La historia no contada por nadie

Nada bueno se puede esperar de los Estados para Venezuela y el resto de los países de América Latina. Desde los tiempos de Bolívar ya andaban metidos por estas tierras comprando conciencias y desbaratando cualquier proyecto que soñara con la libertad de los pueblos. El proyecto de la Gran Colombia y el sueño de la Patria Grande fueron cortados en seco y en vez de Gran Nación,  surgieron republiquitas y con ellas la pesadilla de la tutela y el sometimiento por parte del imperio norteamericano.  Y desde siempre ha sido así, donde precisamente, las oligarquías nacionales se han arrastrado a los pies de los dirigentes del gran imperio, hasta tal punto que han prostituido los sistemas políticos y entregado la soberanía de nuestros países. Venezuela no ha escapado de esa entrega y esa manipulación por parte de ese poder foráneo.

         Pero por supuesto, esta tierra venezolana ha parido extraordinarios seres humanos que le han salido al frente a los atropellos del Estado imperial. Entre ellos encontramos a Cipriano Castro, quien lideró una revolución para avanzar en la construcción de un nuevo modelo político y que no fuera tan sumiso a los  imperios. También Hugo Chávez,  levantó el ánimo y la conciencia de los venezolanos para no tener miedo a las amenazas del Estado norteamericano. Igualmente, esta tierra de gracia a parido los hijos bastardos,  los “caínes”  que se arrastran babosos ante el gobierno norteamericano y así buscar favores para elevar sus propios egos distorsionados.

         Durante la llamada democracia puntofijista, prácticamente la dirigencia y los gobiernos adecos y copeyanos permitieron el tutelaje permanente de la CIA, el pentágono, la DEA, que vulneraban nuestras institucionalidad como país. Y no solo eso, sino también entregaron la soberanía de la república y nuestra riqueza petrolera era servida en bandeja de oro a los comensales gringos.  A cambio de esos “favores”, la clase dirigente política, en conchupancia con la clase empresarial y el resto de la oligarquía, se apropiaron de los excedentes de las riquezas, amasando grandes fortunas que los hizo más poderosos. Ellos permitieron el saqueo, pero también se aprovecharon del robo y como carroñeros se repartían el botín. Mientras el pueblo fue excluido y sometido a la miseria y la pobreza extrema, ellos vivían una vida de lujos y de derroche.

          La situación era insoportable para nuestro sufrido pueblo, que en silencio soportaba el dolor de la miseria. Pero un día comenzó el despertar y con ello renacieron las esperanzas de un nuevo amanecer. La democracia puntofijista estaba moribunda y Hugo Chávez llegó para darle la estocada final y acabar con la farsa democracia. Una vez desalojados del poder, comenzó la gran conspiración de las oligarquías, de los partidos políticos del puntofijismo, que pronto buscaron apoyo en sus “amos”, quienes comenzaron a financiarlos en sus proyectos de terrorismo contra el Estado venezolano y con ello atacar la revolución. Es por ello que para nada debe sorprendernos que los miembros de esa casta política y oligárquica se arrastren a los pies de sus amos imperialistas y hasta clamar para que invadan nuestro país y liberen al terrible monstruo de ramo verde.



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Eduardo Marapacuto


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