En un momento crucial para nuestra nación, donde las heridas del pasado siguen siendo las mismas del presente, pero con un futuro invitándonos a construir puentes, resuenan con particular fuerza las palabras del diputado Jorge Arreaza, durante una reciente entrevista en el programa “A Pulso”: “Debemos encontrar un mecanismo para tolerarnos” y resolver nuestras diferencias de manera democrática, en el marco de la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática.
Esta invitación a la comprensión mutua no es sólo un llamado retórico, sino una guía práctica para superar las divisiones que han marcado nuestra historia reciente. Es hora de escuchar con atención y actuar con generosidad, priorizando el bien común por encima de las diferencias ideológicas.
Recientemente, el nombramiento de Oliver Blanco como viceministro para Europa y América del Norte por parte de la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha generado un debate intenso que ilustra perfectamente esta necesidad de tolerancia. Blanco, un joven profesional con trayectoria en relaciones internacionales y un pasado militante en la oposición (Específicamente en Acción Democrática), representa un gesto hacia la inclusión de voces diversas en el gobierno. Fue designado destacando su compromiso con el país y su perfil técnico, en un gesto que busca fortalecer la diplomacia venezolana en un contexto de reconciliación nacional. Sin embargo, esta decisión no ha estado exenta de controversias.
Desde ambos bandos políticos, voces radicales han expresado su rechazo, reflejando las profundas grietas que aún persisten en nuestra sociedad. Por un lado, algunos sectores del oficialismo han cuestionado la incorporación de un figura con raíces opositoras, preguntándose si esto compromete los principios revolucionarios o si es un gesto innecesario en un momento de vulnerabilidad. Comentarios en redes sociales como X destacan esta inquietud, con usuarios expresando sorpresa y pidiendo explicaciones sobre por qué se elige a alguien con un historial opositor para un cargo clave. Por otro lado, en el espectro opositor, hay quienes ven en Blanco a un “traidor” por aceptar el puesto, borrando incluso publicaciones antiguas que lo vinculaban a su militancia pasada, lo que ha generado acusaciones de oportunismo o de alinearse con el gobierno.
Estas reacciones, aunque comprensibles en un contexto de desconfianza acumulada, solo perpetúan el ciclo de confrontación que ha debilitado a Venezuela durante años. Es precisamente aquí donde las palabras de Arreaza cobran mayor relevancia. Su llamado a “tolerarnos” no implica olvidar las diferencias, sino encontrar mecanismos para convivir y colaborar pese a ellas. La Ley de Amnistía busca abrir espacios de diálogo y reencuentro, reconociendo que la paz y la unidad son esenciales para avanzar. En lugar de atacar nombramientos como el de Blanco, deberíamos verlo como una oportunidad: un gesto simbólico hacia la inclusión que podría fomentar la confianza mutua y atraer inversiones, mejorar relaciones internacionales y, en última instancia, elevar el bienestar de todos los venezolanos.
Superar la división no es una utopía, sino una necesidad imperiosa. Venezuela enfrenta desafíos económicos, sociales y geopolíticos que requieren de un esfuerzo colectivo. Enfocarnos en el bienestar del país significa priorizar la educación, la salud, el empleo y la estabilidad, dejando atrás las trincheras ideológicas.
Invito a todos, desde esta mi humilde trinchera, a escuchar con apertura las palabras de Arreaza y a reflexionar sobre cómo cada uno puede contribuir a esta reconciliación. Sólo unidos, tolerándonos y trabajando juntos, podremos construir una nación próspera y en paz para las generaciones venideras.
El momento es ahora; el futuro depende de nuestra capacidad para dialogar y avanzar. La oposición se apartó radicalmente del proyecto bolivariano, entorpeciendo el avance del país. El chavismo se apartó radicalmente de la oposición por no comulgar con sus ideas. Todo eso nos trajo aquí a un país que después de haber sido bloqueado, fue atacado militarmente por una potencia nuclear para administrar nuestros recursos naturales como propios.
Esta situación nos da la oportunidad única de reconocernos como hermanos y unirnos contra el único enemigo que tenemos: el imperio criminal y sus apetencias, sólo unidos prevaleceros, aquí la destruición que EEUU planifica no es contra el chavismo ni contra la oposición, es contra el país, que pretenden secuestrar y administrar como si fuera propio.
Así que macolla política del país (ambos bandos) Pueblo chavista y pueblo opositor (y pueblo apolítico) No podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer, así que busquemos los mecanismos para tolerarnos y unámonos en un bien común llamado Venezuela, la patria nos necesita.