"La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes."
Martin Luther King Jr.
En 2020, durante el 75º aniversario de la ONU, participé en la consulta global ONU75, junto a 1.5 millones de ciudadanos del mundo. Mi criterio fue publicado en Prensa Alternativa, Voz de la Patria Grande, junto a la opinión del entonces recién electo presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Esa coincidencia reflejaba que la crítica a la estructura de la ONU no era aislada, sino compartida por voces diversas en el continente.
Hoy, los hechos confirman lo que advertimos: la ONU ha fracasado en cumplir los objetivos que la humanidad le señaló como prioritarios. Servicios básicos, justicia social, solidaridad y acción climática siguen sin materializarse. La organización, tal como existe, es incapaz de cumplir su mandato.
La ONU necesitaba entonces y cinco años después con extraordinaria urgencia, una transformación radical. No un maquillaje, como en El Gatopardo, la obra de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, "para que las cosas cambien sin cambiar nada", sino un desmantelamiento total de inmediato.
La primera consideración es que su sede no puede seguir en Estados Unidos, pues su ubicación "Per Se", constituye una posición de dominio. El simple hecho de que los representantes deban solicitar permisos de entrada condiciona la independencia de la institución.
Propongo trasladar la sede al corazón del continente africano, como una reivindicación histórica que le debemos por nuestra inacción y silencio, y el reconocimiento como la cuna de la humanidad. Convertir esa porción de tierra similar al Estado Vaticano en territorio neutral, el modelo de acceder a él, estará signado por justicia y equidad, financiado y administrado colectivamente por los países miembros. La construcción de su sede física debe realizarse mediante licitación pública y abierta, con consorcios internacionales que garanticen transparencia y participación global. Mientras que el financiamiento debe ser equitativo, proporcional a las capacidades de cada Estado, sin privilegios ni cargas desmedidas.
Dos principios deben regir este nuevo modelo: Nadie debe cuestionar los nombramientos de los funcionarios elegidos por los países soberanos, y el único requisito para ejercer funciones será la acreditación respectiva, sin interferencias externas.
Otro elemento a demoler inmediatamente serán los cascos azules. La historia de desmanes es vergonzosa: Ruanda en 1994, Srebrenica en 1995, Haití en 2010 y los abusos en la República Centroafricana. Los fracasos han minado la credibilidad de la ONU como garante de la paz. Es nuestra obligación construir una fuerza militar permanente, eficiente y contundente, formada con los más altos estándares de humanidad, con un mando único elegido en consenso por bloques geográficos, garantizando imparcialidad y virtud.
Nada más ominoso que la práctica del poder de veto, símbolo de privilegio e imposición en el consejo de seguridad, debe ser eliminado. Las decisiones de emergencia deben transmitirse en tiempo real, accesibles en todos los idiomas y dialectos.
La historia ofrece lecciones que no pueden ser ignoradas. La Liga de Naciones, creada tras la Primera Guerra Mundial para garantizar la paz, fracasó en su misión y abrió el camino a la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, la ONU corre el mismo riesgo de repetir esa tragedia, pero en un escenario mucho más peligroso: un entorno nuclear donde el error no tendría retorno y la humanidad entera quedaría al borde de su propia desaparición.
La transformación de la ONU no puede depender únicamente de los gobiernos. Es indispensable que la ciudadanía mundial asuma un papel activo y comprometido.
Por ello, con estas modestas pinceladas, elevo una solicitud formal de integración a la causa, dirigida a la Organización de Naciones Unidas, a la Cancillería venezolana, a las instituciones regionales, a las organizaciones africanas y a cada una de las representaciones diplomáticas africanas acreditadas en Venezuela y al resto del planeta.
El objetivo es conseguir recursos materiales y humanos hasta crear un modelo de participación digital, abierto y transparente, que permita a los ciudadanos expresar su apoyo a esta iniciativa desde cualquier lugar del mundo. Este modelo debe incluir: Plataforma en línea para registrar adhesiones ciudadanas. Foros virtuales de debate y propuestas, accesibles en múltiples idiomas y dialectos. Mecanismos de consulta pública que garanticen que las voces de los pueblos sean escuchadas en tiempo real. Transparencia absoluta en la publicación de resultados y compromisos asumidos.
La ciudadanía debe convertirse en garante de este proceso, ejerciendo presión legítima y ética para que los Estados y las instituciones internacionales actúen con responsabilidad. Posponer estas decisiones equivale a apostar por la destrucción de la humanidad; asumirlas ahora es sembrar esperanza de futuro y justicia.
En "La Gruta", cuando se cumplen seis días de resistencia contra el secuestro de nuestro presidente Nicolas Maduro Moros, el cual reclamamos con vehemencia, en el inicio del 2026.