
Como las palabras, cargadas de simbolismo, son importantes, se incorporó últimamente al lenguaje el término hegemón, un grecismo o anglicismo, según los gustos, que ahora incorpora el peso no solo de los EU sino que además de Donald Trump. El hegemón es un individuo o Estado que ejercen una supremacía, un control o una dominación sobre otros. Lo cierto es que se abandona la referencia a la hegemonía que ejercía la llamada comunidad internacional en la resolución de conflictos y en el llamado orden mundial basado en el derecho internacional. Dejó de existir la referencia a lo que es justo en las relaciones entre Estados, incluso la valoración de los derechos humanos, de la democracia liberal, de la responsabilidad de proteger para justificar intervenciones de la comunidad internacional. En entrevista con el NYT, Trump afirmó que el único límite al ejercicio de su poder era "su propia moralidad".
Para "Hacer América Grande nuevamente", Trump busca terminar con los abusos de otros países imponiéndoles tarifas aduaneras copiadas de su ídolo William McKinley el 25º presidente de EU, a pesar de que en la época se probó que las guerras comerciales no son rentables. Además, en reemplazo del enemigo comunista, que justificó golpes de Estado y dictaduras militares durante la guerra fría o la promoción de la democracia liberal con la globalización, Trump eleva ahora al crimen organizado y el narcotráfico a categoría de terrorismo político; sindica a los migrantes como enemigos, para justificar su política interior y exterior en desmedro tanto de la democracia como de la existencia misma de una comunidad internacional de valores.
El problema es que Trump, al afirmar sin ambages, que su objetivo oligárquico es de apoderarse del petróleo venezolano, confirma que la verborrea sobre los lazos de Maduro con el narcotráfico era publicidad falsa. Su actualización de la Doctrina Monroe busca controlar las riquezas de América Latina y poner bajo su dominio a los gobiernos latinoamericanos. Más aún, no se trataba de favorecer un cambio de un régimen dictatorial por una democracia liberal. Hay consenso en que la oposición encabezada por María Corina Machado quedó offside, a pesar de su pleitesía servil de regalarle la moneda del premio Nobel de la Paz. Trump se ufana de ser el acting president of Venezuela, mientras que, Maduro y las autoridades venezolanas, afirman que Maduro sigue siendo presidente, condenan su secuestro y masivas movilizaciones exigen su liberación. Lo cierto es que Trump opta con presionar al gobierno porque sería riesgoso invadir Venezuela. El tiempo confirmará si la continuidad de la diplomacia bolivariana de paz, por la presidenta interina Delcy Rodríguez, asegura la sobrevida de la Revolución Bolivariana.
Ciertamente, la agresión militar contra Venezuela no hizo más que profundizar la larga guerra hibrida contra la revolución Bolivariana. Pero, el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en violación del derecho internacional abrió una caja de Pandora porque destruyó bruscamente la carga valórica de la hegemonía ejercida por la otrora comunidad internacional, hoy disuelta.
Lo que queda de la agresión contra Venezuela es un hegemón imperialista oligárquico desembozado y atávico en las Américas, sin consideración por la soberanía nacional de los Estados propio del Siglo XIX. Pero ello, el contexto actual difiere enormemente. Trump y Marco Rubio agudizan el bloqueo petrolero, intentando lograr un cambio de régimen en Cuba Luego de 65 años la resistencia cubana continúa, mientras que el gobierno de México confirma su decisión soberana de seguir enviando el crudo a la isla caribeña. Y es que las agresiones de Trump no terminaron en Venezuela. Esgrimiendo el pretexto del narcotráfico busca poner de rodillas a México, amenazando con bombardeos y una posible intervención militar terrestre contra los carteles de la droga. Pero la presidenta Claudia Sheinbaum aumenta su popularidad resistiendo los aranceles de Trump y su defensa de la soberanía mexicana afirmando que ella no es negociable. Todo ello a meses de una renegociación del TMEC.
