El trabajo de Carlos Fuentes en la CIA

Carlos Fuentes sabe perfectamente que quienes mataron a Salvador Allende es la misma clase de criminales que ahora intentan eliminar a Chávez. Él no es un redomado ignorante para desconocerlo. Todos los escenarios, todos los movimientos, la cartilla íntegra del Perfecto Golpe de Estado de la CIA que impuso en Chile a Pinochet, se ha estado desarrollando y desenvolviendo de manera idéntica en Venezuela. Además, lo que Chávez persigue y busca para su país es exactamente lo que Allende quería para su patria.

Allende dijo, el 21 de mayo de 1971: “Caminamos hacia el socialismo no por amor académico a un cuerpo doctrinario. Nos impulsa la energía de nuestro pueblo que sabe el imperativo ineludible de vencer el atraso y siente al régimen socialista como el único que se ofrece a las naciones modernas para reconstruirse en libertad, autonomía y dignidad. Vamos al socialismo por el rechazo voluntario, a través del voto popular, del sistema capitalista y dependiente cuyo saldo es una sociedad crudamente desigualitaria, estratificada en clases antagónicas, deformada por la injusticia social y degradada por el deterioro de las bases mismas de la solidaridad humana.”

Frente al monstruo del capitalismo, Allende moviliza al pueblo y dirige el país hacia la obtención de sus necesidades más inmediatas. El cuadro que tiene ante sí es horrendo porque su revolución al igual que la bolivariana tiene que sufrir el corsé furioso y opresivo del principio de la legalidad que durante siglos ha impuesto la oligarquía. Es decir, marchar sujeto no por el imperio de la ley sino por la ley del imperio. Por ello decía: “No es el principio de legalidad lo que denuncian los movimientos populares. Protestamos contra una ordenación legal cuyos postulados reflejan un régimen social opresor. (...) Nuestro sistema legal debe ser modificado (...) El nuevo orden institucional responderá al postulado que legitima y orienta nuestra acción: transferir a los trabajadores y al pueblo en su conjunto el poder político y el poder económico. Para hacerlo posible es prioritario la propiedad social de los medios de producción fundamentales.”

Pero aquel sistema legal estaba íntimamente conectado con el poder mediático controlado por la oligarquía. Y se desató el terror por estos medios. Se anunció que los rusos llegarían a Chile para imponer un feroz comunismo. Que los chilenos (en verdad se referían a los ricos) perderían su libertad para decidir su propio destino. La derecha optó ante el peligro de perder sus privilegios movilizar el ejército en defensa de sus intereses, y se agitó a la fiera más peligrosa incrustada en el poder: la cúpula eclesiástica ultra conservadora y reaccionaria. Fue así como se entró en el vórtice de una guerra civil. Paso a paso todos los elementos que llevaron a Chile a aquel 11 de septiembre de 1973, se cumplieron en Venezuela de manera pasmosa el 11 de abril de 2002. Los empresarios, la cúpula purpurada y franquista de la Conferencia Episcopal y lo más cipayo de la mafia sindical, todo esto dirigido desde la Casa Blanca con total apoyo de la internacional fascista de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP. El Agustín Edwards Eastman, director de El Mercurio que el 11-S, en combinación con la CIA va a derrocar a Allende, en Venezuela lo representaba el 11-A Gustavo Cisneros. Lo que de manera patética pone aún más de manifiesto tantos puntos en común es, como dice García Márquez, que desencadenadas las fuerzas de la subversión, Salvador Allende continúa aferrado a la legalidad. Lo mismo le sucede a Chávez quien en ningún momento piensa en suspender las garantías constitucionales. Chávez al igual que Allende es enemigo de la violencia y un revolucionario apasionado. Chávez al igual que Allende piensa que es posible dentro de la legalidad burguesa avanzar pacíficamente hacia el socialismo. El plan el 11-A era matar a Chávez, invadir a Miraflores, hacer una razzia contra los dirigentes populares e imponer un estado de terror idéntico al que impuso Pinochet.


