La guerra de los cien años

El Presidente Chávez habla de la guerra de los cien años si EE UU nos invade. En verdad que esta guerra lleva casi doscientos años. Habiéndose acabado las guerras contra el invasor europeo comenzó una desbocada movilización por el poder. Bolívar en 1827 se había trasladado a Venezuela, Sucre se encontraba en el Sur y todo el peso de la tempestad se concentraba en Bogotá: había llegado la hora de que el Vicepresidente Francisco de Paula Santander utilizara argumentos y métodos parecidos a los de Páez, para preparar un estado de guerra civil.

No pudiendo sublevar cuarteles, Santander optó por provocar un escándalo en el ejército colombiano -libertador del Perú-, estacionado en Lima. La excusa sería la defensa  de la Constitución. Situación que le venía de perlas en momentos cuando el Libertador había perdonado a los revoltosos de Venezuela, a los anticonstitucionalitas de Páez, Guzmán y Peña.

El objetivo era sublevar a la Tercera División del ejército colombiano comandada por el general venezolano Jacinto Lara, la fuerza militar más importante en el Sur. Uno de sus oficiales, enviado con órdenes expresas desde Bogotá -coronel granadino José Bustamante- depuso y encarceló a los jefes venezolanos e hizo después un acto ridículo de fidelidad a la Constitución. Las imprevisiones de aquel amargo desenlace recayeron como siempre sobre el Libertador, a quien sus propios amigos acusaban de haber dejado al general Jacinto Lara en tan delicado cargo.

Ya estaba en plena marcha la inmensa red subversiva que Santander había armado con Henry Clay, Secretario de Estado de los Estados Unidos, el diplomático Anderson radicado en Bogotá y William Tudor, cónsul de los EE UU ante el Gobierno del Perú. El que incitó y coordinó la acción Bustamante fue  William Tudor. Si Bustamante fracasaba se tenía listo el plan B que consistía en preparar la guerra del Perú, dirigida por el general Lamar (prácticamente convertido en Presidente del Perú por la acción norteamericana) contra Colombia, en cuyos intríngulis estaba también bien metido Santander. Como era difícil desestabilizar Colombia, entonces había que empezar por el Sur.

Los espías al servicio de William Tudor, consiguen una importante correspondencia entre unos papeles de Jacinto Lara; Tudor envía un informe, el 3 de febrero de 1827 , al Departamento de Estado en el que dice: “se encontraron muchas importantísimas cartas de Bolívar, de Sucre y de otros generales, las cuales arrojan considerable luz sobre los designios del primero y serán una ayuda poderosa para Santander en sus esfuerzos para proteger la Constitución de Colombia contra los pérfidos designios del Usurpador...[1]

Estrechamente trabajando con Santander, Tudor frotándose las manos al ver que el “Coloso” se encontrará en serios y violentos aprietos, agrega en su informe: “La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente destruidos, es una de las más consoladoras. Esto no es motivo de felicitación en lo relativo a la América del Sur, liberada de un despotismo militar y de proyectos de insaciable ambición que habría consumido todos sus recursos, sino que también los Estados Unidos se ven aliviados de un enemigo peligroso en el futuro... si hubiera triunfado estoy persuadido de que habríamos sufrido su animosidad...[2]

EE UU estaba echando las bases para la organización de un sistema colonialista y esclavista para América Latina, porque Tudor añade que la fe principal que mueve al Libertador es “su odio a la esclavitud y el deseo de abolirla. Leed su incendiaria diatriba contra ella en la introducción a su indispensable Constitución;... contémplese el Haití de hoy y a Cuba (inevitablemente) poco después y al infalible éxito de los abolicionistas ingleses (no por virtud, eran abolicionistas); calcúlese el censo de nuestros esclavos; obsérvense los límites del negro, triunfante de libertad y los del negro sumido en sombría esclavitud, y a cuántos días u horas de viaje se hallan el uno al otro; reflexiónese que... la gravitación moral de nuestro tiempo... es la afirmación de los derechos personales y la abolición de la esclavitud ; y, además, que , por diversos motivos, partidos muy opuestos en Europa mirarían con regocijo que “esta cuestión se pusiera a prueba en nuestro país”; y luego, sin aducir motivos ulteriores, júzguese y dígase si el “loco” de Colombia podría habernos molestado. ¡Ah, Señor, este es un asunto cuyos peligros no se limitan a temerle a él...![3]

Así pues, que la trama para destruir la Gran Colombia se armó en Parú, con la estrecha ayuda del Departamento de Estado de EE UU. El 27 de mayo de 1827, Tudor escribirá a Washington: “Ayer recibí una carta del coronel Elizalde, quien manda la división que entró en guayaquil… Me informa que todo marcha de la manera más favorable; que el 27 despachó una columna con dirección a Quito para que se una a la División mandada por Bustamante, quien entró el 25 del mismo mes, todos los cuales están ahora indudablemente en Quito… El general Santander habría recibido la noticia del movimiento de aquí con satisfacción y le habría escrito a Bustamante aprobando su conducta.[4]

Como fracase la tentativa de Bustamante, entrará en acción Lamar, en la que EE UU pone sus más altas esperanzas, por cuanto que según Tudor: “La Mar es indudablemente el primer general de la América del Sur… Bolívar, que originalmente fue sólo un capitán de milicias, es inferior a él… Si llegan a chocar, estoy plenamente seguro que, a menos que la superioridad de fuerzas sea muy grande del lado de Bolívar, éste será derrotado…[5]


[1] Citado en “Bolívar: Pensamiento Precursor del Antiimperialismo”, Francisco Pividal, edición IMMECA, UNELLEZ, 2005, págs. 197, 198.

 

[2] Ut supra, pág. 198.

[3] Ut supra, pág. 198, 199.

[4] Ut supra, pág. 200.

[5] Ut supra, pág. 201



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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