Orlando Chirino responde a los compañeros de FUTEZ-CCURA (Zulia)

Defendamos el debate libre y democrático en las filas de los trabajadores sobre la reforma constitucional y el PSUV

Compañer@s:
Fuerza Unitaria de Trabajadores “Ezequiel Zamora” (FUTEZ)

He tenido la oportunidad de leer en detalle el documento que ustedes han hecho público a través de la página www.aporrea.org el pasado jueves 6 de septiembre, en el que expresan su “respaldo en lo fundamental, a la propuesta de Reforma Constitucional que ha presentado el Presidente Chávez”, y a “la creación del PSUV como organización unificadora de los militantes revolucionarios”.

Permítanme primero que todo, expresarles mis más sinceros reconocimientos por el esfuerzo realizado en el Estado Zulia, para lograr que un colectivo tan amplio y trascendente como es la FUTEZ, manifieste de manera diáfana sus posiciones frente a dos temas de crucial importancia en la coyuntura política nacional, como son la reforma constitucional y la construcción del PSUV.

Independientemente de la valoración que cada uno pueda tener sobre estos importantes temas, quiero felicitarlos ya que con este tipo de pronunciamientos ustedes contribuyen positivamente a superar el marco “economicista”, “reivindicativista” o “apolítico” que desgraciadamente, en muchas ocasiones, caemos quienes nos consideramos activistas o dirigentes sindicales. Con su declaración, ustedes están dando un valioso ejemplo a todas y todos los trabajadores venezolanos, sobre la necesidad imperiosa que tenemos de pronunciarnos sobre cuestiones que atañen a la vida laboral, a la salud de la revolución y a la perspectiva socialista.

En la declaración ustedes también han expresado sin ambigüedades su “diferencia política con las declaraciones que ha realizado recientemente Orlando Chirino, principal dirigente de CCURA a nivel nacional, quien ha afirmado que no respalda ni la reforma constitucional ni la conformación del PSUV, y llama en cambio a una asamblea constituyente”; afirman que esas posiciones “no fueron planteadas previamente en el seno de la corriente CCURA, no fueron debatidas por ninguno de nosotros, y hasta donde conocemos, aquí en el Zulia ningún dirigente o integrante de la UNT-Zulia comparte las propuestas” por lo que proponen que en lo sucesivo “dicho compañero no declare como miembro de CCURA, pues compromete con sus afirmaciones a un colectivo bastante amplio de trabajadores que no comparte prácticamente nada de sus últimas propuestas públicas”; y finalmente dejan claro que se consideran “al margen de las polémicas que sectores trotskistas y leninistas libran en Venezuela y que se expresan en, debates que se presentan entre la FBT y la CCURA, dentro de CCURA, y con otros sectores y partidos del movimiento de trabajadores”.

Dada la trascendencia de sus opiniones y sobre todo el cuestionamiento que hacen a mis opiniones, aprovecho tan inmensa oportunidad para aclarar algunas imprecisiones que aparecen en su documento así como sintetizar mis ideas y debates con respecto a la Reforma Constitucional y la construcción del PSUV, con los cual quiero aportar mi granito de arena a tan trascendentales debates..

CCURA es ejemplo de democracia obrera

Primero que todo, quiero que sepan la inmensa alegría que me han producido sus críticas, ya que con ello le estamos demostrando a todos los trabajadores y trabajadoras venezolanas, que nuestra corriente C-CURA, es totalmente distinta a las existentes, ya que en sus filas prevalece la democracia y existe la oportunidad «real» para que todos los compañeros y compañeros puedan cuestionar libremente y sin ningún temor las posiciones políticas o sindicales, como también a los que en determinados momentos cumplimos el papel de voceros.

Me siento orgulloso de pertenecer a C-CURA, porque en ella no nos callamos las críticas por “amiguismo”, no nos inventamos “tribunales disciplinarios” para cercenar la democracia y castigar a los opositores, ni tampoco descalificamos a ningún compañero o compañera diciéndole “escuálido o contrarrevolucionario”, por el solo hecho de que no comparta nuestras posiciones.

No les quepa la menor duda compañeros y compañeras de la FUTEZ que personalmente me ocuparé para que sus opiniones sean conocidas y sobre todo debatidas sin ninguna restricción, por todos los activistas que impulsamos C-CURA. Como luchadores por la democracia obrera en la UNT y en el movimiento sindical, daremos ejemplo a todo el movimiento sindical venezolano de que al interior de CCURA practicamos una metodología democrática para del debate, libre y sana todo germen burocrático.

