La CIA opera en Venezuela contra Maduro y Trump

La compleja y difícil situación por la que atraviesa el país, necesita dejar a un lado las vísceras, los infantilismos, y comenzar un proceso de búsqueda de una salida política real que evite darle oportunidad a los sectores guerreristas de los Estados Unidos, para intervenir abiertamente a través de una invasión militar a Venezuela.

Las respuestas del liderazgo que conduce a nuestro país tiene que ser la de un estadista comprometido con el futuro de su nación, y que ese compromiso lo pueda llevar a entender que la situación por la que atraviesan la mayoría de los hogares venezolanos, es difícil debido entre otras variables al fenómeno de la híper inflación, cuyo alto porcentaje responde al carácter especulativo de los vendedores de bienes de consumo, aliados con la burguesía parasitaria.

En primer lugar debemos precisar que nos enfrentamos al sector más guerrerista y anticomunista de los Estados Unidos que opera desde hace años desde una rama de la inteligencia estadounidense, amparados y protegidos por el poder de Jhon Bolton, y congresistas como Marcos Rubio.

Ese grupo de Halcones es el mismo que dirige desde dentro de la sociedad norteamericana, el posible juicio político contra el presidente Trump, para asaltar la presidencia, y poder empujar la agenda internacional de guerra del imperialismo.

Guaidó, es un simple peón de todo el ajedrez geopolítico que se maneja contra Venezuela, su juramentación es una simple excusa, para tratar de establecer las condiciones mínimas que necesita la CIA, crear los escenarios mediáticos que permitan manipular y engañar a la opinión pública, como lo hicieron en Irak, logrando un mecanismo de intervención que les permita armar una especie de cabeza de playa que garantice energía barata en una posible guerra mundial.

La grotesca y cómica juramentación de Guaidó en la práctica trata de cerrarle el camino al dialogo pacifico, y a una solución negociada, ya que si bien el guerrerismo militar de los Estados Unidos no tiene dudas de su poder militar, alberga temor del costo político que puede acarrear un mal manejo del tema Venezuela.

La votación en el Consejo de Seguridad de la ONU, la división de la comunidad Europea, las protestas frente a la casa blanca, la actitud dubitativa de Trump, el apoyo irrestricto de China y Rusia, configuran un escenario que la elite política del complejo industria militar debe manejar con prudencia, para evitar sorpresas desagradables.

El ambiente de la opinión pública internacional obliga a un trabajo más profundo de los topos y espías de la inteligencia gringa, convencidos como están que una derrota político militar en Venezuela, es una debacle que obliga a posponer los planes del juicio político al presidente de los Estados Unidos.

Esta variable es la que debe trabajar el gobierno bolivariano, en función de obligar una reflexión de algunos dirigentes de los Estados Unidos, acerca del papel que debe jugar su elite política, en la actual coyuntura internacional. La salida del presidente legítimo de Venezuela, va a darle una mayor fortaleza al posible juicio político contra Trump, no solamente por el efecto que va a generar en la opinión pública, sino también por el efecto práctico de inestabilidad en toda América, un territorio que moviliza y domina gran parte del mercado con los Estados Unidos, sobre todo lo relativo al tema de la energía petrolera.

Trump es un presidente aislado de los grandes monopolios del poder político, su actitud de enfrentamiento permanente al ala más radical del conglomerado militar, sus intenciones de rescatar la industria tradicional en los Estados Unidos, lo ponen en una situación delicada ante un posible impeachment, sin saberlo su suerte está ligada a la de del gobierno venezolano.

 

 



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Luis Figuera


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