Pila… pila… que no es la pilandera

 No se trata de la pila como un conjunto de cosas situadas unas sobre otras, tampoco del recipiente donde se recoge agua y, mucho menos, de la pila bendita como tampoco la pilandera de la canción colombiana. Se trata más bien de ponernos esa pila que transforma directamente en energía eléctrica la energía desarrollada en una reacción química. El imperialismo es reacción químicamente pura en beneficio de unos pocos mientras que el socialismo es electricidad haciendo nacer y lucir luz para toda la humanidad.

En el mes de marzo del presente año, sin nada de pitoniso ni de astrólogo, hice público un artículo titulado “Preparémonos para lo que casi seguro nos viene encima”, donde señalaba la casi inevitable derrota electoral de los demócratas en la próxima elección para la presidencia de Estados Unidos. Y, además, exponía –cosa que no se sabe aún- que el candidato potencial de los republicanos sería el senador Scott Brown. Todas las encuestas dan con una ventaja entre 5 y 8 por ciento al partido republicano sobre el partido demócrata.

Los republicanos tienen dos características muy especiales que faltan a los demócratas, aunque cuando alguno de éstos las posee termina siendo el mejor de todos los republicanos. ¿Cuáles son?: 1.- llevan el pragmatismo a la máxima expresión reaccionaria; y 2.- no congenian con la abstención. Eso les da una ventaja a la hora de momentos tensionados y en procesos electorales cuando los intereses del imperialismo requieren de extensión en el mundo eliminando obstáculos sociales o políticos por los métodos más coercitivos o represivos. El presidente Obama, aunque fiel a los designios del imperialismo, no es la figura política más idónea en este tiempo para defenderlos. El hombre ideal, ya no pudiendo ser Bush de nuevo Presidente, es Scott Brown.

 Es necesario repetir algunos argumentos que ya fueron expuestos en “Preparémonos para lo que casi seguro nos viene encima”, agregándole unos nuevos. No hay que ser maya ni científico social como tampoco astrólogo ni experto en el estudio de la Biblia, para sacar algunas conclusiones que, aparentemente, suelen ser interpretadas en su inicio como pronóstico o hipótesis no realizable. Ver la película “2012”, basada en un pronóstico antiguo de que el mundo se destruirá en ese año, deja, por momento, un impacto sicológico donde el sentimentalismo cobra una dimensión realmente humana, por lo menos, en muchos de la audiencia. Los efectos de la trama, basados en la alta tecnología de este tiempo, son realmente impresionantes. En el arte y, especialmente, en el séptimo, la imaginación de la mente humana juega el papel que el laboratorio en la práctica de la ciencia. Definitivamente, el desarrollo del arte es la prueba más alta de la vitalidad y la importancia de una época, al decir del camarada León Trotsky. Por suerte o privilegio también nos dijo que el socialismo no es ascético y éste se opone con profundidad y carácter científico, como a toda falsa creencia, por su relación con este mundo y sólo con él; la persona humana no comienza en el anhelo por la vida cómoda, sino donde este anhelo concluye. El mundo no se acabará en el 2012 y menos en la forma descrita en la película. Ojalá un estudioso o crítico del séptimo arte nos ilustre y nos alumbre sobre el fondo de ese género de ficción, porque desde hace unos años para acá las grandes empresas cinematográficas se ocupan, así lo entiendo, de crear terror en la sicología humana para mayor estabilidad y seguridad del capitalismo salvaje. Y para ello, ahora y este es un nuevo argumento,  tienen la urgente necesidad de crear un héroe principal que en el caso de la película “2012”  ya no es el presidente Obama, sino un republicano que ponga “orden” en el “desorden” de la rebeldía del mundo contra las perversiones de la globalización capitalista salvaje. Ese héroe, si no estoy equivocado, será Scott Brown.

¿Por qué?

