El Mito de la Escasez y el obrero como máquina biológica

Desde David Ricardo1, la Economía Clásica y la Vulgar-su heredera-se manejando la escasez como fuente de valor; así se echa a un lado que se trata simplemente de baja oferta y mucha demanda2. Es lo que  ocurre con las obras de arte, el oro o el diamante, estos bienes necesitan ser producidos o descubiertos para que dejen de ser materia bruta.

El mismo Ricardo niega que la utilidad del bien represente valor de cambio alguno porque, si así fuera, el aire y el agua marina valdrían mucho. Tampoco no es que no valgan, es sencillamente que, al contrario de los bienes escasos,   como bienes libres son superofertados frente a su demanda que siempre será mucho menor.

Los clásicos, quienes arrancaron con Ricardo, negaron el valor trabajo  cuando hablaron de valor, habida cuenta de que por este entendieron y sostuvieron que ese valor de cambio se reducía a la capacidad de un bien para adquirir otro, o sea, a sus relaciones cuantitativas de los precios de mercado de unos bienes con otros, pero se abstuvieron de señalar cuál era y es la fuente que determina esa capacidad para que un bien sea equivalente con otros, qué los homogeneiza.

La Economía Vulgar desconoce el carácter intrínseco del valor de cambio, y este pareciera salir del mercado y no de la fábrica.

Si a eso se suma que hasta la forma de organizar las fuerzas productivas en las economías gobernadas por relaciones de clase capitalistas responde a manuales importados al lado de las máquinas y demás importaciones de insumos provenientes de los países que despegaron primero en materia de desarrollo industrial, observamos que a los trabajadores de estas sociedades de desarrollo incipiente no se les da  libertad creativa con  su mano de obra. Como sabemos, los MANUALES de organización y de operatividad en los talleres fabriles, en   la distribución y hasta en la forma de llevar las cuentas del patrimonio o capital, orientan rígidamente la acción laboral de todos y cada uno de los trabajadores, desde el obrero raso  hasta el obrero que funja de gerente. De allí concluimos en que en ninguna de las empresas de los países importadores de medios de producción sus trabajadores   no pueden  ni siquiera sugerir la más insignificante innovación por cuanto se trata de trabajadores que se halla automatizados cuales robots vivientes que deben seguir rutas de trabajo sin salirse un ápice de los instructivos laborales. Una forma bien montada para anular la libertad del trabajador y asimilarlos a máquinas biológicas.



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Manuel C. Martínez


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