Espero que sea el debate amplio, libre y democrático en las plenarias regionales y nacionales de nuestra corriente, el que determine el mejor camino a seguir, respetando en todo caso, a las posiciones de aquellos compañeros y compañeras que por suerte de la discusión queden en minoría.

Algunas aclaraciones necesarias

a. Sobre la Reforma Constitucional

En su documento ustedes expresan que Orlando Chirino “no respalda ni la reforma constitucional … y llama en cambio a una asamblea constituyente”. Creo que la forma en que ha sido redactado por ustedes el documento se presta para confusiones, ya que podría entenderse que a Orlando Chirino no le interesa el crucial debate nacional que han generado las propuestas presidenciales, o que quiere que se mantenga intacta la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) o que se opone a que se construya el PSUV. La realidad es totalmente distinta. Soy el más interesado en que los trabajadores participemos y debatamos profundamente estas cuestiones, ya que ellas tienen mucho que ver con los trabajadores y con la salud y el futuro del proceso revolucionario que vive la nación.

Para abordar este importante y complejo tema quiero comenzar diciendo que contrario a lo que opinaron muchos activistas sindicales y militantes políticos que se decían de izquierda, sostuve desde el día siguiente de la aprobación de la CRBV, que ella en esencia era una constitución típica de un estado capitalista y de un régimen democrático-burgués y que por tal razón los trabajadores y el pueblo movilizado debíamos mantener la batalla en forma permanente para que avanzáramos hacia un cambio radical de ella y no de simples reformas o retoques políticos.

Reconocía eso sí, que la CRBV consagraba extraordinarias conquistas políticas, democráticas y sociales, y siempre expresé que a pesar de que ella fuera el reflejo de la sociedad burguesa, estaría dispuesto a ofrendar mi vida, si en algún momento fuerzas reaccionarias internas o externas, pacíficamente o en forma violenta quisiesen desconocer las colosales conquistas plasmadas en dicha Constitución, porque ella también reflejaba la lucha tenaz de nuestro pueblo por romper con el pasado. Por tal razón me considero es el más ferviente luchador para que todo el pueblo venezolano y en especial los trabajadores aportemos al rico debate que ha generado el proyecto presentado por el Presidente Chávez.

Ahora bien, lo que si he dicho con meridiana claridad, es que la propuesta presentada por el Ejecutivo, plantea uno que otro retoque formal pero no se inscribe en una perspectiva socialista. Es decir, no se cuestiona para nada la propiedad capitalista. El fruto del trabajo y los excedentes (plusvalía) que producimos los trabajadores y trabajadoras seguirá siendo apropiado por una minoría de empresarios o en el mejor de los casos por un Estado que administra la propiedad de los medios de producción desde el punto de vista capitalista. El ejercicio real del poder no se traslada a la población movilizada para que tome las decisiones de fondo que se requieran para transformar al país. Se abre la posibilidad que de ahora en adelante las multinacionales tengan potestad sobre el suelo, el subsuelo, áreas marítimas y todos nuestros recursos naturales por la vía de las empresas mixtas. La justicia burguesa queda intacta, la administración de la misma queda en manos de los capitalistas y se seguirá favoreciendo a los explotadores y ladrones de cuello blanco. La defensa de la revolución seguirá en manos de un ejército profesional y no de la población armada y adiestrada para defenderse de cualquier ataque de los enemigos del pueblo y la revolución. Y en la referente a la re-elección se pretende vulnerar los derechos de los venezolanos, ya que sólo el Presidente o Presidenta podrá ser re-electo.

Tan cierto es que se dejan intactas las estructuras burguesas, que hasta el Presidente de FEDECÁMARAS ha agradecido que el Vice-Presidente de la República Jorge Rodríguez se haya comprometido a respetar la propiedad privada sobre los medios de producción. Estas afirmaciones nos dan el indicio de que la reforma constitucional tiene como fundamento político la conciliación de los intereses entre explotadores y explotados. Todos sabemos que esto es utópico, ya que no es posible conciliar intereses antagónicos, razón por la cual me permito afirmar que la propuesta de reforma constitucional en curso no modifica la base estructural de la sociedad capitalista, como son la propiedad privada sobre los medios de producción y la apropiación privada de los excedentes que produce la fuerza laboral.

