El reparto del botín

Con Francia a la cabeza de los más frenéticos partidarios de la intervención en Libia, esta semana transcurrió en un estira y encoge entre la Otan, que no se consideró suficientemente consultada para la decisión que tomó el Consejo de Seguridad de la ONU, y aquellos países que, después de haberse abstenido pudiendo haber votado en contra, se rasgaron las vestiduras por los primeros bombardeos.

Alguien dijo por ahí que lo que pasa es que ninguno de esas naciones era realmente de izquierda, refiriéndose a China y Rusia, pero nosotros humildemente creemos que en realidad el asunto no se dirime entre izquierdistas y derechistas, sino entre aves de rapiña pugnándose por ver cuál agarra la mejor tajada. En eso, todas son diestras.

Hablan ya de una era post-Khadafi (de paso, aclaramos que cuando escribimos esta nota, aún el líder libio estaba en su puesto) asumiendo su derrota de antemano, sin considerar el baño de sangre que tal cosa supondría, ni mucho menos la desvergüenza de un montón de aprovechadores que sacaron partido de la billetera de líder libio, léase Sarkozy, cuando aquél aún no había caído en la desgracia que la voracidad por el petróleo genera.

Para Venezuela es obligatorio mirarse en ese espejo porque a la antipatía que nos ha sembrado la cizaña mediática, que nos coloca en la lista de los peligrosos, tenemos que sumarle, no sólo animadversión política, sino algo más importante, la riqueza de nuestro suelo y la abundancia del agua en nuestro territorio. Las guerras hoy en día no se libran por cuestiones ideológicas, como fue en los tiempos previos a la Segunda Guerra Mundial, sino que se desatan por el control de los recursos naturales y de la droga. Claro ejemplo es Cuba, una isla que ha sobrevivido medio siglo a un bloqueo, simplemente porque a los gringos les ha entretenido más hacerles la vida difícil que tirarles un bombazo y acabar con un pedazo de tierra donde lo único que abunda es calor humano.

Tener petróleo y agua, lejos de ser una bendición como uno podría suponer, representa una amenaza para las generaciones futuras. Ya nos tocará a nosotros ver movimientos independentistas que busquen crear la República Federal del Estado Zulia o el Estado Libre Amazónico, no sólo porque tenemos un Presidente controversial, sino porque pareciera que no estamos muy dispuestos a seguir regalando esos recursos que con tanta ansia persiguen los grandes.

No nos sintamos invulnerables ni creamos que estas guerras se ganan a punta de dignidad, como la que le ha permitido al pueblo cubano resistir tanto tiempo. Armémonos más bien de conciencia y de mucha claridad a la hora de tomar partido. El país es uno solo y quien quiera entregarlo a manos extranjeras es simplemente un traidor, así tenga las manitas blancas o la cabeza llena de canas. Todo aquel que se sienta venezolano, chavista o no, está obligado a cerrar filas con la patria y su emancipación. Aquí no caben titubeos ni excusas triviales, como que Chávez se tiene que ir para que volvamos a ser felices y los marines gringos nos pueden ayudar en ese cometido. No sigan perdiendo tiempo en bolserías. Pensar en otra cosa es atentar contra nuestra soberanía. Y eso no tiene perdón.

Mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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