 Tal vez, ya pocos o muchos políticos o sociólogos en el mundo lo tengan pensado y no lo han dicho o, quizá, muy pronto lo van a expresar cuando posean a la mano mayor convicción de la creencia. No se trata de un pronóstico científico pero tampoco astrológico. Las crueles realidades que son irrefutables en este mundo y que perjudican a la aplastante mayoría de la raza humana para favorecer a una minoría cada vez más reducida, nos permite desarrollar una intuición –incluso- animal para hacer suposiciones que contienen en sí mismas una buena dosis de verdad antes que ésta se materialice o se compruebe como tal. ¡He allí el valor de instinto subconsciente en el ser humano! No juega ningún rol decisivo para anticiparse a los acontecimientos, pero sí lo hace en esos momentos de crisis agudas y virajes tormentosos en que, incluso, se asoma el rostro de algún fenómeno realmente revolucionario.

 Scott Brown fue elegido senador hace unos meses por Massachusetts.  Y ser senador en Estados Unidos es gozar de una potestad por encima de casi todos los presidentes de las naciones que se conciben como del tercer mundo. Este personaje acabó con la hegemonía demócrata, que durante cinco décadas llevó al extinto Ted Kennedy al senado de los Estados Unidos. Scott Brown, para conocerlo bien y determinar de lo qué es capaz de hacer, es necesario saber que pertenece al ala o tendencia más radical de la derecha republicana. Eso es ya en sí mismo un dato que espeluzna, porque tiende a ser un poco más allá de reaccionario que George W. Bush. ¡Santo Dios! Es como apretarse bien la correa para que en la carrera no se le caigan los pantalones.

 Scott Brown posó en una oportunidad desnudo en una revista para que todos y todas le vieran el cuerpo y no quedara nada oculto de su piel, aunque la mayoría seguiría desconociendo, por lo menos hasta ahora, lo que dentro de su cerebro o su alma porta como arma para descargarla cuando lo permitan las circunstancias en que juegue un rol distinguido y primario en la política estadounidense, tanto en el interior como en el exterior.

 Scott Brown tiene cincuenta años de edad y tendrá cincuenta y dos en la próxima elección para decidir el próximo presidente de Estados Unidos. No olvidemos que la sociedad estadounidense es pragmática por el ángulo que se le estudie. El empirismo y el racionalismo conforman su filosofía nacionalista. Y esa mezcla es siempre cerrada a cualquier intento o acontecimiento que se proponga la redención del ser humano, porque su pensamiento guía es la expoliación al trabajo y la riqueza ajenos. Scott Brown no sólo tiene a su favor un físico que atrae el voto femenino, sino que alberga en su curriculum o conciencia un historial de salvajismo político que contribuye a que los que les gusta vivir de la explotación y opresión de los esclavos (en lo interno y en lo externo) se inclinen por él.

 Desmenucemos ese historial sin asombrarnos y aterrorizarnos, pero sí con la preocupación que hace necesaria la preparación para resistir, oponerse y derrotar posturas criminales de lesa humanidad.

 El senador Scott Brown es el crítico más severo, en el Congreso estadounidense, de las políticas del gobierno del presidente Obama. Acusa a éste, en otros términos, de poseer rasgos humanos y ser blando de mente y corazón. No le perdona que sea de la raza negra, y ésta no nació, no se crió, no se desarrolló ni jamás podrá prepararse para gobernar a Estados Unidos. Un acto de locura inconsciente, de ignorancia masiva, de sueño ficticio, hizo que Obama ganase la presidencia de Estados Unidos, y eso hay que remediarlo lo más pronto posible por el bien de los grandes y poderosos magnates de la economía, de la aristocracia estadounidense, del dólar y los marines que lo custodian. Así piensa el republicano más conservador y reaccionario de los demócratas estadounidenses en este momento de la historia del mundo.

