Mario Silva, como un viejo sauce llora y pide: "Por favor! Para los viejitos un golpe proteico"

Había decidido no nombrarlo, porque ellos mismos parecieran haberse puesto de acuerdo para borrarse del recuerdo de la gente. Pero cambié de parecer para evitar malas interpretaciones. Y esto escribo porque era lo último que faltaba.

Y es que él anoche, no sé si en un arranque de ternura, compasión, pesadumbre o culpa, dijo "voy a pedir por los viejitos, los pensionados, esos que trabajaron toda la vida y lo dieron todo, desde el fondo de mi corazón, porque me sale del alma, un golpe proteico".

Algo como, "bien sé, ellos no tienen derecho alguno, el Estado y quienes acumulan la riqueza mientras éste les sirve de "guachimán", no están obligados, pero no dejemos a los pobres perecer, seamos caritativos".

En ese momento, quien suele definirse como un militante revolucionario, alumno de Marx, Engels, Lenin, Guevara, Castro, Chávez y hasta estuvo apoyando a Pascualina Curcio en sus denuncias contra el monetarismo y la erosión del salario, me pareció un cura cualquiera, lleno de buena fe y hasta amor, hablando desde el púlpito de su iglesia del barrio o como un viejo sauce llorón. No reclamó por los derechos de nadie, sino pidió, por el favor de Dios, una limosna. Y lo que es más, la solicitud no estuvo dirigida a nadie, porque de esto, en su parecer, nadie es responsable, sino todo está sujeto a la pura providencia, a los designos insondables del cielo.

Se trata de un discurso absolutamente ajeno a un luchador revolucionario, pero sí propio de un pastor protestante o un cura de pueblo. Discurso extraño en quienes en veces parecieran apoyarse, más que todo por las figuras, fotografías abundantes en el escenario, de personajes ligados a la lucha no por la limosna, ni el perdón de los pecados sino contra la injusticia que el sistema impone, lo que tiene mucho de racional y de cuantos para eso han servido.

Los martes y los sábados, mi compañera que todavía alberga la esperanza que esa gente coja mínimo, sintoniza el programa. Sueña escuchar allí voces que reclamen los derechos de las gentes, por el salario de quienes como ella trabajaron toda la vida y ahora ven estropeada su vejez, en nombre de una revolución, como contraria a sus sueños y derechos. Desde hace meses, la escena es la misma. Sintoniza VTV martes y sábado a las 9 de la noche para escuchar el programa que, como cosa curiosa, antes salía de las sombras, porque hay quienes creen que la revolución y lo revolucionario están asociados a lo sombrío y oscuro, pero ahora, de un tiempo para acá, desde cuando el Covid se hizo presente, se alumbra hasta demás. Cuando mi compañera eso hace, como buscando un aliento, una esperaanza, yo le beso, le doy las buenas noches y me dispongo a dormir. Inevitablemente oigo los primeros discursos que de allí emanan y tengo todavía tiempo, para percatarme cuando ella, con las primeras palabras, ya se siente decepcionada y apaga el aparato.

Por eso anoche escuché lo que dijo el conductor sobre los viejitos. Y conste, que los viejitos a los que hizo alusión y pidió, sin dirigirse a nadie y menos reclamar, "un golpe proteico", son al mismo tiempo los pensionados. Se refirió a un universo que en su mayoría, por no decir todo, trabajó toda su vida y a cambio recibe una pensión de 400 mil bolivares mensuales, un equivalente a menos de un dólar y medio, lo que en cualquier país, el peor pagado de los trabajadores, gana en menos de 6 minutos. Y siendo así, el revolucionario que, seguro espera lo elijan diputado, apenas ruega, sin dirigirse, ni incomodar a nadie, ni contraer compromiso alguno, pide que a los viejitos, se les dé un "golpe proteico", como una especie de limosna. Ni una referencia a esa pírrica limosna como titrada a la cara y que el viejito termina recogiendo en el suelo. Lo que va más alla de ellos, porque es lo mismo con el salario de los trabajadores todos.

Cuando escuché aquello, en mi soledad, pues por respeto a los sueños frustrados de mi compañera, en esos casos no suelo hacerle comentario alguno, me acordé de dos personajes, por cierto envueltos en eso de las sombras y el misterio.

