Título del libro de los tres estadounidenses en manos de las FARC y que fueron rescatados en Colombia

“Lejos del Infierno”

Los estadounidenses, por lo general y hasta ahora, piensan y actúan, leen y escriben, con el pragmatismo atravesado en todos los tuétanos de su organismo social. Y eso hace que miren al resto del mundo o de los seres humanos desde sus hombros hacia abajo, con mucho desprecio, con mucha indiferencia a las necesidades vitales de las otras personas, como si sólo los estadounidenses de primera clase y sus más allegados acólitos de segunda clase fuesen las lumbreras del universo y todo el resto la más oscura sombra de las peores de todas las ignorancias, pero imprescindibles de ser explotadas y oprimidas para producir la riqueza en el mundo y que disfruta, con holgura y exquisitez, la minoría social. Eso es una visión del nazismo sin necesidad de reconocimiento público.

Lo creí y lo expresé con anterioridad pero sin crítica alguna, que hubiese sido un triunfo político haber puesto en libertad a Ingrid Betancourt y otros retenidos políticos antes que verlos libres producto de un extraño rescate que impactó a la opinión pública. Pero eso es ya un hecho pasado que seguro debemos estar las FARC han sabido estudiarlo, analizarlo y sacarle mucho provecho como experiencia para su accionar político de cualquier género. No olvidemos que es una organización que ya va a cumplir el medio siglo de existencia y continúa siendo un factor de poder en la sociedad colombiana. Por algo por los comandantes miembros del Secretariado de las FARC ofrecen una cuantiosa suma en dólares que si son destinados a la inversión social, se pudieran construir un buen hospital y varias escuelas para esos miles de miles de niños y niñas que en Colombia no tienen acceso a la educación gratuita.

Señalo lo anterior, porque entre los rescatados estuvieron los tres estadounidenses Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes, quienes, bajo el supuesto combate a las drogas y el narcotráfico, hacían función de espionaje en territorio colombiano a favor de Estados Unidos. Desde el momento de su liberación, era de suponer, escribirían un libro sobre su retención, porque cada ser pensante estadounidense al servicio del imperialismo, que sabe lo que hace y para quién lo hace, cree que un escrito suyo es automáticamente un best-seller de la literatura en cualquier color que se imprima siempre y cuando testimonie haber vivido algún sufrimiento humano olvidando lo que ellos hacen sufrir a pueblos enteros. Una vez enterado que el libro había salido a la opinión pública y a la venta, me entró un gran afán por leerlo. A los pocos meses me fue enviado por unos camaradas colombianos y de inmediato di rienda suelta a la lectura con el ansia de encontrar elementos apasionantes de aventuras que pueda resultar una gran enseñanza para el lector.

El libro se intitula “Lejos del Infierno”. El mismo título es una sátira despectiva, es una especie de burla de cortometraje, porque para el estadounidense que piense como cualquier agente de la seguridad de su nación, en su condición de primera potencia en el mundo, todo lo que se vive fuera de su propio territorio es un infierno ya que el único paraíso que reconoce, por encima del reino de los Cielos, es Estados Unidos, lo cual no es ratificado por esas masas que viven en miseria y sufrimiento en la geografía de la más poderosa y rica potencia del planeta hasta la fecha actual. Pensé que los estadounidenses liberados iban a escribir una obra narrativa o novela historiada agradable a la lectura, en un estilo ameno y ajustado a las verdades rigurosas de su cautiverio y ¿por qué no?, de su sufrimiento. No, no fue así. Es un libro, con el perdón de los tres autores, excesivamente chabacano; escrito no en base al hilo cotidiano de las verdades amargas de su retención, sino a la exigencia apresurada de los especuladores de oficio; escrito para provecho de una propaganda anticomunista y no como una incorporación testimonial educativa a las fuentes del conocimiento; narrado con el ego personal más arriba de la cabeza para que debajo y aplastado por los pies quede, reducido a barro o ceniza, todo un historial revolucionario de más de cuarenta años de las FARC; descrito en la ficción o el mito como tortuosidad, deformante de la objetividad pero vestido políticamente con el elegante traje de etiqueta de la mentira. Incluso, sin necesidad de lupa, se deja notar que el libro fue escrito por una sola mano; es decir, por una sola persona que si no fue uno de los tres estadounidenses rescatados, fue un intermediario, un recopilador que negó el derecho de los entrevistados a leer el original para corregirlo, quitar palabras o colocar nuevas para ordenar la narración de manera coherente. Es el mismo estilo en cada una de las narraciones, el mismo lenguaje, los mismos errores y vacíos, las mismas incoherencias, el mismo nivel de odio desinformante, la misma ínfula de grandeza individual del estadounidense, el mismo heroísmo del que se cree superior a todos los demás, los únicos valientes que retaban a la muerte entre todos los rehenes y los guerrilleros se petrificaban de temor ante el desafío de sus retenidos

Provoca, desde el mismo comienzo de la lectura, una especie de ansia desagradable por la muy baja calidad de la textura narrativa y conste que nada tengo de crítico literario ni tampoco ninguna cualidad de escritor. Fue tanta la premura para la publicación del libro que ni siquiera, los autores, hicieron valer su derecho a la corrección, a esa segunda y tercera lecturas que elimina los horrores en el borrador antes de llevarlo a la impresión. Y, por lo que se deja notar, no hubo la más mínima intención de corrección del texto originario en la imprenta. Había que sacarlo a la luz pública, como un panfleto propagandístico anticomunista; como testimonios del salvajismo de las FARC no sólo contra los prisioneros de guerra sino, igualmente, de los mandos contra la masa de combatientes de la misma organización. Lo indispensable, sin negar los errores o desaciertos a los cuales no escapa ninguna organización revolucionaria en cualquier lugar y en cualquier tiempo de la lucha de clases, era la necesidad de publicarlo sin detenerse en la calidad sino en la cantidad de mentiras que se le iba a vender al lector.

