron sacándote de la casa de Nariño. ¡Cuánto deseabas quedarte, unos años más!

 Cuando estabas por cambiarte, apareció una enorme fosa común que aumenta tus preocupaciones y pone tu seguridad en vilo. Como nadie, conoces y sientes, que no se puede confiar en gringos a menos que haya mucho que ofrecerles. Eso de ser número 82 en lista de vinculados al narcotráfico, por ellos elaborada y mantenerte en la presidencia de Colombia, tiene precio y factura abierta. 

 Por ella te convirtieron en juguete en manos de titiriteros sin solvencia de artistas respetuosos de buenas costumbres y derechos de gente. Te usaron para destruir la convivencia entre hermanos, solidaridad cristiana, disposición a servirnos mutuamente, valores derivados de nuestros ancestros, padres libertadores que contravienen los planes de quienes quieren acentuar su rol de depredadores.

 La reciente decisión de la Corte de declarar inconstitucional el nuevo acuerdo militar al que llegaste con los gringos e intentaste fraudulentamente pasar como complemento del primero, decisión que las autoridades estadounidenses manifestaron acatar, debe ponerte sobre aviso.

  La rabia y miedo que te produce irte del poder sin concluir tu obra, salvoconducto anhelado, no otra que hacer de nuestro espacio teatro de guerra, para que Júpiter tronante imponga su ley y aberrados designios, los mostraste ante las cámaras, como decir ante el mundo, cuando hablaron Eduardo Benedetti, presidente del Congreso y Juan Manuel Santos, al asumir la presidencia.

 Esos sentimientos de vieja data, se intensificaron al ver perdido tu esfuerzo, expresado en la “denuncia” contra Venezuela y “el zambo que allá gobierna”, como seguramente te expresas en privado, tomada a burla por la gente seria, hasta alguna de la oposición venezolana.  también, cuando a última hora, te obligaron a desmontar la agresión que habías preparado contra nuestro país, por los lados del Estado Apure, como la ejecutada en territorio ecuatoriano. Destinada a torpedear la política anunciada por el presidente electo y ratificada en su discurso de toma posesión, de recomponer las relaciones con Venezuela. Deseo, por cierto, correspondido por el presidente venezolano.

 Es cierto que tu manifiesta incomodidad por la despedida, aumentó por las expresiones de Eduardo Benedetti, según las cuales entregas a Santos uno de los países con mayor desigualdad social en el mundo, apenas superado en Latinoamérica por Bolivia y Haití, con 49 por ciento de pobreza y 17 de indigencia, “donde las ideologías de lo igualitario no tienen la fuerza de otros países” y “los umbrales de la tolerancia a la desigualdad son escandalosos”. Donde, “nuestras políticas públicas son abiertamente regresivas”.

 Tuviste razón de calentarte, quiso decir, aunque veladamente, que dejaste un país en carraplana y te mantuviste “escandalosamente” indiferente ante unas políticas contrarias al interés colectivo y justicia social. Hiciste todo lo contrario de Chávez, por lo que oligarquía de allá te ama y la de acá odia al presidente.

  Habrás recordado en ese momento aquello de a “rey muerto, rey puesto”. Y lo peor Varito, que eso piensan los gringos. En ese momento aumentó tu miedo y el número 82 apareció en todas las loterías.

 A pesar que ninguno de los oradores, por lo que creen razones de Estado, tuvo la osadía de reconocer que viven en guerra y que la extendiste y profundizaste, hasta agredir a Ecuador, atendiendo al pulso titiritero, no amainó tu ira.

 Alegría de tísico sentiste, cuando el mismo Benedetti, te elogió por simple cumplido, del mismo modo cuando el ahora presidente, casi te calificó de genial, para que se te convirtiese en rabia desbordada, todo pintado en tu rostro, en el momento que éste valoró la importancia de las buenas relaciones con Ecuador y Venezuela;  por su llamado a la paz y manifestar deseo de dialogar cara a cara con Chávez, para recomponer lo que intentaste destruir por mandato ajeno.

 Poco te gustó, eso es obvio, porque te mueves al son de los titiriteros, que Santos abriese aunque fuese una rendija para adelantar gestiones de paz, menos que los del ELN inmediatamente hablasen de someterse a una propuesta de MERCOSUR. 

 ¿De dónde salieron esas bombas detonadas en una avenida bogotana?

 Para mayor pesadumbre Varito, cuando esperabas, era tu postrera carta, que el “ese negro la pusiese, como es habitual en los de su clase”, todo se te vino al suelo, pues al contrario, aquél dispuso que el canciller Maduro fuese a la toma de posesión de Santos, se reuniese con su par de Colombia, encuentro en el cual acordaron reunión entre ambos mandatarios.

 Lo peor, que al llamado de Santos, el presidente de Venezuela reaccionase con alegría, expresase su amor por Colombia, disposición a

retomar viejos proyectos binacionales, relaciones comerciales, tareas por la paz, definición clara sobre la guerrilla y el reiterado llamado a ésta a reconocer que la vía por ella transitada no tiene salida en Colombia y sólo sirve para justificar la presencia amenazante del ejército gringo.

 Adiós Varito, váyase en paz, sobre todo con Dios; qué Júpiter tronante y malvada corte, extrañamente contigo sean piadosos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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