Como puede observarse tengo cuestionamientos de fondo al proyecto, lo que no quiere decir que no considere importantes, algunos asuntos vitales para los trabajadores como la creación del FONDO DE ESTABILIDAD SOCIAL mediante el cual se ampara a todo un conjunto de trabajadores que han sido excluidos históricamente por no ser empleados u obreros fijos de alguna empresa, o la reducción laboral a 6 horas diarias, lo cual es un anhelo histórico de todos los trabajadores del mundo.

De todas formas, también quiero expresarles mis dudas alrededor de estos dos aspectos, ya que con la creación del Fondo de Estabilidad Social, se puede estar legitimando la exclusión de millones de compatriotas que no gozan de empleo digno y que ahora van a tener el beneficio de un subsidio, cuando lo que se trata es que el Estado y la Constitución garanticen pleno empleo en condiciones dignas para todas y todos los venezolanos. Lo mismo digo de las 6 horas, ya que en el contenido del texto propuesto no se aclara que la reducción de la jornada laboral no implica reducción salarial ni aumento de la explotación de la mano de obra, de tal forma que los patronos ahora quieran que los trabajadores produzcamos en 6 horas lo que antes producíamos en nuestras jornadas de trabajo. Y espero que esta reducción de la jornada laboral no signifique concesiones a los empresarios en materia de impuestos y responsabilidad social, como ha sucedido lastimosamente en Francia donde los empresarios han asimilado las 6 horas dados los grandes beneficios que el Estado les ha otorgado.

Perdonen mi temores, pero 40 años ininterrumpidos de lucha en defensa de los derechos de los trabajadores me han enseñado a ser excesivamente desconfiado de leyes y decretos que quedan a la libre interpretación, porque ellos siempre terminan perjudicando a los trabajadores.

Por esas razones, es que he revindicado la necesidad de que todo el pueblo y en especial los trabajadores discutamos todo el contenido de la Carta Magna, a través de mecanismos mucho más democrático y superiores a lo que ha dado en llamarse “Parlamentarismo de Calle”, ya que todos sabemos las limitaciones de esta opción. Precisamente para superar esta limitante es que me inclino a que todo el debate y refrendación de la reforma sea a través de una nueva Asamblea Popular Libre y Soberana con delegados de trabajadores, campesinos, comunidades, estudiantes, integrantes de las fuerzas armadas, que sea superadora de la Asamblea Constituyente burguesa que se fundamenta en «una persona un voto». Con una Asamblea Popular de estas características, que sea plenamente democrática y representativa de los sectores sociales fundamentales del proceso revolucionario, estaríamos en mejores condiciones para discutir entre todos, la sustitución de la actual Constitución por una nueva que deje de reflejar el viejo estado capitalista, por una nueva en la que prime la visión de una sociedad basada en el poder de los que producimos con nuestros esfuerzo y trabajo las riquezas del país.

Esta es una apretada síntesis de mi real opinión sobre el debate de la Reforma. Me comprometo ante el resto de trabajadores y trabajadoras venezolanas, de hacer los mayores esfuerzos para que se publicar un pequeño folleto donde pueda ampliar éstas y otras cuestiones que tanto yo como otros dirigentes sindicales y políticos tenemos acerca de este crucial debate que hoy atraviesa a la nación.

b. Sobre el PSUV

Me complace saber que algunos compañeros del Estado Zulia que firman el documento, por fin luego de muchos años han comprendido la importancia que tiene que los trabajadores y la población se organicen políticamente en un partido. Definitivamente ustedes no podían seguir siendo anacrónicos frente a un tema tan decisivo para el futuro inmediato y mediato de la revolución en Venezuela. La construcción de un partido revolucionario de los trabajadores y el pueblo debe ser un tema transversal que debe cruzar todos los debates políticos en el país, ya que hasta ahora la humanidad no ha logrado diseñar otro tipo de instrumento más eficiente y eficaz que un partido político, para que sectores de clase de la población se organicen para defender sus ideas y se disputen el poder político, que es la esencia del partido.

Brevemente quiero decirles, que durante más de cuatro décadas de mi vida política he sido uno de los abanderados para que los trabajadores nos organicemos políticamente, en forma independiente de los patronos, los terratenientes y de todo tipo de explotadores nacionales e internacionales. Por eso me ha sorprendido que ustedes manifiesten que yo me opongo a la construcción del PSUV. Lo que yo he esbozado públicamente son las razones políticas que me han llevado a tomar la decisión de no vincularme a la construcción de dicha organización, lo cual considero como un legítimo derecho. No está por demás agregar que no soy nadie para oponerme a la constitución de ningún tipo de organización política o partido, ya que ello no depende de mi voluntad ni de la de ningún ser humano.

