La exigencia de la Ingrid Betancourt brota del ser profundo de Santander

(ENSARTAOS.COM.VE) Ingrid se dejó de vainas y le exigió al Estado una millonaria suma por los daños causados durante sus casi siete años de secuestro. Un secuestro que claramente ella se lo buscó. La Betancourt (SU MADRE TIENE UNAS ESPUELAS DESCOMUNALES) y su familia están reclamando 12.500 millones de pesos, que incluyen los daños físicos y psicológicos causados a ella, a su madre Yolanda Pulecio y a sus dos hijos.

Entre los argumentos que al parecer estaría utilizando la ex secuestrada para sacar adelante la acción de conciliación, se encuentran las supuestas irregularidades de protección y movilización que habrían llevado a su plagio.

Ahora se sabe que eso no fue así, y que ella se buscó el secuestro y al parecer no le fue después de todo tan mal, cuando ahora mantiene relación muy íntima con uno de los norteamericanos secuestrados, Marc Gonsalves como lo ha sostenido el también ex secuestrado Keith Stansell.

Igualmente se sabe perfectamente, según el general William Pérez, comandante de la Decimosegunda Brigada del Ejército, que la Ingrid Betancourt decidió abandonar su cuerpo de seguridad al omitir las advertencias que se le hicieron. Es decir, ella estaba locamente buscando se la llevarán los guerrilleros, y efectivamente se cumplió su deseo.

Lo último que ha dicho la Ingrid es que todo se trata de un acto simbólico aunque todavía la reclamación continúa su marcha.

Todo esto nos recuerda el caso del Francisco de Paula Santander cuando desde Nueva York, el 31 de mayo de 1832le escribe al señor Gobernador de la provincia de Santa Marta

Que está a punto de regresar a la patria por ese puerto. Melosamente añade con su típica hipocresía que está muy lejos de exigir ningún género de obsequios que reagraven las necesidades del país:

“Yo soy un ciudadano acostumbrado a estar alojado, simplemente y nutrido con sobriedad, y por ningún caso permitiré ni recibir honorarios que degraden a quienes los hacen y pierden a quienes los reciben, pero sí que me paguen mis sueldos atrasados, la deuda que tengo contra el Estado, quién, cuándo y en dónde me la pagan. Yo tengo derecho a reclamar una declaratoria explícita en el particular, aun cuando fuera dueño de una inmensa fortuna; pero es mucho más fuerte este derecho, después de todos los perjuicios que he sufrido desde 1828...”

Al mismo tiempo Santander envió al señor ministro de Hacienda, una carta en la que sostiene más o menos lo mismo que en la anterior, que desea saber:

“Cuál es la deuda que tengo contra el Estado, quién, cuándo y en dónde me pagan. Yo tengo derecho de reclamar una declaratoria explícita en el particular, aun cuando fuera dueño de una inmensa fortuna; pero es mucho más fuerte este derecho después de todos los perjuicios que he sufrido desde 1828, arbitraria privación de sueldos que la ley y mis servicios me habían dado, costos en mi expatriación y regreso al país, saqueo e injuria de mis bienes raíces y todos los males de la persecución. Yo no quiero gravar al Estado, ni pensionar a los ciudadanos en los gastos que tengo que hacer hasta llegar a mi casa, si el gobierno, consultando sus circunstancias, me hace pagar los sueldos que por delicadeza hasta el funesto 7 de noviembre de 1828, y los que, como general fuera de servicio activo, me corresponden desde junio del año pasado.”

“Sírvame usted darme una contestación clara en el particular, distinguiendo el sueldo adeudado como Vicepresidente de la República de Colombia en ejercicio del poder ejecutivo y fuera de él, el sueldo de General de División en servicio activo, después que fui destituido de la Vicepresidencia, hasta la famosa sentencia de 7 de noviembre, y el sueldo que actualmente disfruto...”

No sabemos cómo pudo todo un mundo equivocarse con este hombre con tanta indelicadeza y falta de tacto para tratar diversas cuestiones, que cualquier oficinista de medio pelo habría percibido como una actitud burda, chabacana y altamente egoísta.

Y todo el mundo sabía que era totalmente falso que sus bienes hubiesen sido “injuriados y saqueados”, ya que, los haberes que el Hombre de las Leyes poseía en el país, antes de su destierro, fueron respetados tanto por la administración del Libertador como por los gobiernos subsiguientes.

Es decir, que esta actitud, esta moral y estos sentimientos altamente materialistas todavía causan estragos en la élite colombiana de este siglo. Ahí está el ejemplo de la Ingrid Betancourt, pues, como lo vemos…


jsantroz@gmail.com



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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