También Colombia ha sido blanco de amenazas de derrocamiento de su presidente Gustavo Petro por acusaciones de ser líder del narcotráfico, puesto en la lista negra de la OFAC. Pero ellas dieron paso a una posibilidad de dialogo en una incierta cita con Trump el 3 de febrero. Lo cierto es que los aranceles y las políticas de Trump dividen la derecha colombiana y favorecen al Pacto Histórico. Las encuestas, prevén una victoria del senador Iván Cepeda del Pacto Histórico, sucesor de Petro, en las presidenciales del 31 de mayo próximo.
Ello se extiende a Canadá, antiguo aliado estratégico de EU. Es así como el primer ministro canadiense Mark Carney alcanzó gran popularidad al constatar en Davos esta semana que: "no se vive una transición, sino que se asiste a una ruptura del orden mundial, sus normas e instituciones". Las tarifas aduaneras y la insoportable amenaza de anexar Canadá como 51º Estado por parte de Trump llevan a que Canadá busque diversificar su economía canadiense estrechando lazos con Europa. El acuerdo con China refleja la búsqueda de una autonomía que reactiva la política exterior canadiense de los años 60 y 70. Como en otras latitudes la política agresiva de Trump afecta sus aliados de extrema derecha, favoreciendo la victoria electoral de Mark Carney contra Pierre Polievre en abril pasado, por la amenaza del Trumpismo. En represalias por el discurso de Carney en Davos, Trump anuló la invitación a que Canadá a formar parte de la Junta de Paz y amenazó con aranceles del 100% si Canadá cierra un acuerdo con China.
En su discurso en Davos, Carney afirmó que había vivido en la ilusión de que las normas internacionales se aplicaban a todos por igual, aunque en realidad, se trataba de un sistema mundial gobernado por grandes potencias que se sustraían a las reglas y que usan la integración como arma de dominación. Una verdad de Perogrullo, que obliga de acuerdo con Carney, a que las potencias intermedias forjen alianzas, porque si ellas "no estás en la mesa, estás en el menú". Sin embargo, no es evidente como se forjará esa alianza, y si ella se acercará a los BRICS, si ello incorporará potencias intermedias como Brasil, México, Sudáfrica, India, entre otros, o si ella se extiende a los gobiernos del llamado Sur Global. Se mantiene abierta la Caja de Pandora.
Paradojalmente, el primer ministro canadiense constató con prístina claridad el carácter desigual del sistema mundial en un foro de la élite mundial de la Globalización, denunciado, entre otros por Oxfam por aumentar las desigualdades. Una constatación sobre las consecuencias del modo de producción capitalista que recuerdan la denuncia del Manifiesto de los iguales y Gracchus Babeuf y Silvain Maréchal.
Cuando declina el poder económico de EU y surgen rivales ante el orden unipolar, y se avanza a un mundo multipolar o multilateral, la estrategia del "garrote" del hegemón no parece ser más adecuada, para imponerse en las Américas, que el soft power de la promoción de la democracia liberal usado por décadas.
Las acciones del 47º presidente de EU desmienten que su nueva estrategia de seguridad nacional (NSS), bautizada como Doctrina Donroe, esté centrada en el hemisferio occidental. Ciertamente, la administración Trump quiere expulsar de la región a la República Popular China, que desplazó EU como principal socio comercial y financiero. Ello parece muy difícil según Alan Rouquié, entre otros.
Lo cierto es que la agresiva política internacional de Donald Trump disputa zonas de influencias en el mundo entero. Por un lado, está su amenaza contra Dinamarca, de anexar Groenlandia en clara confrontación con un miembro europeo de la OTAN. Al no descartar el uso de la fuerza militar contra un país europeo, creó pánico. Finalmente, el miércoles 21 de enero en Davos, se desdijo. Ulteriormente afirmó que un posible plan acordado con el jefe de la OTAN, Mark Rutte, le permitiría obtener lo que quería. Pero la primera ministra danesa Mette Frederiksen afirma que no aceptará que la soberanía de Dinamarca sea cuestionada. Todo indica que no logrará transformar esa estratégica isla en colonia estadounidense.