Lo que si me interesa es que tanto las trabajadoras y trabajadores del estado Zulia, como los de todo el país, compañeros sepan que C-CURA adelantó una importante discusión sobre este tema a principios de año y tomó varias definiciones en las que nos comprometíamos a luchar por la construcción de un partido revolucionario y vimos con buenos ojos que los trabajadores participáramos del debate de la construcción del PSUV. Pero así como mostramos nuestro interés también planteamos unos criterios para hacerlo, tales como reclamar el libre derecho de no disolvernos como corriente y participar como fracción organizada para defender nuestras posiciones. Nos pronunciamos categóricamente a favor de que el partido no estuviese contaminado con la presencia de capitalistas, terratenientes, burócratas, ni corruptos. Reivindicábamos la necesidad de un programa de ruptura total y definitiva con el capitalismo y el imperialismo para avanzar de verdad hacia el socialismo. Y expresamos nuestra visión programática planteando que los derechos e intereses del pueblo trabajador se constituyeran en el fin supremo de la estrategia política de la organización que se quería construir.

Como puede observarse, no nos escabullimos al debate y buscamos los mecanismos ante la Comisión Propulsora para que se escucharan nuestros planteamientos. Lastimosamente hubo oídos sordos para nuestras preocupaciones, y con el transcurrir de los días pudimos observar que se ratificó la decisión de exigir la disolución de las corrientes para ingresar el PSUV y se dio inició a un proceso de construcción atropellado y animado por los intereses de las cúpulas de los viejos partidos del bloque del cambio. Muchos de los que se inscribieron y hoy juegan papel protagónico en el control de la naciente organización son reconocidísimas personalidades provenientes del campo capitalista, de los viejos partidos AD y COPEI. Muchos se destacan como burócratas y corruptos. Otros son la expresión de la naciente “boliburguesía” y no menos numerosos son aquellos que jugaron un papel activo en contra del Presidente Chávez y del proceso revolucionario en abril de 2002 y durante el paro saboteo-patronal de finales de ese mismo año.

Por otra parte, se adelantó una campaña sistemática de acusaciones contra quienes no se vincularan a la organización y lo que es peor, todo este período coincidió con el inicio de una fuerte ofensiva política y organizativa desde el Gobierno y todas sus instancias, especialmente desde el Ministerio del Trabajo, tendientes a desconocer la autonomía de las organizaciones sindicales, a vulnerar el derecho a la negociación colectiva y a la destrucción de la Unión Nacional de Trabajadores, que es un patrimonio de las trabajadoras y trabajadores venezolanos, que todos estamos obligados a defender.

Es evidente que la situación evolucionó aceleradamente, dando como resultado que el proyecto político en el que muchos trabajadores tenían cifradas sus esperanzas se distorsionara a tal punto, que muchos activistas y luchadores, entre ellos yo, hayamos llegado a la conclusión que la conducción y el programa político que hoy subyace en el PSUV, son extraños a los intereses de la clase obrera.

Para nadie es un secreto que se vive una intensa disputa ínter-burocrática por el control del PSUV. La discusión programática ha sido relegada a un segundo plano y hoy los aspirantes a militantes están obligados a defender una reforma constitucional que no han tenido la oportunidad de discutir y que a mi juicio, lo que hace es apuntalar el Estado Capitalista y el régimen político de la democracia burguesa. De estos problemas son conscientes el Presidente Chávez y el Comité Propulsor, razón que los ha llevado cada vez más a actuar en forma vertical a punto tal de que sin haberse constituido como tal el PSUV, sin haberse adoptado un cuerpo estatutario ni un régimen disciplinario, se ha pasado al nombramiento de un “Comité Disciplinario Unipersonal” para que juzgue y condene los “comentarios” políticos de uno de los propulsores de ese partido.

Tampoco puede pasarse por alto, que hace poco menos de 3 semanas, el Presidente Chávez, dijo que se sentía satisfecho si el PSUV quedaba reducido a 2 millones de militantes, sin importarle mucho la suerte de 4 millones de venezolanos y venezolanas, que representan el 66% del total de los que se afiliaron. Esto es mucho más preocupante si nos atenemos a las cifras oficiales suministradas por el Comité Propulsor que confesó que sólo un 16% de los afiliados estaba participando de las asambleas, con lo que realmente nos está diciendo que existen 5 millones de compatriotas que se están quedando por fuera del proceso de construcción del PSUV.

