Familia Santos: ignominia y maldición sobre Colombia

Los Santos de Colombia siempre se han creído infalibles e imbatibles, dueños de la Colombia que dejó Santander hundida en inacabables guerras civiles. Ellos dicen que descienden de la heroína santandereana de la Independencia Antonia Santos, cuyo sobrino nieto, Francisco Santos Galvis, se convertiría en el soporte de la familia. En la década de los 40, el Presidente Eduardo Santos, traía sobre sí toda la tradición de leguleyos como Florentino González, Vicente Azuero y Francisco Soto, que en el siglo XIX le habían propuesto a su país, la entrega a Norteamérica de Panamá. El radical Florentino, suspiraba porque la Nueva Granada fuese incluida como otra provincia más de EE UU. Fueron años de desgarros que dieron a luz al eterno estado de sitio de esta Nueva Granada que hoy preside Álvaro Uribe.

En esa década de los 40, el ex Presidente Eduardo Santos aparecía como director y propietario del diario “El Tiempo”. Se adelantó a las aspiraciones del Departamento de Estado y dirigió una publicación totalmente pro-gringa, llamada “Revista de América”, en cuyas portadas casi siempre aparecía la foto de algún Presidente norteamericano. Los colaboradores de ella, luego pasarían a trabajar para “Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura” financiada por la Fundación Farfield (una de las más poderosas tapaderas de la CIA en el mundo), y que dirigía ex troskista Julián Gorkin. Era presidente de esta revista, el gran anti-bolivariano (íntimo de Rómulo Betancourt) Germán Arciniegas. Este señor Arciniegas, pasará luego a dirigir “Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura”.

El escritor Gilles Scott Smith dice que estos “Cuadernos” recibían fondos junto con la revista “Preuves”, para 1955, de unos 27 mil dólares. Para el año 1956 recibieron 137 mil dólares. El perfil político que se les exigía a los colaboradores era, ser “socialistas”, “liberales”, “independientes”, o en último caso “democristianos”. Aparecían en “Revista de América”, artículos elogiando al caudillo Francisco Franco y proponiendo para América Latina una política siempre apegada a los mandatos de Washington. “Revista de América” recibía ayuda de AVIANCA, del Banco de Colombia, de las loterías y de multitud de compañías estadounidenses.

De esas rancias familias pro-godas, llenas de toda la escoria que allí dejaron regadas los más abominables criminales, que también llegaron a ser presidente Colombia como José María Obando y José Hilario López, llega ahora al poder el pobre delincuente de Álvaro Uribe.

Uribe no es Uribe, es la mezcla delirante de vallenato con rock, de salsa con hip hop, de tango con cánticos de mormones. Como a un muñequito de guiñol, y en medio de estos menjurjes de conciertos lo agarraron por los calzones y le dijeron baila y no pierdas el ritmo. Le colocaron de pareja a los primos Juan Manuel Santos (Ministro de la Defensa) y Francisco Santos (Vicepresidente). Todos los días llaman a Uribe de Washington y le recriminan su versatilidad y vacilación frente al ogro de Venezuela. Cuando él se reúne con Juan Manuel hay muy poco de qué hablar. Todo está sobrentendido y plagado de redundancias rancias y ultra-decididas. Uribe anda metido en el mayor candelero del planeta: “si activo la guerra –dice-, esto será para rato y terminaré como un pelele. Si no la disparo estos gringos de la gran perra, me pueden hasta cocinar un expediente.” Juan Manuel Santos, quien se sabe muy bien blindado, y es el vigilado que vigila, le mira, le ausculta las gónadas y le dice sin dejar de sonreír: “- Vamos, echémosle la paradita al cabrón del Chávez y al memo de Correa. Echémosela capitán; Usted no y que era verraco; a fin de cuentas nosotros nunca perderemos y Santos en Santos. Este es un peo definitivamente supra-regional y hasta planetario, en el que la madre de todos los yanquis está metida. Nosotros y los israelitas para todo el que nos quiera dar pelea.”

Uribe achica sus ojitos de rata acosada. Mira y traspasa con sus rayos inquisidores, tratando de ver más allá de toda la intención lacrada que hay tras las cien mil mentiras computadas en las precintadas, dizque salvadas, de la desmadrada acción contra Reyes. Chávez lo sabe todo: el pobre Uribe está atrapado en su silla presidencial llena de sangre, de muecas y de muerte y esperpentos espantosos; de negocios con el narcotráfico, con paramilitares y secuestros abominables. El sargento de los todos los Santos, Juan Manuel, le escupe en la cara, lo humilla, lo pone a dar saltitos. ¿Hasta cuándo esta retreta? ¿Hasta cuándo estas máscaras y estos cuentos de nunca acabar? Hasta cuándo esta suerte de emputecida entente, déle compadre; ándele que se me acaba la paciencia, o seré yo quien comience a tomar las decisiones. No es mee en los calzones, no se me achicopale, porque aquí el día menos pensando nos vamos todos por el desaguadero que nos tiene preparado Chávez. Ándele, coño, que Santos es Santos”.

jrodri@ula.ve


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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