Bravuconería de Trump culminará con la defenestración de sus asesores

Loco no

En diversas oportunidades hemos sostenido y escrito, a diferencia de lo que piensan unos buenos amigos, que Trump no es un loco, bravucón, por supuesto que sí, pero no loco de esos que…le pegan a la mamá.

Una parte sustancial de lo que llaman la opinión pública mundial ha aprendido a descifrar la bravuconería del empresario que actualmente dirige el gobierno de los Estados Unidos. El hombre amenaza, vuelve a amenazar con la invasión, con el bombardeo, con la finta de sus tropas, pero no termina de concretar ninguna de sus alardeadas intenciones.

Alguien podría decir que tanto llega el agua al cántaro hasta que lo desborda, pero resulta que en este caso de lo que se trata no es la profusión de amenazas sino de las posibilidades reales de materializarlas; tal vez ganas no le falten al señor Trump y sobre todo a su equipo de consejeros, el problema está en eso que llaman las condiciones objetivas y subjetivas requeridas en un momento determinado para emprender acciones de naturaleza guerrerista.

Por otra parte, es evidente que la no recurrencia de condiciones para emprender una guerra por parte de la élite que actualmente administra la Casa Blanca no está referida a condicionamientos de índole moral, porque si algo le es característico al actual gobierno washingtoniano es la falta de escrúpulos morales y la ausencia de sensibilidad humana.

Entonces, las razones para las indecisiones de la dirigencia yanqui en materia guerrerista habría que ubicarlas en el ámbito de la geopolítica mundial, en las contradicciones inherentes al capitalismo y a la sociedad estadounidense y a la capacidad defensiva y correlación de fuerzas al interior de las naciones objeto de la agresión imperial. Es decir, ya no depende sólo del garrote yanqui que durante décadas estuvo para ser blandido sin mayores contemplaciones contra pueblos inermes; en la era de Trump, para bien de los pueblos, las cosas han cambiado.

Varios botones de muestra

En los tres años, que aproximadamente lleva Trump en la presidencia de los Estados Unidos, ha amenazado con agredir militarmente a varios países, pero del dicho al hecho se le ha alargado mucho el trecho. En reiteradas ocasiones el propio empresario presidente estadounidense ha expresado que no se descarta ninguna opción, incluso la militar, a manera de solución a las diferencias que mantiene con gobiernos de distintos países del mundo, pero la verdad verdadera es que en ningún caso tales proclamas se han materializado.

Así sucedió con Corea del Norte, ubicado en el extremo oriente de Asia, el caso tal vez más emblemático, en el que cuando el mundo creyó que era inevitable una guerra nuclear entre ambos países, terminó sentándose a negociar, haciendo gala de su condición empresarial, con el presidente norcoreano Kim Jong-un, mitigando con ello la posibilidad de una calamitosa confrontación bélica entre los dos países.

Igualmente ocurrió en el Medio Oriente, con la República Islámica de Irán, ya van para dos oportunidades en que el gobierno estadounidense ha desplazado una fuerte flota naval y aérea frente a las costas del país persa, haciendo ver como inminente una guerra que luego termina por disiparse.

Asedia Rusia, sanciona a China, pero sin transgredir la situación al plano de la confrontación bélica, para terminar negociando con ambas potencias, tratando de llevar la negociación, como es de suponer, en beneficio de los intereses del capitalismo estadounidense.

Con su manera atrabiliaria, grosera y extremada soberbia les dispensa un trato por demás descortés y desconsiderado a sus propios aliados dirigentes de países europeos, (Merkel, Macrón, etc.) o latinoamericanos como Duque, Bolsonaro, Macri, etc, a quienes trata como auténticos perros falderos.

En otras palabras, el presidente estadounidense es ofensivo, bravucón, como dice el senador Bernie Sanders es racista, sexista, supremacista, misógino, xenófobo, es un energúmeno como lo tilda el periodista Walter Martínez, pero no es loco, con esto no hay que entender que no sea peligroso, lo que sostenemos es que Trump sabe hacia dónde va, qué es lo que quiere, y también, aunque parezca lo contrario está consciente de las limitaciones que lo circundan y hasta dónde puede llegar con su imprudente proceder.

Nuestro caso

Si acaso, es con Venezuela donde la naturaleza bravucona de Trump se hace más patética. Nuestro país, con Trump, ha estado sometido a un implacable asedio, aplicando medidas sancionatorias que violan las más elementales normas del derecho internacional, ha impuesto un cerco comercial, económico, financiero, político, diplomático, aéreo, comunicacional, etc., ha estimulado el debilitamiento y distorsión de nuestro sistema monetario, generado una hiperinflación sin precedentes en América Latina, boicoteado la industria petrolera, robado activos económicos y petroleros de nuestro país, saboteado los servicios públicos, prohibido la importación de alimentos y medicinas.

