¡Viva la Celac sin Henry Clay!

El 7 de diciembre de 1824, el Libertador Simón Bolívar hace la primera Convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá, el cual es el antecedente directo de esta Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños, y cuyo enfoque era antiimperialista, aspecto que la CELAC debe mantener como esencia de su existencia. Anfictionía significa “Confederación de las antiguas ciudades griegas, para asuntos de interés general”. Bolívar estaba convencido de la voracidad imperial hacia Nuestra América. Era un arquitecto de la unidad continental y su ideal de la Patria Grande había sido expresado claramente nueve años antes en la Carta de Jamaica (1815). En ella se refiere explícitamente a la necesidad de una integración político-militar de las naciones recién independizadas del dominio español. Las invitaciones fueron enviadas a los gobiernos de México, Chile, las Provincias Unidas del Río de la Plata y posteriormente a las hasta entonces, Provincias Unidas de Centroamérica, quienes se reunirían con los delegados de la Nueva Granada. La Doctrina Monroe ya se hacía sentir por nuestras latitudes y en el Congreso Anfictiónico de Panamá plasmó sus huellas: el delegado de Estados Unidos, Henry Clay, quien para entonces era Secretario de Estado, bloqueó las iniciativas para la independencia de Cuba y Puerto Rico, le dio prioridad a los intereses comerciales de su país, propuso la construcción un canal interoceánico e instruyó a dos integrantes de esa delegación a que boicotearan y se opusieran a cualquier resolución que naciera del encuentro. Pero este plan se frustra: en parte, porque uno solo de los enviados estadounidenses llegó a Panamá cuando el Congreso Anfictiónico ya había concluido. El otro murió en el camino. Bolívar escribió al General Páez su más citada evaluación del Congreso de Panamá: “institución que debiera ser admirable si tuviera más eficacia, no es otra cosa que aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban. Su poder será una sombra y sus decretos consejos nada más”.

El traslado del Congreso Anfictiónico de Panamá a la villa de Tacubaya en 1826 y las numerosas dificultades que enfrenta la instalación de la ‘Asamblea americana’ en México durante los siguientes dos años, forman uno de los episodios más oscuros del proyecto bolivariano de confederar a las repúblicas hispanoamericanas. Los intereses sectarios y el fantasma del imperialismo interfirieron para impedir la conformación de la alianza más grande que estuvo a punto de concretarse en la época. En 1829, ocurrió otra indignante intromisión diplomática estadounidense: el representante de los Estados Unidos en Bogotá, General William Henry Harrison, fue descubierto y expulsado por el Gobierno de la Gran Colombia, pero después de lograr su propósito. Actuaba como cerebro de un complot dirigido a derrocar a las autoridades bolivarianas de ese país. Para ello contaba con un traidor silencioso: Santander. Sin embargo, logró dos nefastos objetivos: el asesinato en Berruecos del Abel de América, Antonio José de Sucre, y un año después, tal como lo tenía planeado, la disgregación de la Gran Colombia. Tenía razón Bolívar cuando en la carta de Guayaquil hace la siguiente reflexión: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”.

*Profesor Universitario
olaya902@gmail.com


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Alí Ramón Rojas Olaya / CiudadCCS

Músico. Promotor cultural. Docente.

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