Ante esta situación, yo les invito a que discutamos seriamente y con toda responsabilidad cuáles son las reales causas de esta calamitosa situación en materia de construcción de la organización política que con bombos y platillos se anuncio era la más grande del mundo, pero que hoy navega en aguas tormentosas, fracturada y agitada por tumultuosas marejadas que provocan oportunistas, reformistas, corruptos, arribistas, capitalistas y terratenientes. Por supuesto, esto no me llena de alegría, ni puede producírsela a nadie que esté comprometido en forma genuina con el proceso revolucionario, ya que lo que nos está indicando es que nos encontramos atravesando por un difícil momento político, ocasionado desde mi punto de vista por la política del Gobierno y todo su entorno, que antes que avanzar hacia el socialismo, lo que hace es patinar en los rezagos del pasado cuarto-republicano de la nación.

Pero más allá de estos planteamientos, créanme que en ningún momento me he colocado como obstáculo para la construcción del PSUV, muy por el contrario, les he dicho con toda la sinceridad y honestidad de revolucionario que me caracteriza, a todos mis compañeros de C-CURA que han tomado la decisión de vincularse al PSUV, que hagan a fondo su propia experiencia. Tengo la confianza política que la realidad política nos reencontrará y entre todos podremos darnos a la tarea de construir el partido revolucionario auténtico de los trabajadores y el pueblo, edificado con nuestras propias fuerzas, en forma absolutamente independiente de explotadores, burócratas y corruptos; iluminados con el programa de la clase obrera y desarrollando los métodos democráticos que hemos defendido durante muchos años en las filas del movimiento sindical.

Defendamos entre todos el derecho de los activistas de CCURA a expresar libremente sus opiniones

Ustedes parten de algo cierto: CCURA no ha discutido ni aprobado ninguna posición como tal, frente a la reforma ni ha evaluado la evolución del proceso de construcción del PSUV. Soy plenamente consciente de ello y es por eso que en todas las entrevistas que me han hecho por los medios de comunicación o en intervenciones que hago en asambleas de trabajadores, siempre hago el esfuerzo por aclarar que esas son mis apreciaciones personales. Lastimosamente los medios de comunicación muchas veces no enfatizan este aspecto o en otras, tratan de utilizar políticamente mis opiniones, con la finalidad de mostrar a los lectores que es todo el colectivo de C-CURA el que tiene diferencias con las posiciones del Presidente de la República. Espero sepan comprender esta situación que escapa a mi control.

Lo que me preocupa es que ustedes partiendo de un hecho cierto que puede comprenderse y sobre todo subsanarse, es que intenten vetar a los activistas o dirigentes de CCURA, para que no podamos opinar públicamente, lo cual me parece totalmente incorrecto. Creo que con esta posición se van al otro extremo y proponen algo que atenta contra el más elemental de todos los derechos que tiene un activista de CCURA: expresar libremente sus opiniones.

Creo que están equivocados porque ustedes presumen que CCURA es un partido político que opera con base al centralismo democrático. Quiero aclararles que CCURA es un colectivo en el que confluimos diversas corrientes de opinión, militantes de diversos partidos políticos revolucionarios y muchos compañeros independientes, que coincidimos en seis postulados básicos como son los criterios clasistas, democráticos, unitarios, revolucionarios, autónomos y de lucha de las organizaciones sindicales en el país. Mal hacen entonces ustedes en proponer que un dirigente o un activista de nuestra corriente no pueda expresar sus opiniones.

En caso tal de que se aplicara vuestra propuesta de que yo no exponga mis posiciones porque comprometo al colectivo, porque esas posiciones no han sido aprobadas, entonces ustedes también tendrían que modificar su documento de tal forma que no se comprometa a C-CURA, porque nuestra corriente tampoco ha aprobado en ninguna instancia el respaldo a la Reforma Constitucional, ni la disolución para ingresar al PSUV.

Por lo errado y antidemocrático de su propuesta, les invito a que revisen su posición, para que todos juntos defendamos que sin ninguna restricción todos los militantes de C-CURA puedan expresar sus opiniones, aclarando por supuesto que ellas son a título individual o de sectores de C-CURA. No debe existir ningún temor al respecto, porque ese comportamiento democrático es el que ha hecho fuerte e indestructible a C-CURA.

