Unificación de Indoamerica

Tiene razón el Presidente Chávez cuando afirma que dentro de los esquemas actuales de integración es imposible la formación de una comunidad de naciones indoamericanas. El mero concepto de integración es de naturaleza geográfica, y esta vinculado a la configuración de una región geoestratégica. Un gran espacio, con características y funciones que tengan influencia global. Pero no implica la fusión de comunidades, con semejanzas etnoculturales, estructuradas como una poliarquía. Una pluralidad de centros de poder, como es el caso de los pueblos de “raza cósmica”, situados al sur del Río Grande. En su acepción actual, la idea de integración abarca dos procesos: la interconexión física de un gran espacio; y, la conformación de un mercado en el espacio interconectado. No incluye la unificación de los pueblos que actúan en ambos ámbitos. En todo caso, si se quiere hacer persistente la integración, un paso previo es la fusión de la población. La persistencia de los nacionalismos, si no impide, obstaculiza el proceso de integración, como es el caso de la Unión Europea.
Tal vez uno de los casos más exitosos de integración de grandes espacios, no en una región geoestratégica sino en un país, es el de los EEUU de América. Justamente, la crisis más grave que ha aquejado ese proceso (la Guerra de Secesión), fue la originada por los esfuerzos para integrar el mercado. Es indiscutible el papel que jugo la comunidad de hábitos comunicacionales entre los grupos que dominaban los 13 estados originales que conformaron la Unión Angloamericana. Pero también es innegable el rol de las instituciones de gobierno, no sólo en la constitución de un Estado, sino en el mantenimiento de la unidad del pueblo, y en la ampliación del ámbito geográfico de dominio. Sin dudas, en el entorno indoamericano, la comunidad de hábitos comunicacionales es un hecho que favorece la unificación, pero la poliarquía, con el nacionalismo que ella ha desarrollado, es el obstáculo fundamental, especialmente si le proceso se encara desde la perspectiva de la formación de un mercado, por naturaleza competitivo. Y ese hecho se incrementa, cuando la balanza de flujos hacia el exterior, como es el caso de los estados indoamericanos, es superior a la de los flujos internos. Es en el cambio de esta relación, conjuntamente con la creación de instituciones de gobierno supranacionales, donde se encontrarían las respuestas a los problemas presentes en el proceso de integración. Obviamente, con los actuales niveles de nacionalismo, el restablecimiento de un régimen regional de dirección es casi tan arduo como la integración del mercado. De modo que el camino inmediato es la reversión de la propensión a privilegiar las transacciones internacionales de carácter extraregional. Un objetivo que depende en alto grado de la movilidad social interna de los pueblos de la región y de su desarrollo político-económico. Una tendencia que es la dominante en Venezuela, y al parecer tiene auge en todo el campo indoamericano.

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Alberto Müller Rojas*


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