Ha propiciado la desestabilización política, el desconocimiento de la institucionalidad, reconocimiento de un petimetre como presidente encargado, nombramiento de un gobierno paralelo, auspiciado el fraccionamiento de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, estimulado golpe de estado, incitado guerra civil, financiado magnicidio, en fin, ha procurado crear el caos social y propiciado la invasión de mercenarios, todo ello, con miras a derrocar al gobierno nacional e instaurar un gobierno lacayo que le garantice el usufructo de las ingentes riquezas nacionales.

Como medida de alta presión, cada cierto tiempo, plantea la posibilidad de una intervención militar estadounidense como opción no descartable asomando el tramojo de la Cuarta Flota y de su Comando Sur.

Mientras tanto nuestro pueblo resiste, cada vez más consciente de la necesidad de defender a toda costa la soberanía e independencia nacional, de preservar la revolución bolivariana que es la garantía de que los derechos sociales, políticos, económicos, culturales que esta le ha deparado puedan mantenerse en el tiempo presente y como legado a las nuevas generaciones de venezolanos y venezolanas.

Por qué no invaden

Al enfatizar en la personalidad aviesa de Trump, estamos claros que el pueblo venezolano a quien tiene enfrente no es a un mero individuo por muy presidente estadounidense que sea, no, nos estamos enfrentando a toda una élite imperialista que para su supervivencia requiere de mantener el control de los copiosos recursos naturales estratégicos que tiene nuestro territorio.

Pero siendo así, por qué no nos han invadido, para responder a esta interrogante nos remitimos a la primera sección del presente artículo, en la que asomamos que los cambios que se han operado en la geopolítica mundial han generado una nueva realidad en la que ya los Estados Unidos no juegan solo en el tablero mundial, que han surgido nuevas potencias emergentes contrahegemónicas (China y Rusia)que le hacen contrapeso a la hegemonía estadounidense y que, como es evidente, también tienen intereses que defender ya no sólo en sus áreas vitales sino también en otras regiones del mundo.

Por otro lado, Trump mismo, está sometido a fuertes contradicciones presentes en la sociedad capitalista estadounidense, donde él no es más que expresión de un polo de esa ecuación contradictoria cuya resultante bien podría ser que salga de la presidencia producto de un juicio parlamentario (impeachment) en la que la motivación aparente vendría a ser los obstáculos que su administración le ha puesto a una investigación del Congreso pero que en el fondo es, más bien, el reflejo del juego de intereses en que se mueve la decadente élite imperialista.

Aunque también, hay que tomar en cuenta la creciente resistencia que en el seno de la sociedad estadounidense está surgiendo en contra de la tendencia guerrerista, que si bien ha sido un estímulo constante para impulsar el crecimiento económico capitalista estadounidense, no por ello es menos cierto que en las últimas décadas se ha venido desarrollando un sentimiento movimiental en contra de la guerra, cualquiera que ella sea, y en particular en contra de un país que como Venezuela, de ningún modo, representa una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos.

Al mismo tiempo hay que resaltar el importante hecho de que Venezuela ha desarrollado producto de la visionaria estrategia del Comandante Chávez una nada despreciable capacidad defensiva tanto en lo operacional como en lo espiritual, que basada en la nueva doctrina militar bolivariana, ha logrado forjar un sólido compromiso y sentimiento antiimperialista y de defensa del territorio patrio. Capacidad defensiva que también se manifiesta en el campo político en el que cada día se le propinan derrotas a la oposición extremista, así como en el campo internacional donde la diplomacia bolivariana ha sabido librar buenos combates.

Al fin y al cabo

Mientras, la presión desestabilizadora imperialista, apuntalada en la burguesía comercial y en el sector extremista de la oposición política local, continúa en contra del gobierno nacional y del pueblo venezolano, especialmente manifestada en el cerco económico internacional, en la inducida hiperinflación interna, en la amenaza de intervención extranjera y en el desconocimiento de la institucionalidad, se viene desarrollando en la ciudad de Oslo, Noruega, un ciclo de conversaciones entre voceros del gobierno nacional y representantes de la oposición, síntoma indicativo de que la estrategia imperialista ha comenzado a dar un viraje, como consecuencia del cúmulo de fracasos y derrotas que han padecido en los últimos meses sus ejecutores políticos locales. A pesar de la presión no logran doblegar a la dirigencia bolivariana y menos aún al bravo pueblo venezolano.

En estas circunstancias el señor Trump comienza a entender que Venezuela es un hueso duro de roer, que sus alfiles o ejecutores políticos locales no están a la altura de la tarea que les ha sido encomendada y que sus asesores no han sido nada objetivos y menos efectivos a la hora de concebir y ejecutar los planes trazados con relación a Venezuela, de manera que empresario como es, negociante al fin y al cabo, no le queda otra que dar marcha atrás, y así como hizo en el caso Corea que despidió a Rex Tillerson, secretario de estado, para aquel entonces, ahora procederá a defenestrar, mandar para sus casas a Bolton, Abrams y Pompeo que fueron quienes lo metieron en ese …lío.



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Miguel Ugas

Miembro de la coordinación nacional del MoMAC

 miguelugas@gmail.com

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