Los más "papistas"

Francia y el Reino Unido resultaron ser los más acérrimos propulsores de la medida contra Libia, e incluso estaban muy molestos por las supuestas dudas gringas frente a la resolución final. Para el viernes ya tenían listos sus aviones, ansiosos de demostrarles a los norteamericanos que ellos son fieles discípulos y que no han olvidado ni dejado atrás sus prácticas colonialistas.

Para hacer más incomprensible el asunto, Alemania se sumó al grupo de los que no votaron en contra, como se esperaba de países con políticas internacionales contrarias a los de arriba, pero que optaron por la cómoda postura de la abstención. La diplomacia y la ONU, ya lo hemos dicho, son un esperpento que legitima indignidades y a la hora de la verdad no sirve para el fin que debería: preservar el derecho de los pueblos a dirimir libremente sus asuntos internos. Seguimos preguntándonos qué hacemos allí.

Obama dijo el jueves que le "preocupaba" la intención de Aristide de regresar a Haití, país de donde a ese Presidente los norteamericanos lo secuestraron, lo montaron en un avión y lo mandaron para Sudáfrica. Pero cuando "Baby Doc" Duvalier, acusado de crímenes de lesa humanidad, pisó esa tierra, no abrió la boca para expresar ninguna incomodidad.

¿Qué ha hecho el Consejo de Seguridad de la ONU para restituirle a Aristide sus derechos como gobernante? Ni un avioncito de papel han amenazado con mandar a Haití los lacayos británicos, mientras están tan ávidos del petróleo libio que hasta les ofrecen la posibilidad de obtener la residencia en su reino, a los magnates árabes que depositen en sus bancos cinco o más millones de libras. Mientras más alta sea la cantidad, más rápido será el trámite. El vil metal siempre se impone.

¿Dónde estaba el Consejo de Seguridad de la ONU cuando EEUU invadió Iraq sin su consentimiento? ¿O cuando Israel bombardeó despiadadamente el Líbano? A lo mejor les mandaron una cartica a sus muchachos predilectos, recordándoles que tienen que disimular para que el mundo no se dé cuenta del descarado favoritismo.

Divide y vencerás, dice el refrán, y ése es el fin en Libia. Un pedacito de rico suelo para cada quien y listo. Petróleo liviano seguro. Eso es todo.

Mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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