La defensa sudamericana y de la amazonia

Para el 13 y 14 de julio están pautadas, en Bogotá, la Reunión de Ministros de Defensa de la Comunidad Sudamericana de Naciones, y la 1ª Reunión sobre la Defensa y Seguridad Integral de la Amazonia, dentro del marco de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónico. Nada más necesario si se desea integrar el espacio sudamericano como una región geoestratégica, y si se aspira preservar la Amazonía como una región geográfica provisora de recursos para el sostenimiento de la vida en el subcontinente, y en el planeta en general. Ciertamente, Sudamérica, junto con el África Subsahariana, constituye uno de los espacios más inseguros del planeta, por su relativa indefensión frente a las agresiones y la intervención externa. Y la cuenca del Amazonas, con sus bosques húmedos tropicales, su biodiversidad, los recursos de su subsuelo y el agua, ha sido amenazada con una internacionalización, que de hecho la colocaría bajo el dominio de las grandes potencias, despojándosela a sus propietarios históricos.
No obstante, preocupa que la agenda de los encuentros mencionados no contemple los problemas de hecho, vinculados con la paz y la seguridad estratégica de estos espacios, tal como se concibe en el marco del derecho internacional público, sino que se incluyan cuestiones ordinarias de seguridad ciudadana, encuadradas en el derecho penal. Ni el narcotráfico, ni el terrorismo, ni los secuestros, ni el tráfico humano, ni el contrabando de armas ligeras, ni conductas antisociales similares, constituyen amenazas a la autodeterminación de los pueblos y a la utilización, para el progreso humano de los recursos del territorio bajo su dominio. Son asuntos que se manejan jurisdiccionalmente, mediante la represión judicial de los infractores. No sucede lo mismo, con la infiltración de fuerzas militares o paramilitares; el despliegue de fuerzas armadas, o de bases operacionales para apoyar tal acción; las carreras armamentistas; las guerras coloniales y de intervención; el estimulo o la acción para instigar la lucha civil; o, el terrorismo político, precursor del terrorismo bélico, que serían puntos de una agenda de seguridad estratégica destinada a garantizar la paz.

A esas materias, y otras similares, es que está referida la cuestión de la paz y la seguridad internacional, constituyentes centrales de la Carta de la ONU y de la Declaración de la ONU de 1970 sobre el fortalecimiento de la Seguridad Internacional. Los temas propuestos, como centro del debate de las reuniones anunciadas, son una deformación grosera de estas intensiones, usados como coartada, justamente para amparar injerencias e intervenciones yanquis, ilegitimas e ilegales, de carácter unilateral. Se escudan en una falacia que ecuaciona la seguridad con el desarrollo. Precisamente, el subdesarrollo de esta región es producto de su indefensión, y no a lo inversa. De modo que el fortalecimiento de su defensa, que la libre de la acción agresiva externa, es el mecanismo para garantizar su progreso.

alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas


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