La ultra-escualidez racista de Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa nació en cuna de oro. Como todo lo tenía, decidió
hacerse un chico rebelde, comunista. Pero esto era muy falso en él. Cuando
recibió el Premio Rómulo Gallegos en los sesenta, dijo que daría el
metálico del Premio para la causa guerrilla venezolana. Nunca lo hizo. A
partir de los setenta comenzó a moverse decididamente hacia la derecha,
esto de manera pública aunque en realidad siempre se había mantenido en lo
que era: un inmundo y degenerado fascista. En los noventa, ya declarado
todo un defensor del libre mercado, recorría el mundo fustigando a la
revolución cubana y recibiendo invitaciones de la mafia de Mass Canosa, es
decir de la gente de Posada Carriles, para condenar cualquier movimiento
izquierdista o medianamente izquierdista. Era un agente del franquista
Aznar, de Toni Blair y Bush.

En los últimos tiempos este señor, ya sin la menor vergüenza, quitándose
cuantas caretas de humanista se ha venido encasquetando desde que se hizo
españolino, ha derramado toda su flema brutal, de hijo mimado de la CIA,
contra los gobiernos de Chávez, Kitchner, Lula y Evo Morales.
Lo que más le ha estremecido es que un indio como Evo gobierno en Bolivia
y que un mulato por Chávez pueda haber llegado tan lejos en sus ataques
contra EE UU.

Hace unas tres semanas escribió la siguiente bazofia contra EVO: “Su
atuendo y apariencia, que parecían programados por un genial asesor de
imagen, no altiplánico sino neoyorquino, han hecho las delicias de la
prensa y elevado el entusiasmo de la izquierda boba a extremos orgásmicos.
Pronostico que el peinado estilo “fraile campanero” del nuevo mandatario
boliviano, sus chompas rayadas con todos los colores del arcoiris, las
casacas de cuero raídas, los vaqueros arrugados y los zapatones de minero
se convertirán pronto en el nuevo signo de distinción vestuaria de la
progresía occidental. Excelente noticia para los criadores de auquénidos
bolivianos y peruanos y para los fabricantes de chompas de alpaca, llama o
vicuña de los países andinos, que así verán incrementarse sus
exportaciones”. ¿Qué tal?

Si analizáramos una a una cada expresión de esa bocanada de vulgaridades,
de sus burdas burlas y bajezas como si le indignara que el indio Evo
pudiera llegar a donde ha llegado y ser recibidos, con su humildad y
naturalidad, por altos jefes de Estado. Por fuerza, para él, Evo debe ser
un hombre digno de recibir sus más agudas chanzas, de burlas y desprecios
por vestir como viste, por ser como es y de ponerse lo que se ponga.
Pero él que ríe sus miserias se permite hacer cabriolas y esperpentos con
sus propias posiciones fascistas y añade: “No hace muchos años parecía un
axioma que el racismo era una tara peligrosa, que debía ser combatida sin
contemplaciones, porque las ideas de raza pura, o de razas superiores e
inferiores, habían mostrado con el nazismo las apocalípticas consecuencias
que esos estereotipos ideológicos podían provocar. Pero, de un tiempo a
esta parte, y gracias a personajes como el venezolano Hugo Chávez, el
boliviano Evo Morales y la familia Humala en el Perú, el racismo cobra de
pronto protagonismo y respetabilidad y, fomentado y bendecido por un
sector irresponsable de la izquierda, se convierte en un valor, en un
factor que sirve para determinar la bondad y la maldad de las personas, es
decir, su corrección o incorrección política”.

Usa el odio racial que le subleva la sangre por ver a un indio en la
presidencia de Bolivia, y como cobarde, esgrime una sarta de de
manierismos ridículos para defender a los blancos del tipo del gringuito
Gonzalo Sánchez de Losada (el tuvo que huir como el representante máximo
de esa clase que defiende Vargas Llosa). Dice Vargas Llosa: “Plantear el
problema latinoamericano en términos raciales como hacen aquellos
demagogos es una irresponsabilidad insensata. Equivale a querer reemplazar
los estúpidos e interesados prejuicios de ciertos latinoamericanos que se
creen blancos contra los indios, por otros, igualmente absurdos, de los
indios contra los blancos. En el Perú, don Isaac Humala, padre de dos
candidatos presidenciales en las elecciones del próximo abril —y uno de
ellos, el teniente coronel Ollanta, con posibilidades de ser elegido— ha
explicado la organización de la sociedad peruana, de acuerdo a la raza,
que le gustaría que cualquiera de sus retoños que llegara al Gobierno
pusiera en práctica: el Perú sería un país donde sólo los “cobrizos
andinos” gozarían de la nacionalidad; el resto —blancos, negros,
amarillos— serían sólo “ciudadanos” a los que se les reconocerían algunos
derechos. Si un “blanco” latinoamericano hubiera hecho una propuesta
semejante hubiera sido crucificado, con toda razón, por la ira universal”.

A poco de concluir esta mofa contra Evo, se dispuso a elaborar otra contra
Chávez por antisemita y por haber atacado despiadadamente a Sofia Imber,
arrancado del Museo de Arte Contemporáneo su especioso nombre. Como todo
un personaje señor supremo en el reino de la tiranía de los medios,
soberbio, prepotente y manipulador, se permite disparar con saña lo
siguiente: “La Fundación Internacional para la Libertad vio con enorme
consternación sus recientes manifestaciones antisemitas. Por esa razón,
nos pareció oportuna justificada la carta de protesta firmada por un grupo
de intelectuales venezolanos preocupados con esa execrable manifestación
racismo. Entre los firmantes del documento aparecía la periodista Sofía
Ímber, y acabamos de saber que, en represalia por haber sumado su voz a
las de otros notables demócratas venezolanos, el Gobierno ha tomado la
decisión de eliminar su nombre del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas
Sofía Ímber que ella fundara y convirtiera en una de las instituciones
culturales más importantes y respetadas de América Latina.

Protestamos con toda nuestra energía contra esa forma mezquina de castigar
a una honorable venezolana por expresar su opinión. Esa injusta acción,
que le pedimos revoque inmediatamente, aumentará el descrédito de su
gobierno, aunque no mermará ni un ápice el prestigio de la señora Sofía
Imber”.
Así escriben, así piensan y así asesinan todos los fascistas en el mundo.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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