Letra Fría

Si se inicia el remate gringo

Una cesación de pagos o “default” es como el “forfeit” que se aplica cuando en el terreno deportivo un equipo no se presenta a cumplir sus compromisos. El “default” implica que los acreedores se quedarán esperando en vano que se presente el deudor con un cheque de gerencia o con varios camiones blindados repletos de barras de oro o, en su

defecto, de platino.

En Estados Unidos los expertos en cobros al brinco rabioso determinaron que el 2 de agosto de 2011 era la fecha límite para que el gobierno que preside Barack Obama se bajara de la mula con los pagos del gasto público. En tales casos los gringos no tienen piedad con la miseria y, sea quien sea el deudor, no puede salir con excusas babosas como alegar que se le murió la abuela o que tiene una hijita enferma.

La estructura financiera del sistema se basa en la inflexibilidad del cobro, pues negocios son negocios y lo demás es pupú de perro. El meollo del modo de vida norteamericano estriba en que la avaricia no sólo no constituye un pecado capital sino que es la conducta más apropiada para reunir el capital destinado a iniciar cualquier empresa.

Durante los prósperos y dinámicos gobiernos de los Bush, padre e hijo, cuando las amenazas de guerras estaban en pleno apogeo y se podía anticipar que la armada, los marines y la fuerza aérea gringa iban a desguazar a cualquier país que se pusiera flamenco, el Congreso controlado por los republicanos no lo pensaba dos veces para subir los niveles del endeudamiento gubernamental. Total ¿qué negocio más seguro que una guerra contra un país tercermundista y con petróleo de sobra en el subsuelo?

Por su parte los militares estadounidenses tenían la delicadeza de no bombardear demasiado las instalaciones industriales, para que la Halliburton o la empresa designada pudiera reiniciar operaciones con el mínimo de gastos.

Naturalmente no se podían evitar ciertos daños como la destrucción de la Biblioteca de Bagdad, repleta de objetos de valor sentimental como fragmentos del Código de Hammurabi y demás peroles de la época de Matusalén u otro vejestorio parecido.

Lo que debe entender Obama es que resulta necesario iniciar una guerra productiva a la brevedad posible. De lo contrario tendrían que empezar a rematar parafernalia militar. En tal caso sería conveniente que el presidente Chávez intente comprar varios portaaviones que emplearíamos para subsanar las fallas eléctricas.

Con uno en el Lago de Maracaibo, otro en Pampatar y uno más en el Orinoco, se le daría luz a media Venezuela. Además servirían para instalar canchas de fútbol o consultorios de Barrio Adentro.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández / CiudadCCS


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