Desde el comienzo de su segundo mandato, Trump se vanagloria de su rol de gendarme mundial en la aparente solución de conflictos en Africa, Asia y Europa, por los que esperaba recibir el premio Nobel de la Paz. En realidad, ha bombardeado unilateralmente en Somalia, Irak, Yemen, Irán, Siria, Nigeria, Venezuela y atacado barcas en el Caribe. Además, pese a prometer resolver en 24 horas, el conflicto entre Rusia y Ucrania, la llegada a un eventual acuerdo sigue postergándose y se acercaría cada vez más a lo adoptado en 2014, rechazado en ese entonces por los EU y sus aliados europeos.
Los gobiernos europeos reaccionaron indignados ante la declaración de Trump que desconoció las muertes de efectivos europeos en Afganistán, apoyando EU; cuando Eu invocó el artículo 5 de la OTAN por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Y es que las declaraciones y acciones imperiales de Trump amenazan la alianza de extrema derecha mundial: la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni e incluso figuras de la extrema derecha francesa Marine Le Pen le criticaron. La amenaza contra Dinamarca de anexar Groenlandia tensa lazos con la extrema derecha alemana y hasta con Nigel Farage en el Reino Unido. Otros se distancian o se ven en aprietos, como Viktor Orbán de Hungría, Robert Fico en Eslovaquia y Mateusz Morawiecki en Polonia, por apoyar las políticas de Trump como acto de sumisión.
Trump mantiene sus objetivos de control petrolero y geopolítico en el Oriente Medio. Lo peor, es su apoyo irrestricto al genocidio del pueblo palestino en Gaza. Su apoyo al primer ministro israelí, cuyo arresto es exigido por la Corte Penal Internacional, por crímenes de guerra y de lesa humanidad, se acompaña de apoyo a las colonias en Cisjordania y ataques de Israel en el Líbano y amenazas contra Irán. Trump mantiene su abominable proyecto de crear un lujoso complejo de rascacielos en la Franja de Gaza. El plan de paz en Gaza es una receta para la colonización según la Internacional Progresista.
La "Junta de Paz", por encargo de la ONU, debía supervisar la aplicación del acuerdo de paz de 20 puntos en Gaza, con apoyo de Egipto, Turquía y Qatar. Sin embargo, es evidente ahora, que Trump espera que la Junta de Paz reemplace la ONU. Trump se declaró presidente vitalicio de esa instancia internacional, según The Economist. El "gran pacificador" exige mil millones de dólares para una membresía permanente, como si se tratara de un nuevo Club de Golf, de los que apasionan al magnate inmobiliario. Pero las perspectivas de la Junta de Paz parecen inciertas porque a pesar de contar con unos 35 países desde Javier Milei (Argentina), hasta Viktor Orban de Hungría, no cuenta con ninguno de los países del Consejo de Seguridad de la ONU o de la llamada comunidad internacional.
Al completar su primer año de mandato, la política exterior del presidente Donald Trump, pese a su violencia de hegemón, se estrella contra los límites internacionales del poder de una potencia en decadencia, porque, antes que crearla, refleja la ruptura del orden internacional .
En el lugar de la imposición mitigada y contradictoria de sus dictados a nivel internacional, lo que comienza a dibujarse al terminar el primer año del segundo gobierno de Trump, es que repite su primer mandato en escala ampliada y catastrófica para el mundo.
Lo que comienza a perfilarse como la mayor debilidad del 47º presidente de EU es la situación en EU mismo. Por un lado, está la pérdida del poder adquisitivo de los estadounidenses, que comienza a pesar. Por otra, los asesinatos de estadounidenses por miembros del ICE causan creciente repudio. Además, entre otras, su creciente ruptura con figuras claves del movimiento MAGA por el dossier Epstein, disminuyen el entusiasmo de su base de apoyo. Es así como, las encuestas auguran malos resultados para las llamadas elecciones de midterm al Congreso el 3 de noviembre próximo, con lo que podría adquirir el síndrome del pato cojo ("lame duck"), como en su primer mandato. Es lo que veremos en la segunda parte de este balance.
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