Es un error abstenerse de los debates políticos y teóricos sobre el devenir de la revolución en Venezuela

Así como al principio les reivindique enormemente el hecho de que ustedes como colectivo sindical hubiesen alcanzado la madurez para opinar sobre temas políticos, quiero hacerles mi crítica por la decisión que ha n tomado de guardar distancia con respecto a los debates políticos públicos. A mi juicio borran con el codo, lo que escribieron con buena letra con la mano, al llamar a los trabajadores a no vincularse con las discusiones políticas y teóricas que hoy existen entre los trabajadores y las organizaciones políticas de vanguardia, sobre la actualidad y el futuro de la revolución en Venezuela.

Coincido que no es necesario recurrir permanentemente a determinados teóricos socialistas como referencias principales para los debates políticos. Ustedes me conocen bastante bien y saben que no es mi estilo citar a Marx, Lenin, Trotsky u otra figura de gran trayectoria revolucionaria para revalidar mis posiciones. Por el contrario, soy de los que menos recurro a ese método, justamente para evitar que me confundan con los stalinistas, los maoístas, los castristas, los guevaristas, quienes hicieron del “culto a la personalidad” la mejor forma de hacer política y “amparar” sus posiciones. Por ese lado pueden estar tranquilos.

Pero lo que si ustedes no pueden obviar, es el hecho de que día a día nos jugamos la suerte de la revolución y que por tal razón es un imperativo político y moral para todos aquellos que estamos comprometidos, a decir en forma clara y responsable nuestros análisis y propuestas. Para mi no es una “abstracción teórica” la defensa de la autonomía sindical, ni la lucha por el derecho a la contratación colectiva. Tal vez para ustedes sea una “abstracción teórica” que subsista la propiedad privada capitalista como la base angular de la Constitución de la República Bolivariana, pero para mi y con seguridad para muchos compañeros, no lo es así.

Ustedes recomiendan que hagamos énfasis en aquellas cosas que nos unan y no que nos dividan. Pero déjenme decirles que yo no tengo ni un solo punto en común con los arribistas, con los burócratas, con los corruptos o con los que ustedes califican como “oportunistas que abandonan las posiciones revolucionarias”. Creo que es menester combatirlos a diario porque ellos representan un gran peligro para la revolución. Ese es el ABC de la lucha de clases. Tenemos que ser implacables contra todos esos gérmenes, combatirlos en todo momento y lugar, si no queremos que nuestro proceso revolucionario se convierta en tragedia como en su momento lo fue Chile o Nicaragua.

Por el bien de los activistas de la FUTEZ y de todos los militantes de C-CURA, que “Dios nos agarre confesados” frente a este punto. Es preciso explicarles pacientemente, sin imposiciones, a todos nuestros camaradas, nuestras posiciones con respecto a los enemigos externos e internos de los procesos revolucionarios. Para nada ello puede significar aislarnos. Todo lo contrario, es la mejor forma para acercarse a los luchadores revolucionaros más honestos, conscientes y consecuentes para que empujemos hacia la dirección correcta.

Insisto, combatir a los traidores no significa aislarse de la población, eso significa ser coherente con nuestra forma de pensar y ser consecuentes con el programa de la revolución socialista que defendemos. Si los revolucionarios hubiésemos actuado así, hoy nadie estaría lamentándose de las tendencias “boliburguesas”, de los corruptos, ni de los burócratas que atentan a diario contra la revolución. Estas no son abstracciones teóricas, estos son problemas del día a día de la revolución que ningún revolucionario genuino puede obviar.

Hagamos un debate democrático en nuestras filas

Por último y para no hacer más extensa esta respuesta, les convoco a que participen de las reuniones de coordinación y de las plenarias nacionales que vamos a desarrollar. Promovamos la discusión amplia, sin restricciones, sin medidas administrativas ni intentando cercenar el debate con decisiones arbitrarias.

En calidad de militante de C-CURA, les solicitaría a ustedes que me brindaran la oportunidad de poder participar en las reuniones de vuestro colectivo y en las asambleas de base de las organizaciones sindicales en las que ustedes tienen influencia, de tal forma que pueda defender en condiciones democráticas mis opiniones.
Si logramos que la discusión fluya en igualdad de condiciones para todas y todos, tengo la certeza de que la C-CURA se consolidará como la corriente más democrática, más luchadoras, más combativa, más clasista, más unitaria, más revolucionaria, más defensora de la autonomía y con más independencia de clase que exista en el país.

Me despido de todos ustedes, agradeciéndoles sus opiniones, ya que ello me ha motivado a evaluar con más rigurosidad la situación política del país y a reflexionar sobre mis propias opiniones, para poder aportar algunas ideas a un debate tan apasionado como los que ha abierto el proyecto de reforma constitucional y la construcción del PSUV.

Cordialmente,

Orlando Chirino


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