La iniciativa histórica

Dos golpes al plexo solar acaba de recibir el imperialismo, en una nueva y meridiana demostración de que la iniciativa histórica está hoy por hoy en manos de los pueblos.

Daniel Ortega, el comandante y líder de la Revolución Sandinista, sepultada aparentemente por la CIA y las armas mercenarias pero renaciente porque es una revolución con espíritu de fénix, recibe por cuarta vez el mandato de los nicaragüenses (la primera fue con las llamaradas de la insurrección), los cuales, empinados sobre la intromisión descarada y el chantaje brutal, han rescatado del fondo de sus almas la sangre chorotega y nagrandana, la impronta de su poeta de poetas Rubén Darío y el mensaje de libertad y patria de su general de hombres libres.

George W. Bush, el genocida gerente actual del imperio, escogido por su absoluta carencia de humanidad y de criterio propio, marioneta del fascismo esencial de su país, siente resquebrajársele el piso bajo los pies y mira con pavor cómo la mayoría de la población usense viene a pedirle cuentas. No es cuestión de hacerse ilusiones con los demócratas, suficientemente conocidos como la otra cara de la misma moneda. Pero sí es preciso reconocer que el voto ganador tiene un signo claro y exige un cese de la política agresiva y criminal. Para quienes ahora detentan el poder parlamentario es difícil hacerse los desentendidos, pues se juegan su propia permanencia.

Ya el imperialismo no puede imponer su voluntad. Ni con el poderío de sus cañones, como empezó a demostrarlo Corea, como lo demostró Vietnam, como lo están demostrando Afganistán e Irak. Ni con la agresión multilateral y la infamia reconcentrada, como lo ha probado la invicta Cuba, como lo está probando nuestra Venezuela bolivariana, como comienza a probarlo la Bolivia hija de libertadores. Ni con las intrigas y truculencias de su diplomacia delictiva, como hemos visto en las victorias electorales populares de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia y ahora Nicaragua, así como en las sucesivas que se han producido y se producirán en Venezuela y también en el reciente episodio de las Naciones Unidas. Sólo mediante el fraude, en naciones con estructuras políticas acondicionadas para burlar a los pueblos, verbigracia México, Perú, la Colombia de la oligarquía feroz y los contras, los gobiernos cipayos de Centroamérica, sólo así pueden hasta ahora “ganar”… Pero la fuerza de la historia se les acerca y en todos esos países rebullen los reclamos y se iluminan las conciencias de los explotados de siglos. Y por allí viene el Ecuador, con un movimiento popular que se las trae.

Los cercenadores de medio México, los birladores de la victoria independentista de los mambises de Martí para robarse Cuba, Puerto Rico y Filipinas, los invasores de Guatemala, Nicaragua, Santo Domingo, Granada, El Salvador, Haití, los sembradores y sostenedores de sargentones sangrientos en toda nuestra América morena, los derribadores de gobiernos populares con el fin de atornillar oligarquías y consorcios explotadores, los responsables fundamentales de la espantosa miseria y atraso de nuestros pueblos, cometieron impunes y altaneros todos esos crímenes. Ahora ya no podrán hacerlo así, nuestros pueblos están diciendo basta y en las propias entrañas del monstruo –donde se están asomando con creciente fuerza los rasgos de una pobreza tercermundista-- empiezan a escucharse los ecos de Lincoln, Whitman y Luther King, a fructificar la noble sabiduría de los Noam Chomsky y a multiplicarse las Ángelas Davis, los James Petras y las Cindy Sheehan.

Claro, la fiera herida es extremadamente peligrosa, pero bien lo han dicho Chávez y Fidel: ha comenzado el fin del imperialismo, la iniciativa histórica nos pertenece.


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Freddy J. Melo


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