Cipriano Castro visto por Rufino Blanco Fombona

(ENSARTAOS.COM) Sabemos que Rufino Blanco Fombona rompió con el gobierno de Cipriano Castro a raíz del asesinato de Antonio Paredes, en 1907. Hay que recordar que Rufino provenía de una familia altamente aristocrática, quien rechazaba con desprecio el “perraje”, la “chusma”, el “populacho” o el “indiaje”. Pesaba mucho sobre cultura y su talento la distinción de la clase social burguesa de la cual nunca se pudo desprender. Pero indudablemente fue uno de los hombres más importantes del siglo XX, no sólo en nuestro continente sino en el mundo. Fue propuesto varias veces al Premio Nobel de Literatura, pero los perros intelectuales a sueldo del gomecismo, como César Zumeta, los Andrés Mata (a quien él llamaba Andrés Rata, dueño del diario “El Universal”), los Vallenilla Lanz, etc., realizaron una campaña internacional para que no se lo otorgaran. A eso llegan los hijos de puta radicales de la derecha en nuestro país.

Todo el gran respeto y conocimiento que se logró en el mundo, de la inmensa obra del Libertador, se le debe a Rufino Blanco Fombona. El consiguió que España respetara al más grande hombre de América, y también logró algo que yo considero que fue un error, llegar a que en España se aceptara a Simón Bolívar como uno de los genios superiores del país de Cervantes. En un ensayo trataré de demostrar por qué esto constituyó una de las más grandes barrabasadas de Blanco Fombona.

En su diario “Dos Años y Medios de Inquietud”[1], el día 13 de mayo de 1828, Rufino escribe: “¿Castro? Un hombrecito de cara cetrina y ojos vivaces, no más alto que un niño de catorce años, nervioso, petulante, gestero, dicharachero, disparatero… Sobre valiente, tenía cabeza estratégica. ¿Prueba? 1902… Castro, con todo, es superior a sus congéneres. Valiente, tiene arranques generosos: la mujer bonita que le habla en un baile le hace poner en libertad a los presos. Posee un altísimo sentimiento patrio. Esta virtud va desapareciendo en Venezuela. Hay que aplaudirla cuando la encontramos sincera en un político. Su sabiduría es una noche zebrada de relámpagos: la vida de Bolívar, la historia de la Revolución francesa, novelones de Dumas, libritos pornográficos, Don Quijote, discursos de Castelar, versos de poetillas provinciales, artículos y artículos de priódicos… Con todo, hombre inteligentísimo.”

“Su voluntad es formidable. Presidente, somete a las empresas extranjeras más ricas, audaces y apoyadas por sus respectivos gobiernos, ya europeos, ya yanquilandeses: cable francés, ferrocarril alemán, reclamistas italianos, especuladores británicos, reclamadores yanquis. A todos somete. Pelea también con las Potencias: el cónsul de Francia se suicida; el Ministro de este mismo país, Taigny, que sube a bordo de un barco contra la autoridad del policía que lo custodia, no lo deja bajar y lo obliga a seguir viaje para Europa, sin equipaje y sin dinero.”

“Al ministro de los Estados Unidos, un tal Loomis, lo echa de Caracas como a un criado infiel. No cede casi nunca ni a las alarmas de su mujer, ni a las insinuaciones de timoratos amigos, ni a las amenazas de los gobiernos extranjeros. Cuando Inglaterra, Alemania e Italia, apandilladas trajeron la guerra a Venezuela porque no se le pagaba lo que injustamente pedían, Castro se las tuvo tiesas, devolvió injuria por injuria, golpe por golpe, y se mostró más valiente, más digno, más grande que aquella cuadrilla de potencias bandoleras. Lo malo fue que dio oídos a Bowen, Ministro de los Estados Unidos: Bowen llamó a todas las potencias, so pretexto de arreglo a mistoso y puso a los Estados Unidos a la cabeza de los reclamadores injustos. Los Estados Unidos reclamaron  en aquella ocasión a Venezuela 81.410.952 bolívares. Un súper arbitro holandés les reconoció sólo 2.183.253. En general los europeos y los yanquis nos reclamaron entonces 490.000.000 de bolívares. Sometidos al superarbitraje de personajes no venezolanos, se les reconoció liberalmente que Venezuela sólo debía 37.000.000 de bolívares”.

“Alemania nos reclamó 7.376.8885. El árbitro extranjero les reconoció sólo 2.091.908. En cuanto a Inglaterra que blasona de justa y de liberal sólo quería arrebatarnos 14.743.572. El árbitro les reconoció menos de diez millones. Su justicia y su liberalidad corrían parejas con las de Alemania”.

“Ninguno iguala en democracia y buen vecinaje a los Estados Unidos. Quería arrebatarnos de más, ochenta millones. Como todo allí es the greates in the world, se proponían no desmerecer su fama.”

“Porque Castro y Venezuela se negaron a reconocer aquellas acreencias, los insultó mancomunadamente la prensa de Europa y de los Estados Unidos. Ahora toca a un venezolano preguntar: ¿Quiénes eran los bandidos? ¿Quiénes eran los ladrones?”

“Castro se había equivocado. Había creído en la amistad de los Estados Unidos y en la doctrina de Monroe tan alegada entonces. Se había confiado en aquel buen vecino. Alemanes, ingleses, Yanquis: todos eran –y son- lobos de la misma camada…”

“La historia no olvidará la actitud de Castro ni tampoco su excesiva confianza. Era la candidez del hombre impreparado que ignora, entre otras cosas, la historia de la humanidad.”

“La conducta y la desgracia de Castro nos enseñan que hay que crear el sentimiento nacionalista; pero inculcarlo a nuestro hijos inteligentemente desde la niñez, desde el hogar y desde la escuela. Es necesario también la política internacional: aprender a tener razón y poseer la fuerza que la respalde… Posteriormente el petrolero Gómez sedujo se cree en más práctica forma, a los jefes de Misiones extranjeras. Todos los apoyaron y aplaudieron.”

“…el ministro de los Estados Unidos apoya a Gómez en Washington y asegura por la prensa que su sistema de gobierno es el único posible en Venezuela; el Nuncio le consigue del Papa el bello título de Conde; el Ministro de Francia le hace conceder la Legión de Honor en grado en que podrían concedérsele al Zar cuando el Zar era el jefe de un grande imperio, amigo y aliado; Inglaterra persigue a los revolucionarios venezolanos de Trinidad; y Holanda a los Curazao…”



[1] Publicado en Caracas en 1942, de Impresores Unidos, y con prólogo de Pedro Emilio Coll.


jsantroz@gmail.com



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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