Sin miedo al infierno

El más combativo, encendido, frontal y directo discurso que ha emitido Hugo Chávez en su historia política, lo pronunció este miércoles en las Naciones Unidas. Despojado de hipocresías, del lacayismo y del temor que suelen signar las conductas de muchos mandatarios, que se aterrorizan con la sola idea de enfrentar el poder norteamericano, el Presidente venezolano llamó a las cosas por su nombre y calificó de diablo a quien se atreve a sentirse el amo del mundo.

No dudamos que algunos de los asistentes se habrán visto incómodos en una silla que a lo mejor les resulta grande cuando dicen representar a sus pueblos oprimidos, pero estamos seguros de que los hombres negros presentes ahí en nombre de las hambrientas naciones africanas; que los latinoamericanos que han sufrido en carne propia los rigores de las intervenciones gringas; que los árabes a quienes Occidente ha demonizado y atacado al extremo; que el más de un centenar de repúblicas que ya se han sumado al movimiento de los No Alineados, víctimas siempre de las políticas económicas que se imparten desde el Norte para empobrecer al Sur; que los asiáticos que han hecho esfuerzos titánicos porque sus economías se alcen con independencia frente a la hegemonía del capital norteamericano, deben haber sonreído de satisfacción al escuchar a un hombre humilde, venido de un país pequeño y tercermundista, decirle a Bush las verdades que querían escuchar.

El "yo acuso" de Hugo Chávez no escatimó en adjetivos. Incluyó las calificaciones de fascistas, asesinos y genocidas los ataques perpetrados contra el Líbano por Israel con la protección de EEUU, que una vez más ejerció su derecho a veto en ese mismo organismo para impedir cualquier sanción contra los sionistas. El día anterior, Bush, desde ese podio, había pronunciado un cínico discurso en el que abogó por la estabilidad del Medio Oriente, región que ha perdido la paz porque ellos, los estadounidenses, se ven urgidos del petróleo que sustente los dispendios energéticos que su "maravilloso modo de vida americano" ocasiona.

Una vez más, Bush dirigió sus agresiones contra quienes "utilizan el Islam para sem brar sólo muerte y destrucción". Cualquier parecido con las palabras del Papa alemán, antiguo militante de fuerzas fascistas en su juventud, son pura coincidencia. Dijo que su país desea la paz pero no cesan sus ataques contra la soberanía iraní ni contra la autonomía venezolana. Los "terroristas" que viajaban con el presidente Chávez tuvieron que quedarse en el avión, mientras los golpistas de aquí y el asesino Posada Carriles viven cómodamente allá. Algún intento por llamar de otra manera que no sea "doble discurso", a las hipócritas posturas norteamericanas, no es más que un alarde extremo de genuflexión, ésa que con tanto descaro se pasea por algunos medios de comunicación venezolanos y que vieron en el discurso de Chávez un arrebato de irreverencia y falta de respeto, indigno de una colonia como era la nuestra.

Renovado orgullo nacionalista nos produjeron las palabras del Presidente, sentimiento que estoy segura es compartido por millones de venezolanos que poco a poco han ido perdiendo el miedo. Como dijo él, "huele a azufre, pero Dios está con nosotros". Amén mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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