Todo ese cuadro, decimos, en absoluto podía ser desconocido por un hombre que como Carlos Fuentes sabía y sabe de qué manera mienten y manipulan los medios en el mundo, y sobre todo en nuestra América Latina. Con la mayor certeza puede aplicarse hoy a México aquella sentencia de Simón Bolívar (refiriéndose a Colombia) de que “aquí no hay opinión pública”. En México se cometen los mayores crímenes y adefesios políticos y nada cambia sino que todo empeora. Casi nadie ha criticado, por ejemplo, con la severidad que se debe, la miserable posición que contra Venezuela han asumido Carlos Fuentes y Vicente Fox. Nada es casual. Los ataques más severos contra Venezuela también parten de la derecha chilena donde Carlos Fuentes creció y estudió entre los once y quince años. Se vanagloria Fuentes repitiendo las palabras de
Basil Hall, de que en Chile: "Aunque la situación del campesino no ha cambiado, la élite chilena ha obtenido la independencia política, la libertad y la seguridad de su persona y su propiedad, la participación en el gobierno, la libertad del mercado y la posesión de la libertad civil", cuando fue esa “independencia” y esa libertad del mercado los que acabaron matando a Allende. Esa coincidencia brutal y criminal entre los más reaccionarios de Chile y Carlos Fuentes, produjo la publicación del libro “Gustavo Cisneros: Un empresario Global”. Este libro fue escrito por el chileno ultra derechista Pablo Bachelet y prologado por Fuentes. Pablo Bachelet es corresponsal del “Herald de Miami” para América latina, toda una guarida de gusanos al servicio del terrorista Posada Carriles.

Dijo con descarnado cinismo Fuentes: “He pensado en esta inevitable relación entre el número de las víctimas y su encarnación singular al reiniciarse el juicio en la Cámara de los Lores británica sobre el destino del brutal dictador chileno Augusto Pinochet. Se le atribuyen cerca de cuatro mil asesinatos, desapariciones, torturas, encarcelamientos arbitrarios. Por lo menos la mitad de los chilenos sabe el nombre de una víctima próxima a ellos. El terror pinochetista no fue una abstracción. Yo quiero recordar a un hombre de calidad intelectual, política y afectiva superiores, cuyo sacrificio no sólo encarna la culpa de Pinochet, el tirano interno, sino la culpa internacional de quienes lo llevaron al poder: el presidente Richard Nixon y sus asociados en el Gobierno de EE UU en 1973.”

En la Western Illinois University (WIU) Carlos Fuentes solía dictar conferencias a oficiales norteamericanos, que luego habrían de participar en invasiones organizadas por el Departamento de Estado en Latinoamérica. Pero cargaba Fuentes su careta de izquierdista y mostraba a los cuatro vientos un artículo en el que pretendía defender la revolución nicaragüense, titulado: “Are you listening, míster Kissinger”. El mismo Kissinger que respeta, admira y emula Gustavo Cisneros. Quien recibía y atendía muy bien a Fuentes en la WIU, era la profesora Virginia Leonard, una fervorosa defensora de las actividades de la CIA, porque en realidad esta era la agencia que le organizaba sus conferencias en Norteamérica.

En el país de las barras y las estrellas este petulante personaje de Carlos Fuentes dictaba un promedio de siete conferencias al año, sobre todo a grupos militares y empresarios. Un perfecto caballo de Troya de la izquierda como lo fueron George Orwell, Arthur Koestler, Nicolás Nabokov, Salvador de Madariaga, Karl Jasper, André Malraux, Jacques Maritain, André Gide, Benedectto Croce, Raymond Aron, Jules Romains, T. S. Eliot, Igor Stravinsky, Jean Cocteau, Laurence Olivier, Carl Gustav Jung[1], Czeslaw Milosz, Illia Tolstoi (nieta exiliada de León Tolstoi).

