El comercio detrás de los trabajos de grado universitariio

Dedico:

Un mensaje a García para algunas autoridades que buscan perjudicar la trayectoria académica de nuestros docentes universitarios.

En mis últimos escritos he sido duro con la estructura de autoridad de nuestras Universidades porque están haciendo las cosas mal, no están siendo consecuentes con la academia, valiéndose de una autoridad colegiada para asfixiar y limitar el nivel de movilidad que cada docente universitario por derecho tiene en la gestión del conocimiento. Le han dado mayor importancia a la superestructura la cual exige lealtades y compromisos políticos, que terminan por desvirtuar el sentido universal de los saberes en las Universidades.

En el caso de las Universidades privadas y Universidades autónoma, es público y comunicacional la limitada franja de tolerancia hacia quienes son partidarios del proceso revolucionario; como en las Universidades públicas y experimentales, esa misma franja se establece hacia quienes son contrarios al proceso revolucionario y gravitan entre la centro derecha y la derecha extrema. Ambas situaciones son condenables, puede subsistir un país dividido, pero una Universidades dividida por franjas ideológicas es, operativamente, imposible de soportar, la limitada línea entre la implosión y la tragedia está latente en los pasillos y aulas de clases.

Un aspecto que se ha vuelto reiterativo en el ambiente Universitario es el que hasta el 2017, según cifras del Observatorio Social Venezolano (OSV), constituía el 79% de las conductas de los estudiantes universitarios en carreras de las ciencias humanas, en lo referente a quienes acudían a la Asesoría metodológica externa para terminar de cumplir sus proyectos de grado o trabajos de grado respectivo. Ese porcentaje incluye, expresa el OSV, personas que solicitan la orientación de especialistas en el área metodológica, así como aquellos que siendo un tanto más prácticos, y obviamente con capacidad económica, podían mandar hacer sus respectivos trabajos. Lo cierto del caso es que en las Universidades venezolanas el fenómeno del comercio o negociación por asesorías, acompañamiento y construcción de Trabajos de Grado, ha constituido una constante en la realidad académica. Aspecto que colinda con la ética y moral del estudiante pero que, sin embargo, tiene más que ver con el perfil académico de los docentes universitarios que han colocado en las materias referentes a la construcción de estos proyectos de culminación de carreras universitarias.

Entorno a este último argumento, se da que se menosprecia y se subestima las materias que tienen que ver con la construcción de discursos científicos académicos; de este modo, se le asigna la responsabilidad a recién graduados, a docentes de áreas de contenido técnico o a facilitadores de otras áreas de saberes que terminan orientando de muy mala manera a los estudiantes, creando entorno a ellos la necesidad de nivelar los saberes para alcanzar llegar a termino con su Trabajo de Grado.

Esta debilidad de las Universidades ha creado un terreno fértil para el denominado comercio del Trabajo de Grado, porque este comercio viene a dar respuesta a las necesidades de un colectivo académico que aparece indefenso ante un cúmulo de saberes que requiere habilidades y destrezas. Ahora bien, inventarse el imaginario que los estudiantes hacen ese acto de comercio y negocio a título público para perjudicar la Universidad, es un asunto ingenuo, hasta diría, expresión de una falta inmensa de saberes entorno al mundo universitario. No es condenable la búsqueda del estudiante de apoyo y orientación profesional, eso es legal, totalmente ético y moral, porque muestra la humildad de quien solicita la ayuda, y la generosidad de quien la ofrece. Que eso implique, en algunos momentos o situaciones, el reconocimiento del esfuerzo intelectual a través de una moneda de intercambio, es perfectamente válido, porque los saberes tienen un valor.

En este aspecto, la garantía de la autenticidad de los Trabajos de Grado la da, finalmente, la postura del estudiante, de las personas que entienden la necesidad de fortalecer sus herramientas de diálogo investigativo no solamente para alcanzar altas calificaciones, sino para contar con una fortaleza que la propia Universidad le ha negado.

Por otro lado, está la figura de estudiantes y personal universitario que en un despertad de valores y consciencia, aspiran erradicar esa situación de comercio o negocio que hay detrás de las Tesis de Grado, buscando chivos expiatorios en el propio núcleo universitario. Esas acciones, que es posible que se puedan presentar pero que no es el común denominador de este asunto, han buscado mal poner en el ejercicio de su profesión de docente universitario, la ética de personas cuyo único pecado es tener vocación académica y brindarle oportunidades reales a sus estudiantes coadyuvándolos en el desarrollo de sus investigaciones. El hecho de ser condescendientes, de ser personas con sensibilidad y sentido de gente, no hacen al docente universitario un cómplice en estos actos que son exclusivamente de carácter privado, permaneciendo incólume cualquier relación de los mismos con la figura de los docentes universitarios que tienen la responsabilidad de una cátedra o de ser directores de trabajos de investigación.

En simples palabras, no se niega que existe el comercio o negocio con los Trabajos de Grado, lo que si se exige es que las Universidades no busquen atacar esta situación a través de su planta profesoral, porque en un cien porcientos son personalidades con una historia, con un valor ético y moral que les da autoridad para ser referentes de sapiencia y responsabilidad con sus deberes universitarios y con la academia. Se está vulgarizando las acusaciones infundadas hacia docentes universitarios que por ser personas que se involucran con el trabajo de sus estudiantes, pudieran tener arte o parte en eso que se conoce como comercio o negocio de los Trabajo de Grado, cuidado con buscar chivos expiatorios en la honorabilidad y humanidad de quienes están parar servir y no para que les sirvan. Me ha preocupado ver la ligereza con que se emiten acusaciones a nuestros docentes, siempre buscando molestar porque al final, en cualquier Tribunal de la República, una acusación en ese tenor se puede desarticular y dejar sin efecto, pero se mantiene la abrupta acusación ética y moral que incomoda, así se tenga la razón y así se muestren pruebas que reivindiquen el carácter humano y profesional de los potenciales acusados.

Es tiempo de enaltecer la Justicia Bolivariana y es necesario hacer frente contra un sub-grupo de autoridades que piensan que bajo la figura del acoso laboral, el silencio administrativo y la vulneración de los derechos fundamentales de los seres humanos, pueden mantener sus espacios de poder sin que nada les toque o nada les afecte; la Justicia Bolivariana es también la Justicia Divina y ante cualquier acto impuro sobresaldrá la verdad; recuerden que la "mentira necesita cómplices", pero la verdad triunfa por sí sola y es eterna.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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