De Alberto Nolia, aquel personaje cuyo programa se llamaba "Los papeles de Mandinga", en cuyo nombre ya uno advierte la oscurana y Antonio Ledezma. El primero solía llamar al segundo "el vámpiro", así con acento, un personaje también de lo oscuro y con fobia por el sol y la luz toda. Solo que en Nolia, con el nombre aquel de su programa, había la intención contraria, sacar a la luz lo que en lo oscuro estaba. Y para Nolia, Ledezma era un ser de la oscurana, aparte que en verdad su cara tiene mucho del Conde Drácula, el señor de la noche y las tinieblas.

Ledezma se me vino a la memoria por su alcanzada fama de reprimr habitualmente de manera feroz, hasta acompañada de aquellas ballenas que lanzaban fuertes chorros de agua a los "viejitos" que entonces protestaban con razón porque no les pagaban sus pensiones. Y era época que el ingreso petrolero, por la complacencia de servir a los intereses gringos, había descendido a niveles de tres ó cinco dólares el barril del crudo.

Ledezma, más por aquello que por otra cosa, pues los hechos han demostrado que poco había en él, se hizo famoso. Y Nolia lo puso casi como ejemplo de la crueldad y razones le sobraron.

Pero hay un hecho curioso en todo aquello, con la pensión del IVSS de entonces, que si bien es verdad alcanzaba a un relativo pequeño universo, se podía comprar cuatro o cinco pollos y, como dicen los cumaneses, ¡cuidado qué más!, mientras la de ahora ni siquiera para las patas de esa cantidad de aves, auque los pensionados sean muchos. Al fin, es como la misma cosa y hasta peor.

El abstracto ruego del "revolucionario", porque según él, lo es más que ninguno, ni siquiera cree pertinente drigirlo a nadie, parece pedir que "nazca", de manera espontánea, digo así porque no sugiere otra cosa, una misión o unas patrullas juveniles, como pensando en los carricitos de las chambas, que se esparramen por las calles a llevarle a cuanto viejito se les atraviese, si es que el Covid a estos deja salir de casa, su bolsita con su carga de proteína y eso le "sale del alma".

En el program anterior, había estado iracundo, casi violento, contra quienes quieren les surtan de gasolina, "cuando esa gasolina, la tenemos para quienes salen a combatir el Covid", dijo entonces.

Mi vecino, cuyo padre está muy enfermo y con frecuencia debe salir corriendo en busca de auxilio médico o mi hija, quien asiste a sus dos viejos y no vive en nuestra casa y no debe arriesgarse a venir en auntobuses a auxiliarnos, no tienen derecho a gasolina.

Los viejitos, en su mayoría pensionados del IVSS, porque trabajaron toda su vida y pagaron sus cotizaciones de ley, no tienen por qué estar mendingando ni sujetos a que predicadores, viajeros sin pase ni documentos en un tren que llaman falsamente revolucionario, encomendánose a Dios o quién sabe a quién, pidan sin dirigirse a nadie, ni siquiera a las fuerzas del pueblo, como si no hubiese a quién hacerlo, se haga el milagro y les dé un golpe proteico.

Porque, cosa curiosa y nunca vista, para estos revolucionarios, la miseria del salario pareciera no ser culpa de nadie y como tal no hay a quien reclamarle por eso. Entonces, esos revolucionarios, esperan milagros y por eso hacen ruegos e imploran por limosnas.

No es pedirle a quien le caiga la chupa, que no pasa de una fingida pose, esa cosa ridícula del golpe proteico, la obligación de quien se cree revolucionario y más de la vanguardia dirigente. Los pensionados fueron trabajadores y como tal tienen derecho a que sus pensiones sean dignas y que el patrón se las pague. A éste, que tiene nombre propío, por ahora se llama Nicolás Maduro, es a quien hay que reclamar, no una gracia divina, porque "me sale del alma", me enternece la pobreza de los pobres viejitos, sino porque es un derecho que les asiste.

Como hay que reclamar al Estado reconozca que los trabajadores al servicio suyo y de las clases empleadoras no son esclavos y respeten su salario, la validez de sus contratos y el derecho a tener una vejez digna, como para que no haya nadie que de ellos se conduela y viéndoles perecer de todos los males, monte un fingido drama para pedir, porque "le sale del alma", se les dé un golpe proteico".

Hay alguien concreto a quien pedir o mejor reclamar esos derechos. Mal puede alguien que se ufana de revolucionario y se ampara tras nombres tenidos como tales, hacer peticiones al cielo en materia de derechos laborales y de justicia social.

Y si no lo creen así, entonces "abran paso caballeros".

¿Qué tiene de revolucionario, ni siquiera pregresista y democrático, un personaje que razone de esa aparente infantil manera?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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