Pero cuántos intelectuales no se han prestado para ser agentes de la CIA, cuyas criminales acciones hoy se han ido poniendo al descubierto: ahora se sabe, por ejemplo, que el señor Jorge Castañeda quien estuvo proyectando su carrera política a través del PRD, como asesor de Cuauhtémoc Cárdenas, cuando éste tenía probabilidades de éxito para llegar a la Presidencia, ya estaba entregado en cuerpo y alma a la famosa Agencia. “Sin embargo –dice el escritor Gerardo Reyes Gómez-, en ese momento el PRI no estaba suficientemente maduro como para caerse del árbol del sistema y el proyecto se frustró, retrasando para mejor ocasión las pretensiones del imperio. Pero allá no quitaron el dedo del renglón. Luego, el intelectual "light" continuó recibiendo los poderosos apoyos de la CIA en foros internacionales para consolidar una carrera y un prestigio que traspasara las fronteras mexicanas, como el impartir conferencias en universidades extranjeras y brindarle foros en diversos medios escritos de circulación nacional e internacional. Y, lo más importante, utilizando la red de intelectuales mexicanos reclutados por la CIA, encargados de modular las políticas culturales y las proyecciones sociales en nuestro país, Castañeda fue puesto en suerte para asesorar en materia de relaciones internacionales, al primer presidente impuesto por la ultraderecha estadounidense en la Presidencia de la República. Lo que para muchos, al principio, pareció una formidable incongruencia, encuentra su explicación en el marco de los esfuerzos de corporaciones internacionales para insertar a México en el globalismo: una política diseñada para aglutinar las economías nacionales del planeta bajo un solo centro de decisiones en el imperio”.

“Así, otro escritor, ya no tan "light", como Carlos Fuentes –continúa Gerardo Reyes-, perteneciente a esa amplia y poderosa red de intelectuales al servicio de la CIA fue seleccionado como el principal legitimador de Castañeda, no solamente para ayudarlo a ocupar la cancillería de Tlaltelolco sino, además, para legitimar las políticas estadounidenses puestas en boca de Castañeda por la CIA y el Pentágono”.

La furia de Carlos Fuentes contra Chávez es idéntica a la que expresan otros intelectuales como Mario Vargas Llosa. Fuentes llama a Chávez payaso continental, fascista, Mussolini tropical, hombre de extrema derecha disfrazado de izquierdista, un fenómeno de opereta, un fenómeno pasajero, “va a gastarse el dinero petrolero y luego va a desaparecer”; un engañador, un demagogo espantoso. Cuando le dicen que Castro le cree, replica histérico: “Castro no tiene más remedio que creer a todo el que le hace caso. Pero Cuba va a tener una transición pronto, con una solución a la china: dictadura con capitalismo.” En cambio cuando le preguntan a Fuentes que si Estados Unidos tiene derecho a construir ese maldito muro fronterizo, contesta: “Claro que sí”[2], y añade con el mayor espíritu neoliberal: “”Yo espero que un día México le dé suficiente trabajo a sus trabajadores, para que no tengan que emigrar”.

 

Ahora bien, ¿por qué Cisneros que camina en una sola pata y lleva un brutal parche mediático en un ojo, moviéndose por el sistema de las palancas con que lo dota Washington se ha, finalmente convertido en uno de los supremos dioses del mercado? Con una sola pata y su parche se ha metido en el bolsillo a las putas más caras del mercado de la “izquierda”, como Carlos Fuentes. De puta a putañero se han entendido muy bien con un cerebro y con un mismo corazón, gozando del privilegio incomparable de los medios: la crueldad de los imbéciles.

Está claro que la gente como Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes piensan que siempre hubo ricos y pobres y que esto no tiene remedio y que el sistema capitalista neoliberal ha dado en el clavo aunque el mundo esté peor y cada vez vaya creciendo el mar de la pobreza en progresión geométrica. Y la conclusión a la que uno llega es que a Allende no lo mató la CIA sino la miserable clase intelectual que aquí como allá en Chile, México, Colombia, Perú, Bolivia o Ecuador resulta la puta mejor tarifada del sistema, la que mejor se vende, la que mejor negocia su talento, su fama, sus laureles, su gloria.

 

 

[1]documentos revelan que era el agente 488 de los gobiernos norteamericanos de los demócratas Franklin Delano Roosevelt y Harry Truman.

[2] Idris Airam, Veracruz, México.

jrodri@ula.ve 
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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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