En las narices de las instituciones del Estado y los sindicatos

Las empresas automotrices: un aberrante desgaste de la calidad de vida de los trabajadores

En días recientes los trabajadores de lo que antiguamente se conocía como Chrysler de Venezuela, hoy en día Fiat-Chrysler Automobile (FCA), nos dimos por enterados directamente de la dirección ejecutiva de esta famosa transnacional, que pronto, a raíz de la crisis interna que soporta, producto de una crisis aun mayor de dimensiones nunca vistas, deberían sufrir una metamorfosis dentro de su esquema y objeto económico. Obviamente y sin querer maquillar a través de eufemismos la realidad, esta empresa decidió al igual que otras ensambladoras importantes del país (Ford y Toyota), suspender por varios años, la actividad comercial que los caracterizaba en el mercado automotor venezolano, el ensamblaje de vehículos con mano de obra nacional. El anuncio al detalle explicaba que la empresa dejará de ensamblar vehículos este año y probablemente los próximos, igualmente su escasez en su flujo de caja por la caída de su producción prácticamente a cero desde hace mucho tiempo y su mala situación crediticia, ante la negativa de la banca privada con el asunto del encaje legal actual, es decir, ninguna posibilidad de crédito y financiamiento, los obligaba cambiar su modelo de negocio y sufrir una restructuración a nivel interno.

Es así como en el futuro próximo, esta empresa se dedicará a la importación de vehículos totalmente ensamblados en otras latitudes del mundo, manufacturados por mano de obra extranjera. La producción en este sentido desapareció, aduciendo como argumento por estas empresas, que se trata de sobrevivir a la peor crisis económica de la era republicana, y que, en tal sentido, si la producción nacional no es viable en términos de negocio, debe ser sustituida indefinidamente por la importación, con el objeto de que ellas mantengan permanencia en el mercado nacional.

Toda esta situación requiere, de un proceso de restructuración y readaptación, y es en este proceso donde los trabajadores siempre llevamos la peor parte, y digo trabajadores en sentido general, porque esta realidad no solo es del sector automotriz, hay más sectores que no son ajenos al problema. La restructuración de estas empresas representa padres de familia sin empleo y perdida de los pocos beneficios que pueden percibir los escasos trabajadores a través de convenciones colectivas. Restructuración, es sinónimo de reducción de personal, pérdida de beneficios legales y contractuales.

Ha sido tan aberrante el desgaste y deterioro de la calidad de vida de los trabajadores que, ante las narices de las instituciones del Estado y los sindicatos, surgen fenómenos dignos de estudio y análisis, verbigracia, trabajadores desesperados solicitando arreglos de renuncia laboral voluntaria (caja feliz), cuando en épocas pasadas, fueron los patronos quienes hacían este tipo de planteamientos, y era el trabajador quien tenía la última palabra. Hoy en día la historia es al revés, porque el trabajador percibe que de nada sirve tener inamovilidad laboral, bono de alimentación, LOPCYMAT y LOTTT cuando el salario no logra cubrir las necesidades más elementales de su familia, y es ahí, cuando surgen estos fenómenos que reflejan la cruda realidad de los trabajadores venezolanos. La renuncia deja de ser voluntaria para convertirse en coaccionada por la realidad de una crisis que no parecer tener fin.

Los trabajadores venezolanos del sector automotriz, a pesar del profundo deterioro de nuestro bienestar y el reconocimiento de la grave crisis económica que atraviesa el país, rechazamos la política de importación como respuesta o solución a la problemática de uno de los actores de este sector, el empresario y por otra parte, el trabajador queda totalmente desamparado, percibiendo salarios de hambre y miseria y sin esperanzas de mejorar sus condiciones de vida para él y sus familias. Rechazamos, esta política porque no va a generar bienestar ni a los trabajadores ni al consumidor.

El trabajador quedara desempleado, porque en estas plantas industriales no será necesario tanto personal para limpiar un carro importado totalmente nuevo, y en otro sentido, quién puede comprar un vehículo en Venezuela, con el poder adquisitivo pulverizado, es una política perniciosa desde la óptica que se mire. Todos sabemos que son pocos los venezolanos que pueden acceder a la compra de un vehículo nuevo, es un mercado sumamente reducido, y para empezar a generar las condiciones de un reimpulso en este sector tan golpeado, es necesaria la implementación de verdaderas políticas que incentiven la producción nacional y a su vez esta elevación de la producción se traduzca en bienestar para los trabajadores nacionales, amén de que se deben producir los cambios y rectificaciones necesarias en los planos político y económico.

Los trabajadores automotrices nos rehusamos a dejar de existir como sector manufacturero que genera progreso y bienestar a la nación, porque en otras épocas lo hicimos y en esta también lo haremos.

Henry Ospina Castro

Secretario de reclamos del sindicato de trabajadores de FCA.

Abogado laboralista

@ospinahen



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Henry Ospina Castro

Secretario de Reclamos del Sindicato de la Fiat-Chrysler Automóvil. Abogado laboralista.

 @ospinahen

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