Lo de Haití fue: terremoto u otomerret odatidemerp

Existen temas en que lo más loable, lo más justo, lo más sensato, lo más serio y lo más objetivo, sería que opinen, por lo menos de primero, los científicos que estudian hechos naturales como, por ejemplo, un terremoto o sismo. Es indispensable, en este tiempo de tantas perversiones y atrocidades sociales y naturales cometidas o provocadas por el capitalismo, que nos expliquen si las prácticas de bombas atómicas, pruebas nucleares, depredaciones irracionales, contaminaciones planificadas y otras actividades bélicas influyen o no –e incluso determinan- para que la naturaleza se encrespe, se altere, se desequilibre y se produzcan fenómenos que como el de Haití, causan terribles y trágicas consecuencias en pérdidas humanas, destrucción de infraestructuras y generan, además de la miseria y el sufrimiento humanos, un tétrico daño psicológico en casi una población entera.

Quizá, más de un lector que tenga a bien pasear sus ojos por este artículo pudiera sentirse confundido por no entender, en lo inmediato, las dos últimas palabras del título que, ciertamente, no aparecen en ningún diccionario de ninguna lengua o idioma. ¿Qué significan o quieren decir?, simplemente esto: terremoto premeditado. Creo, tengo entendido aunque no lo escuché, que científicos rusos, no sé si por verdad o por interés de oposición al imperialismo estadounidense, opinaron dando argumentos que sostienen la validez de las dos últimas palabras del artículo, pero al revés; es decir: terremoto premeditado.

Sucede que en este mundo actual, dominado por el salvajismo y la crueldad de la globalización capitalista en su nivel imperialista, no son pocos los eminentes científicos que sirven, por una elevada remuneración económica, a los postulados del capitalismo y, para ello, prestan sus extraordinarios conocimientos a crear fórmulas que aceleren, desequilibren la naturaleza y se produzcan fenómenos que generan consecuencias de destrucción masiva en vidas humanas y en infraestructuras. Desde hace algún tiempo se está hablando y se está escribiendo sobre ello. No pocas veces, científicos al servicio del imperialismo, se han inventado virus para ser lanzados en una determinada región, de manera que toda la producción de determinados rubros sea atacada por el virus, destruida y fomente el hambre y la sed en la población. Para no ir muy lejos en búsqueda de datos o ejemplos, basta con saber que a Cuba le han querido derrumbar su revolución tratando de introducir virus y dañarle toda su producción de cítricos, lo cual puede encontrarse bien descrito en un libro que se intitula “Joe”. Claro, no es lo mismo un virus para crear una enfermedad (gripe AH1N1, por ejemplo) y contagiar del mismo a miles de miles de personas con la finalidad de vender la vacuna (hecha de antemano) para combatirla que una fórmula estimulante de un terremoto de nivel del que se produjo en Haití con un saldo, en solo sesenta segundos de tiempo, de más de doscientos mil muertos, un número no determinado de lesionados, una infraestructura destruida de varias ciudades en casi su totalidad, más de cuatrocientos mil niños y niñas en estado de huérfanos, un daño psicólogico inmedible por los momentos, una elevación extrema de la miseria y el dolor sociales en un pueblo explotado y oprimido por los expropiadores de la riqueza social. Pero ambas cosas deben ser condenadas por el mundo casi entero y exigir sean culpables y condenados sus autorías o responsables.

El mundo anda patas arriba. El capitalismo nos dice que el socialismo es un rotundo fracaso y señala para su sentencia la experiencia de la extinta Unión Soviética; nos alega que el comunismo es la expresión más dantesca que se pueda imaginar la mente humana y que el marxismo es un pensamiento terrible que alienta en el adulto comerse vivo a los niños. Vulgaridad de la palabra y de la mente burguesa, sin duda alguna. Mientras tanto, especialmente el capitalismo altamente desarrollado, hace permanentemente pruebas atómicas para medir la importancia destructiva de las armas bélicas y ya tienen pensado dónde lanzarlas. Toda guerra lleva un fundamento esencial de economía en su entraña. El marxismo no lo niega y más bien lo dice públicamente: la guerra o la insurrección del proletariado es por el establecimiento de la propiedad social sobre los medios de producción, la desaparición de las clases y la extinción del Estado con todos sus aditamentos. Con el pase del socialismo al comunismo y al desaparecer todo vestigio del derecho burgués, es bueno saberlo para los que se desviven por el dinero, éste deja de existir para siempre, porque cada quien trabajará de acuerdo a sus capacidades y obtendrá, como recompensa, lo suficiente para la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales.

Sin embargo, mientras no se alcance el triunfo de una sociedad que supere definitivamente al capitalismo, el mundo vivirá sometido a los estragos de políticas realmente salvajes, a los peores genocidios y crímenes que nunca fueron soñados por los imperios de la esclavitud que caracterizó el planeta antes del feudalismo. La Inquisición es inocente ante tantas atrocidades que el capitalismo avanzado acomete contra el mundo para expropiarlo de la riqueza natural y hasta de la humana. Un caso de la inteligencia y el conocimiento que fue víctima de la perversión imperialista es suficiente para ilustrar esa verdad: Einstein, quien haciendo aportes científicos de gran altura para el mundo, sirvió –sin quererlo porque era partidario del socialismo- para que se utilizara su invento en los horribles y terribles genocidios cometidos por el imperialismo estadounidense en Hiroshima y Nagasaki. Pero los culpables de ese genocidio no sólo fueron el terrorismo estadounidense sino, también, un régimen de un emperador japonés que se regocijaba de la explotación y la opresión a su pueblo mediante la resignación al sufrimiento en la Tierra para ganarse el derecho a ser feliz en el Cielo.

En un mundo de ese género no debe resultarle extraño a nadie que las potencias imperialistas inviertan cuantiosos capitales en una tecnología y en un desarrollo científico que permita o estimule la producción de fenómenos naturales como el de Haití. Se tendría que indagar, por científicos que amen realmente la vida con verdadera justicia social y respeten el planeta, si los estimulantes que activaron el terremoto que destruyó a Haití no estaban destinados a Cuba. Esto no es una locura ni una hipótesis desquiciada suponérselo. Lo que sucede es que uno no es científico para saberlo o investigarlo. Si la caída de las famosas torres gemelas, según estudiosos de la materia, no fue producto del choque de los aviones, entonces ¿quiénes son y dónde están los verdaderos responsables de esa terrible catástrofe sin que ello implique perdonar a los terroristas que condujeron los aviones hacia ese objetivo?

¿Acaso no existen mecanismos de desequilibrio del mar, de hacerlo activar ciclones u otros fenómenos que destruyen y causan centenares de centenares o miles de miles de muertes y destrucciones de infraestructura y de la propia naturaleza? ¿Acaso no esa una forma de exterminio social planificado para evitar reacciones contra el uso de armas atómicas y las pocas naciones imperialistas hacerse dueñas totalmente del resto del mundo?

Que opinen y escriban los científicos que sueñan con que un día la ciencia y el trabajador se abracen y aplasten en su abrazo todos los obstáculos sociales por el alto nivel de cultura y arte que se establece en un régimen de verdadera libertad, solidaridad, paz, armonía y justicia social.



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Freddy Yépez


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