Guaidó-Trump-Duque: parapolítica y narco Estado

Somos testigos de excepción, del colapso de una política imperial que, si bien, tuvo iniciales aciertos, mientras se mantuvo oculta, gracias a la intensidad mediática de la derecha mundial; poco a poco, con extremado coraje y sabiduría, el Hno. Presidente Constitucional, Nicolás Maduro, al frente del timón, ha sabido desmontar todo ese entramado de inmundicia que se ha desatado contra la Patria de Bolívar y Chávez, su pueblo, Gobierno y Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El auto proclamado, es un plan diseñado por la CIA, tan igual que lo fuera Isis o Estado Islámico para el Oriente Medio. Obama, Trump, en fin, la CIA como organismo de inteligencia imperial, trabaja en función de Estado y no de gobiernos. La política exterior imperialista, es una sola y eso es importante tenerlo claro. Venezuela, se ha convertido en un objetivo geopolítico para el sistema pentagonal que gobierna EEUU, a través de sus organismos financieros, empresariales-transnacionales y militares. No solo es petróleo, que poco le queda en el subsuelo a la élite imperial estadounidense, sino también, la suficiente riqueza minera –propiedad de los venezolanos y venezolanas- que ya suman como de ellos, esa misma élite, pero no solo lo material cuenta en la suma de haberes que esa élite imperial desea despojar a Venezuela, sino de su historia heroica, libertaria y revolucionaria. Bolívar y Chávez, constituyen un peso histórico fundamental que hoy se ha trazado la élite imperial destruir, desterrar y borrar de nuestras memorias. Ello, justifica la actual guerra que han librado contra el pueblo venezolano, que, como bien dice el Hno. Presidente Maduro; desde Washington, los halcones de la guerra imperial al igual que Hitler, han ubicado como un objetivo a exterminar, al comparar al pueblo venezolano con el pueblo judío durante la Segunda Guerra mundial. Pueblo, al cual pretenden convertirlo en el Auschwitz de los tiempos modernos. Aunque los métodos sean distintos, ayer campos de concentración y hornos crematorios; hoy, sanciones económicas y financieras, bloqueo imperialista y hasta pretensión de bloqueo naval. Los resultados son los mismos, muertes, hostigamiento y repudio mediático generalizado, contra la población objeto de la barbarie imperialista.

Cuando el establishment imperialista estadounidense, se propone el cambio de régimen en Venezuela, como una política de Estado, abandonando sus principios democráticos que propaga al mundo como su mejor y más atractivo rostro, deja en evidencia cuál falsos son esos "principios" democráticos en los que supuestamente sustenta sus ambiciones e intereses imperialistas. Los EEUU, vive una crisis existencial que hoy la relega a una posición de retaguardia de los grandes avances de la humanidad. Es el mayor síntoma, que expresa el declive de esa otrora potencia imperial; cuyos estándares de vida de la mayoría de su población, algunos lo comparan ya, como propio de países del mal llamado tercer mundo. Es el mayor consumidor de drogas del planeta, y ello es expresión de cuán infeliz es la población que vive en su territorio, que para sobrevivir y creer ser feliz, debe refugiarse en el mundo de las drogas. Y, este solo hecho, marca el destino manifiesto de esa importante población en la que no menos de 40 millones de sus habitantes, son pobres, valga decir, son infelices.

Las drogas, entonces, se convierten en un instrumento de contención de la violencia redentora en que pudiera convertirse la pobreza en el propio seno del imperio. De allí, la importancia geopolítica que le da EEUU a su principal proveedor en esa materia: la oligarquía colombiana. 12 bases militares estadounidenses, en territorio colombiano, expresan el nivel de protección que garantiza la seguridad del producto con el cual la oligarquía estadounidense se garantiza la tranquilidad interna, en territorio imperial. Tal cual, ocurriera en los tiempos de la guerra en Vietnam, y la famosa droga LSD, que les permitió llevar esa juventud protestativa por los senderos de la tranquilidad y las nubes, que solo las drogas son capaces de encauzar a quienes la consumen. La oligarquía colombiana, al asumir el cultivo de la coca y la producción en gran escala de la cocaína para satisfacción del consumidor estadounidense, estaba al tanto del papel que le había asignado la oligarquía imperial, el establishment estadounidense. La DEA, el gran Cártel de la droga en el planeta, se convierte entonces en el gran regente de su producción y control. A la par, la oligarquía colombiana, va creando sus propios mecanismos de distribución que oculten su rostro al público colombiano. Pablo Escobar Gaviria, el zar de las drogas, se aprovecha de la oportunidad que le abre la oligarquía colombiana y, ya sus aspiraciones no se quedan solo en ser un empleado de la oligarquía, sino se convierten en aspiraciones políticas. Toda la estructura del Estado colombiano se le subordina, es así como conoce a un representante de esa oligarquía, a quien cariñosamente llamó: el Dr. Varito, don Álvaro Uribe Vélez, quien, por cierto, le abre todas las rutas del espacio aéreo colombiano, como funcionario que era, en ese entonces. Uribe, tuvo un avanzado maestro en las artes del narcotráfico. Y, fue él, precisamente, quien crea las bandas paramilitares para protegerse de las fuerzas guerrilleras que amenazaban su familia y sus propiedades, las famosas Convivir. Llegado al gobierno, Uribe, las integra a la estructura militar del Estado colombiano como un batallón más, para enfrentar las fuerzas guerrilleras de las FARC-EP y el ELN. Por eso, nada de extrañar tiene, cuando a Juan Guaidó, esa banda narcoparamilitar de los Rastrojos, le brinda su protección por la frontera hasta entregarlo al equipo de seguridad del Presidente Duque, pese a que, como bien sabe ese equipo de seguridad, esos que le entregaron al autoproclamado, están solicitados vía Interpol en código rojo por el gobernante a que ellos brindan protección. Si alguien, tenía alguna duda sobre la imbricación entre bandas paramilitares y Fuerzas Armadas de Colombia, pues la misma ha sido aclarada. Son parte de una misma estructura de gobierno. Se trata, ni más ni menos de un narco Estado.

