Rastros del Tiempo (CLXXVII)

La Doctrina Bolivariana y la Doctrina Monroe: Un contraste ideológico en la historia de América Latina y su eco en la crisis actual de Venezuela

El Libertador Simón Bolívar, forjó una visión idealista de unidad continental, que contrasta radicalmente con la pragmática y expansiva política exterior de Estados Unidos. Bolívar en su doctrina enfatizaba la soberanía absoluta de las naciones americanas, la integración latinoamericana y el rechazo a toda injerencia extranjera, inspirada en la experiencia colonial española; en contraste, la Doctrina Monroe de 1823, proclamada por el presidente James Monroe, afirmaba inicialmente la neutralidad americana respecto al colonialismo europeo, pero evolucionó hacia una justificación de la hegemonía estadounidense en el hemisferio, permitiendo intervenciones bajo el lema "América para los americanos". Esta dicotomía no solo define el legado independentista de Bolívar, sino que resuena en tensiones contemporáneas, especialmente en Venezuela, donde hoy el intervencionismo como una continuación de la doctrina monroista, ahora con la aplicación del “Colorario Trump”, ha osado violar la soberanía nacional de la Patria libertada por la Espada de Bolívar. 

La doctrina de Simón Bolívar, articulada en documentos como la Carta de Jamaica (1815) y Discurso en Angostura (1819), desde donde surge el sustento ideal de la lucha por la independencia de Venezuela, del yugo español, priorizando la autonomía de las nuevas repúblicas hispanoamericanas, en un contexto histórico, en el que Bolívar veía a la América Latina, como un mosaico interconectado, donde la unidad era esencial, para evitar caer en el vacío de poder, que facilitaría la reconquista europea o la expansión yanqui. 

Las ideas libertarias bolivarianas desde su primer momento, contrastan con la Doctrina Monroe, haciendo especial énfasis en la educación republicana, la abolición gradual de la esclavitud y la formación de confederaciones que reflejan su optimismo ilustrado, advirtiendo de manera profética, las brutales consecuencias, para el futuro de nuestra América, cuando desde Guayaquil observaba con recelo la influencia de Estados Unidos, en los asuntos latinoamericanos, bajo la excusa de “promover” la libertad, escribe una carta al diplomático británico Patrick Campbell, el 5 de agosto de 1829 en la que le dice: "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad". Esta reflexión premonitora de Bolívar, refleja su razonada desconfianza, ante el expansionismo estadounidense; tras la Doctrina Monroe, que con fuerza intervencionista sacude con violencia el suelo venezolano, cuando atacan de manera salvaje, a la Gran Caracas, las tropas norteamericanas, el 3 de enero de 2026.

Para Bolívar, la soberanía no era solo territorial; implicaba autodeterminación política, económica y cultural, protegiendo a las naciones de potencias extranjeras, que pretendían explotar recursos naturales, como el petróleo venezolano hoy en día, codiciado por el imperio estadounidense. Esta visión influyó directamente en la Constitución de Bolivia y en movimientos posteriores de integración regional, como la CELAC, promoviendo el sentimiento bolivariano, que valora la diversidad multiétnica y pluricultural, como fortaleza revolucionaria para vigorizar la defensa y protección de los pueblos. En esencia, Bolívar prefiguraba un modelo antiimperialista, advirtiendo contra el "despotismo", tanto interno como externo. Su llamado a la solidaridad iberoamericana contrastaba con el unilateralismo, sentando bases para la identidad nacional venezolana moderna, que invoca su figura en contextos de crisis para reforzar la narrativa revolucionaria de resistencia.

Proclamada en el mensaje anual del Presidente Monroe al Congreso en 1823, la Doctrina Monroe, surgió en un momento de declive del Imperio Español y temores británicos de reconquista. Originalmente, defendía la no re-colonización europea en América, pero su verdadero espíritu emergió en el siglo XX, con el Corolario Roosevelt (1904), que justificaba intervenciones armadas para "estabilizar" economías latinoamericanas, como en Cuba, Panamá y Nicaragua. Esta doctrina, catalogada como "guerra santa" contra el comunismo en la Guerra Fría, ha sido instrumental en operaciones como la invasión de Granada (1983) o el embargo a Cuba, y en 2026 en Venezuela, posicionando a Estados Unidos, como guardián del hemisferio.

Desde la perspectiva bolivariana, la Doctrina Monroe representa el elemento antagónico, que cuya aplicación no es defensa a los pueblos, sino dominación disfrazada de libertad. Bolívar, como testigo de la independencia americana, avizoró en ella, la amenaza a la unidad sudamericana, ya que prioriza la dominación y el saqueo de las riquezas nacionales, para fortalecer los intereses económicos estadounidenses (como el control petrolero y demás recursos naturales), sobre la autodeterminación y soberanía nacional. 

En Venezuela, esta tensión se evidencia en historias pasadas, desde hace más de cien años, como el bloqueo naval sobre las costa venezolanas y la ocupación por parte de las potencias europeas en 1902-1903, lo cual se repite en el historial presente, durante los últimos cuatro meses del año 2025, con la presencia de las flotas navales de Estados Unidos en aguas caribeñas, frente a las costa venezolanas, concluyendo con el ataque bélico el 3 de enero de 2026, en Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa la Diputada Cilia Flores; tal agresión, representa la extensión monroísta, que minó la integridad territorial venezolana, después de 10 años de bloqueo económico y sanciones impuestas al pueblo, por parte de los gobiernos de Estados Unidos, causando estragos políticos y sociales a la Nación, trayendo como consecuencias el deterioro social-familiar, generando pobreza extrema en los sectores populares, mediante una crisis inducida desde el imperio del norte.

Históricamente, la Doctrina Monroe ha contrastado con la visión bolivariana en América Latina y el Caribe, generando fuertes choques, como en la Revolución Mexicana (1910-1920), cuando Estados Unidos usó la Doctrina Monroe para intervenir en México, mientras en Venezuela, dictadores como Juan Vicente Gómez (1908-1935) navegaron entre aliados y antagonistas, usando la retórica bolivariana para negar injerencias; aplicó presiones durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958), culminando en la crisis de 1958, que derrocó al régimen, con Washington respaldando transiciones democráticas, pero siempre condicionadas a intereses estratégicos, como sucedió durante los últimos cuarenta años de la Cuarta República, donde los mandatos imperiales estadounidenses se cristalizaban en las esperas del poder, mediante la aplicación del “Pacto de New York”.

La Doctrina Bolivariana es revitalizada por Hugo Chávez en 1999, siendo invocada para contraponerse a la Doctrina Monroe, fundando la ALBA y Petrocaribe como alternativas a la dependencia estadounidense. Sin embargo, esto escaló tensiones como el golpe de estado contra el Presidente Hugo Chávez del 2002, mejor conocido como “el carmonazo”;  la Guerra Económica con el paro petrolero de 2002-2003, aupada por sabotajes financiados por Estados Unidos, y el bloqueo y sanciones, desde 2017, que viola la soberanía. Hoy, la Doctrina Monroe de manera simulada se presenta como un instrumento renovado de opresión dominante, mancillando la identidad nacional. El momento histórico nos advierte, sobre las consecuencias que pueden suceder en los venideros momentos, por lo que el pueblo debe estar alerta ante las pretensiones imperiales, recordemos la famosa frase que Ernesto "Che" Guevara pronunciara, el 30 de noviembre de 1964, durante su intervención en la Asamblea General de la ONU: "No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así, nada". 

 


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Reinaldo Chirinos

Licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural. Facilitador del INCES.

 reinaldoc06@gmail.com

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