La droga como arma imperial

No podría afirmar a ciencia cierta si el Gobierno de Estados Unidos es deliberadamente ineficiente en cuanto a la prevención y represión del consumo de drogas entre sus ciudadanos. Sólo sé que aun antes de la Ley Patriota la población de ese país estaba sometida al acoso policial más severo del planeta, con mayor número de presos, cárceles y gendarmes que cualquier otra nación. Sin embargo, esa inmensa maquinaria no les impide ser los mayores consumidores de todo tipo de drogas, así como productores de buena parte de ellas. Quizás la laxitud constituya una manera deliberada de mantener a los habitantes negros y pobres de vecindarios como Harlem y Watss tranquilos, para que no vuelvan a protestar contra el "modo de vida norteamericano".

En el tocante a Venezuela el asunto es más transparente. En lo personal no me cabe la menor duda que algunos sectores oficiales en los Estados Unidos y Colombia promueven el tráfico de drogas desde los centros de producción en dichos países hacia diversas naciones entre las que figura la nuestra. Esa arremetida, además de rendirles una enorme ganancia, persigue varios propósitos.

Por una parte, nos convierte en puente o ruta de embarque hacia los Estados Unidos y Europa; pero no toda la droga que entra vuelve a salir, pues un porcentaje cada día mayor es consumido locamente, convirtiéndonos en un mercado apetecible, en especial para algunos sectores que resultan beneficiados.

Mientras más drogadictos haya en Venezuela, menos revolucionarios y patriotas serán, pues el vicio destruye los instintos de supervivencia. La droga, por otra parte, corrompe todo el aparato gubernamental, comenzando por los encargados de perseguirla: militares y policías, justamente los que el plan Colombia necesita neutralizar.

Como bono adicional, el tráfico de drogas provoca otros delitos, como la lucha entre bandas, atracos y secuestros, amén de otras barbaridades. Todo ello repercute directamente sobre la población inerme, creando una inseguridad colectiva.

Mientras tanto, los gringos nos "descertifican", cuando en realidad se trata de un golpe de Estado proveniente de los narcoparamilitares vecinos y del imperio que los controla.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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