Dios guarde a Bush para Chávez

A estas alturas nadie niega que Hugo Rafael Chávez Frías es un
líder carismático, con una capacidad especial para comunicarse con el
público, proyectando credibilidad, buenos propósitos y hasta cierto candor
un tanto ingenuo. También es verdad que tiene una suerte fabulosa y lo que
le ha tocado en materia de contrincantes internos y foráneos es lo más gacho
que se haya visto desde los tiempos de Maricastaña.

Solo la buena fortuna de Chávez le pudo deparar una adversaria
electoral como Irene Sáez, cuya materia gris debe tenerla de relleno en
alguna parte del cuerpo bien alejada del cerebro.

En cuanto a Pedro Carmona Estanga, en menos de 48 horas
demostró que su mandato se limitaría a cumplir instrucciones de las
transnacionales transmitidas por Gustavo Cisneros, ejecutar decretos de
Brewer Carías y dejarse asesorar por los santurrones del Opus Dei,
vinculados al franquismo y al Vaticano.

Para colmo de buena fortuna le corresponde lidiar con suicidas
políticos, empeñados en desaparecer del mapa, al estilo de Henry Ramos
Allup, la CTV y Fedecámaras, que cada día representan menos de nada.

Tras procurar derrocarlo mediante marchas multitudinarias
organizadas por la alta sociedad civil, intentaron el golpe de Estado de
2002, la huelga patronal y el paro petrolero, todo lo cual fracasó. Entonces
recurrieron a expedientes más extravagantes como los cacerolazos, la
baloterapia y, finalmente, la asesoría electoral de María Corina Machado, a
través de referendos y primarias organizados por Súmate.

Naturalmente las representaciones diplomáticas de Estados
Unidos y España pretendieron orientar La Carmonada. Sin embargo las ofertas
de apoyo llegaron tarde, pues subestimaron al pueblo de Caracas.

A partir de entonces Chávez la agarró contra George W. Bush, a
quien llama genocida, asesino e invasor, lo cual es inobjetable. Por
desgracia también lo tilda de alcohólico, cosa de mal gusto y
desconsiderada.

Por mi parte me conformo con que el presidente gringo conserve
la misma sensibilidad social que tuvo frente al huracán Katrina o al saqueo
de la Biblioteca de Bagdad.

Con enemigos así, Chávez no necesita aliados.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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