Cómo encaja Juan Guaidó, en toda esa trama de paramilitarismo, narcotráfico y apertura de mercados para la droga colombiana. Es importante saber, que el 92 por ciento de la cocaína que se produce en el continente americano se concreta en Colombia, el 6 por ciento en Perú y el 2 por ciento restante en otros países, según datos del Cártel de la DEA, que hace un seguimiento y control detallado de la producción de cocaína en esta parte del planeta. El 93-94 por ciento de la distribución de esa cocaína que se produce en Colombia, se distribuye hacia EEUU, por el llamado corredor Pacífico: México y Centroamérica. Mientras, que el restante 6-7 por ciento se realiza por el llamado corredor Caribe, nuestro Mar Caribe, y tiene como epicentros a República Dominicana y Haití… Venezuela, se ha convertido en un obstáculo duro de roer para la utilización del Mar Caribe como vía marítima expedita hacia el mercado estadounidense y de Europa. No solo es petróleo, el interés de EEUU con relación a Venezuela, también lo es, la extensión de cultivos y nuevas rutas de distribución para la producción colombiana de estupefacientes. Por eso, cuando Guaidó se integra a los Rastrojos, lo hace sobre la base de garantizarles la ruta venezolana para la distribución de la droga colombiana a lo largo del territorio venezolano. Hablamos de miles y miles de millones de dólares anualmente. Por supuesto, imaginemos también a un Guaidó ratificándoles la seguridad plena de la provisión del necesario combustible, la gasolina venezolana a bajo costo. Es la integración plena de Venezuela a la parapolítica colombiana, lo que pretende Guaidó. Es su desintegración moral en la drogadicción política del uribismo, su integración a los Rastrojos y con ello, a los Cárteles de Sinaloa en México y el del Golfo, que funciona en la misma Colombia, y recordémoslo pues fue, en una finca propiedad de dicho Cártel, en donde se planificó y entrenaron a los terroristas que ejecutaron la tentativa de magnicidio frustrado contra el Hno. Presidente, Nicolás Maduro en 2018.

Guaidó, Rastrojos, Cártel del Golfo, Duque, Cártel de Sinaloa, Peña Nieto, Trump, esa es la cadena de mandos que durante los últimos años, ha intentado posicionarse sobre Venezuela. Guaidó, es un proyecto novedoso de la CIA. Los nuevos golpes de Estado a implementar por los EEUU en el mundo: los autoproclamados. Por fortuna, proyecto golpista que ha comenzado a hundirse en el mierdero del pozo séptico construido por la CIA, en Bogotá, y cuyos olores fétidos se expandieron por Quito, Lima, Santiago, Buenos Aires y Brasilia. Ha colapsado, el proyecto CIA de las autoproclamaciones. Trump, no puede desligarse de su hijo putativo: Juan Guaidó. Durante todo este año, ha mantenido la amenaza militar sobre Venezuela, si la Justicia se atreviera a colocar sus manos sobre su protegido. Ya no se trata de una opción política Guaidó, sino de una opción delictiva vinculada al narcotráfico, al paramilitarismo colombiano. Los EEUU, su gobierno, su congreso, deben desvincularse del narcotráfico que ha pasado a representar Juan Guaidó, en su integración a los Rastrojos. Lo mismo, decimos, de la Unión Europea, que se vería sumamente afectada si Guaidó, lograra su objetivo de garantizar la ruta Venezuela a la banda de los Rastrojos, para el tránsito hacia Europa de la cocaína colombiana.

Pero, no solo Guaidó desnuda el rol que han jugado las bandas paramilitares en los sucesos de este año. Nunca, olvidemos, los ataques a la moneda venezolana que pulverizaron los ingresos de los venezolanos, ataques que ejecutaron los cambistas (Casas de Cambios) ubicados en Cúcuta, Colombia. Cambistas, con vínculos estrechos con bandas paramilitares a las cuales les lavan los dólares provenientes del narcotráfico, como es el caso de los Rastrojos, que devaluaban –constantemente- el valor de nuestro signo monetario. O aquellos tiempos de 2015, el contrabando de alimentos que permitió mostrarnos al mundo como un país sin alimentos, anaqueles vacíos, lo recuerdan. Esta Asamblea Nacional, es un producto de aquella política. Y, ¿Quiénes eran los que llevaban a cabo el contrabando masivo de nuestros alimentos? Vínculos estrechos, entre sectores empresariales "venezolanos" y bandas paramilitares colombianas, quienes les garantizaban el traslado seguro de sus productos hasta territorio colombiano, tal cual un Guaidó más. Algún día, conoceremos esos vínculos, con mayor exactitud. Valga decir, durante todos estos años de extremada guerra económica imperialista, con sustento firme en territorio colombiano, al paramilitarismo le ha tocado jugar un rol estelar. O acaso, los pimpineros son inocentes comerciantes que se manejan solos, y no organizaciones paramilitares que se hacen del control del combustible en la frontera, para llevarlo a Colombia y conducirlo a la producción de la cocaína en su mayor cuantía, y en mínima escala, para su venta a detal. Y, todo relacionado con los abrazos amorosos de un Leopoldo López o un Capriles Radonski con Álvaro Uribe, el rey del narcoparamilitarismo…



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Henry Escalante


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