El biplusvalor

Los subsidios familiares del asalariado

Dentro de la más pura ortodoxia marxiana, salario equivale a cobertura mercantil de las necesidades mínimas y básicas, medianamente dignas, que supuestamente recibe el asalariado o trabajador burgués, en plantillas laborales que se mueven desde el portero de una infeliz empresa hasta el presidente de una encopetada transnacional de millonario giro.

En términos más matemáticos, el salario es la diferencia entre el valor agregado durante la jornada laboral y la ganancia embolsada por patronos, comerciantes y parasitarios burócratas gobernantes; a esta segunda porción se le conoce como plusvalía.

Daré en llamar biplusvalía la porción del salario que el patrono escatima de mil maneras, pero particularmente y durante los tiempos modernos porstmarxianos, mediante la paga de salarios mínimos que distan mucho del monto necesario para cubrir las necesidades básicas del trabajador en los términos ortodoxos arriba citados.

Este el caso: En Venezuela, por ejemplo, los patronos llevan décadas discriminando la contrata de personal. Prefieren trabajadores jóvenes todavía carentes de familia propia. Se trata de trabajadores cuya inexperiencia técnica no es óbice para su empleo porque sencillamente la moderna tecnología les permite aprender en días todo tipo de mecanismos automatizados, manufacturados a prueba de gafos.

Esos jóvenes trabajadores son incapaces de sentir en pelleja propia la insuficiencia salarial, habida cuenta que todavía se cobijan en el techo paterno, consumen muchos bienes que sus padres costean, y todo lo cual hace que esos miserables salarios les parezcan suficientes para sus restantes necesidades prehogareñas.

Doy en llamar subsidio familiar a esa porción de costo que el patrono escatima a sabiendas de que sus trabajadores de hecho tienen cubiertas varias necesidades que usualmente los trabajadores de mayor edad deben cubrir con sus salarios, y esto se les traduce en permanentes focos de huelgas y reclamos por mejoras salariales que ese inescrupuloso patrono termina resolviendo con la compra de sindicalistas maulas, lo que obviamente no ocurre con el trabajajador familiarmente subsidiado.

En todo caso y complementariamente, estos mismos patronos, que ya cuentan con los subsidios familiares de los padres de sus trabajadores, presionan a los gobernantes títeres para que les subsidie las mercancías y los miserables salarios mínimos que reconoce no les impidan colocarlas a los precios más onerosos posibles.


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Manuel C. Martínez M.


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