Es un libro pleno de errores, de conceptos incoherentes, de frases saltadas, de juicios chimbos, de razonamientos vacíos; es tan semejante como ir a una cama para hacer el sexo sin que exista ni un solo fragmento de amor, simplemente pagando por el acto para vaciar semen del cuerpo como un deseo natural reprimido. No se puede culpar al computador de los errores ortográficos en una traducción de inglés a español, porque el mismo diccionario de ese extraordinario invento anuncia muchos sin considerarse perfecto. Y lo digo con conocimiento de causa, porque hace años entregué el original del libro “El ELN y la paz en Colombia” (escrito en Microsoft Word) para ser diagramado en Pagemaker y, luego, llevarlo a la impresión. No tuve el cuidado de revisar el texto una vez producido el cambio y así lo imprimieron. La sorpresa fue mayúscula, al notar que contenía alrededor de trescientos errores ortográficos y de incoherencias que no aparecían en el original. La decisión, dolorosa pero no hubo otra salida, fue ordenar cremar la edición aunque ya algunos libros estaban en manos de algunos lectores. A nadie, por muy poco afanoso que sea para la lectura, le agrada tener en sus manos y ante sus ojos un libro que la mayoría de sus hojas contienen errores por doquier. De esa cosa sencilla ni los autores ni los editores se cuidaron, lo que demuestra un interés superior de publicación que nada tiene que ver con la importancia de la calidad en una obra literaria.

El lenguaje del libro (“Lejos del Infierno”) es grosero, sin metodología de respeto por el idioma español. No es un texto o testimonio que discierne lo básico de la realidad colombiana y de la participación imperialista en los asuntos internos de Colombia, y por ello no tratan, los protagonistas de la autoría, en su contenido las cosas en su conjunto y menos basan en éstas sus juicios. En fin, un libro que detrás de cada uno en la cuantiosa suma de errores que contiene va alzando una bandera de presunción que nada o en muy poco tiene que ver con la realidad verdadera. De esa manera, ligando –por ejemplo- la participación de Chávez en la mediación para lograr la libertad de los rehenes, se le trata de bastardo de camisa roja izquierdista, y ansiaban que Uribe se cagara en la boina de Chávez. Si ese libro es un best seller en Estados Unidos y Europa, entonces, que nos salven las ánimas del Purgatorio de nuestra terrible “ignorancia” de apreciar mucho más la calidad que la cantidad.

Ahora, luego del libro, vendrá el film (película) o séptimo arte como más influyente en la conciencia de la audiencia, donde “demostrarán” la supervivencia de tres super héroes, casi mártires pero próceres de la liberación de los rehenes. Los grandes y poderosos medios privados de la comunicación se encargarán de convertir las mentiras en verdades; se llenarán de dólares y euros el arca de la empresa cinematográfica y dejarán la menor parte en los bolsillos de Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes. Estos, recibirán muchos aplausos en sus presentaciones públicas y no faltarán las instituciones que les ofrecerán agradables remuneraciones por dictar conferencias en auditorios selectos para mentes “superiores”, donde la inteligencia se derrocha en los efectos y jamás en las causas de las grandes y pequeñas problemáticas sociales que produce el capitalismo en afectación de la mayoría de la población del planeta para que una minoría viva y se satisfaga con excesiva riqueza económica. Por suerte o por necesidad histórica ya los pueblos de América Latina no son los “tontos útiles” que en el pasado le prendían velas y rezaban a los poderes sobrenaturales para que el capitalismo viniese a estrangularnos, despojarnos de la riqueza, maltratándonos con su racismo, creyendo que ese era el principio global de la divina providencia para traernos felicidad a los pueblos colonizados, explotados y oprimidos por el gran capital y sus agentes. Nuestros pueblos, ahora, pueden –en su mayoría- seguir creyendo que el doctor José Gregorio Hernández les cura una que otra enfermedad del cuerpo, pero jamás les consigue trabajo ni les lleva comida al estómago. Para esto están los hombres y mujeres vivientes y no precisamente estadounidenses, ingleses, franceses, alemanes, rusos, chinos, japoneses, sino oriundos de sus propias regiones con ideales de redención aunque tengan, por ahora y por necesidad imperiosa de las realidades internacional y nacionales, que pactar o llegar a acuerdos económicos donde el capital monopolista sigue teniendo una supremacía en la producción y distribución de la riqueza. La historia no es un solo salto y menos de la noche a la mañana. Es la secuencia de hechos, factores, pueblos y personajes, partidos políticos y grupos organizados y hasta espontaneidad en la marcha de los acontecimientos que hacen su historia donde, en última instancia, son determinantes los factores económicos.

Ahora, deseo leer el libro de Clara Rojas (ya publicado) y el de Ingrid Betancourt si ya está en circulación en los mercados para hacer analogías es importante cuando se sabe captar las diferencias que se convierten en las grandes mentiras de cualquier tiempo histórico. Nada es más importante para la literatura histórica que enfocar “… las cosas y sus imágenes conceptuales, substancialmente, en sus conexiones mutuas, en su entronque y concatenación, en su proceso de génesis y caducidad”, tal como lo recomendó Engels.



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Freddy Yépez


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