El violento secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y su esposa, la diputada y primera combatiente Cilia Flores, no es que ya sea un caso de dominio vox populi, sino que se trata de una violación del derecho internacional público que recorre las calles del mundo entero, sobre todo por las causas que lo originaron: un robo a mano armada (con centenares de muertos) perpetrado por el imperio estadounidense ante los ojos de los habitantes del planeta; no porque la noticia se haya propagado por radio, televisión y medios de comunicación impresos, sino, porque ellos —el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su cofradía gubernamental— se han encargado de decirlo. Así de sencillo: «Robamos el petróleo de Venezuela, país latinoamericano, nuestro patio trasero, poseedor de las reservas petroleras más grandes del mundo, ¿y qué?». Así lo han dicho, con su cara muy lavada, como si nada.
Mataron a un centenar de soldados de la Guardia de Honor del presidente venezolano. Y nada. Esos asesinos hoy son anónimos. Se disipan entre los demás uniformados del ejército estadounidense que resguarda la seguridad de míster Trump.
Bueno, ya se corrió la cortina del proscenio de esta obra teatral escrita y escenificada por el presidente Trump y su gente. «Sangre por petróleo» bien podría titularse. Estamos contestes, por aclaraciones del Gobierno imperial de EE. UU., de que la cosa no es por narcotráfico, que Venezuela no produce ni exporta pastillas de fentanilo a ninguna parte. Estamos de acuerdo también en que el famoso y repetido hasta la saciedad por el presidente Trump «Cartel de los Soles», supuestamente presidido por Nicolás Maduro Moros, resulta que no existe. Esa expresión corresponde a una fantasía literaria utilizada por gente allegada a la Fuerza Armada para burlarse de oficiales incursos en hechos de corrupción. De tal manera que el «Cartel de los Soles» realmente no existe; corresponde a una ficción.
Ahora, los venezolanos, estamos llamados a luchar por la libertad de nuestros compatriotas Nicolás Maduro y Cilia Flores, secuestrados y conducidos por el propio Ejército de EE. UU. a una de las cárceles estadounidenses. Allí están siguiendo un juicio por designio de responsables harto conocidos y conocida sobre todo aquí en Venezuela.
Corresponde ahora multiplicar aún más en el mundo una lucha incansable por la libertad de estos dos venezolanos, a quienes se les juzga por causas a las cuales son ajenos hasta que se demuestre lo contrario.
A través de este texto sugiero que, en toda comunicación oficial escrita, como en cualesquiera misivas personales, al lado de la firma del remitente, se coloque la consigna mundial:
Liberen a Nicolás Maduro y a Cilia Flores
*Periodista y diplomático