 El senador Scott Brown tiene grandes probabilidades de ser el próximo presidente de Estados Unidos. Obama ha sido, para miles y miles de votantes, un fraude que se ha ocupado es de beneficiarse personalmente. Ya recibió, sin siquiera lanzar una piedra a favor de la verdadera justicia social, un Nóbel de la Paz que él mismo dijo no se merecía. Los republicanos no se pueden dar el lujo de lanzar de candidato a un viejo que ya tenga, por ejemplo, encima siete décadas de edad. Obama, con toda la baja de popularidad que tenga, se lo echaría al pico. El candidato ideal es Scott Brown.

Scott Brown es un amante fervoroso del incremento armamentista de Estados Unidos y que sea lo más sofisticado posible, que maten a la mayor cantidad de gente posible pero que no afecten las riquezas naturales que deben ser ocupadas y expropiadas por los más poderosos y ricos monopolios de la economía estadounidense. Es un amante fervoroso de la aplicación de la tortura física y sicológica contra toda aquella persona que se crea enemiga de los intereses económicos, políticos e ideológicos del Estado estadounidense. Es un amante fervoroso de la negación del servicio de salud a los pobres y por ello se opone con ofuscación irritante a la reforma propuesta por Obama. Es un amante fervoroso del expansionismo de la guerra y por eso es en lo único que apoya a Obama en relación con el incremento de fuerzas militares y armas en Afganistán. Cuatro PhD que, seguramente no los envidiaría el Diablo supremo de todos los diablitos, serían el clímax de la esperanza desquiciada de quienes se disputan quién comete más genocidios y atrocidades en este mundo absurdo de pies a cabeza. Por lo demás su odio y desprecio por la homosexualidad y el lesbianismo son expresión de nazismo y no de un régimen y una sicología que sepa entender, para buscar la cura, a miles y miles de personas que padecen de esas desviaciones de sexo.

Scott Brown es el hombre, es el político, es el ideólogo que nos promete, en los cercanos años venideros, el imperialismo supremo y más cruel del mundo como la persona ideal para dirigir los destinos de Estados Unidos e imponer sus designios al resto del planeta. Es el retrato patético de George Bush con rostro más alargado y ancho en el sentido de un sistema de altísima perversión social.

Estamos en el año 2010. Si Bush no realizó operaciones más radicales contra algunas naciones de América Latina fue, sencillamente, porque se encontraba demasiado embrollado, atareado y cosa que lo tenía al borde de la locura más delirante en las guerras de Irak, Afganistán y en evitar la influencia iraní en el Oriente Medio. Pero estamos seguros que de Scott Brown ganar la presidencia de Estados Unidos no escatimará esfuerzo alguno en propiciar una cadena de golpes de Estado (tipo Honduras o Haití) para acabar con todo lo que considere representa una amenaza para la estabilidad, dominio y saqueo de muchas regiones del mundo por parte de los poderosos monopolios económicos estadounidenses.

En el año 2012, hay que repetirlo, no se acabará el mundo como lo profetizaron pitonisos, astrólogos y brujos de otros géneros, pero sí será un año de profunda tensión sobre lo que al año siguiente vaya acontecer en el proceso electoral de Estados Unidos para elegir el nuevo presidente de la República o la continuidad de Obama que todo indica, caerá por la base de castillo de naipes que lo sostiene. Un blanco puede hasta equivocarse durante ocho años continuados y eso lo sabe perdonar el pragmatismo estadounidense, pero para un negro basta uno o dos años para ser juzgado y condenado por sus actos y sus pensamientos y, especialmente, si no son de radicalismo al servicio de esos oscuros intereses de egoísmo y usura que tejen la conciencia de los más fervientes amantes de la explotación y la opresión de clases, de naciones, del hombre y de la mujer esclavos.

Si lo descrito anteriormente nada nos dice, entonces, echémonos a dormir como el camarón, pero luego no nos quejemos cuando nos lleve la corriente y no sepamos a qué destino vamos.



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Freddy Yépez


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