El fallo de la Corte Constitucional colombiana

Afrenta póstuma contra Rafael Escalona

Aporrea.org publicó ayer un artículo procedente de Caracol, Colombia, reseñando la decisión de la Corte Constitucional de ese país, donde le niega al artista la tutela de sus derechos de autor, a pocos días de su fallecimiento.

Todas las biografías dicen, con otras palabras, que Rafael Escalona era un aristócrata que componía música de pobres. Lo cierto es que toda su vida estuvo componiendo para que otros cantaran y se convirtió en uno de los padres del vallenato, junto el mítico Francisco el Hombre (Francisco Moscote), Alejo Durán, Calixto Ochoa, Julio Erazo y toda una constelación de eminentes compositores y cantautores colombianos.

Para los turistas con plata y renombre, ir a Colombia era sinónimo de buscar a Escalona y retratarse con él para decir que eran sus amigos; así, una larga lista de zánganos se acurrucaron a la sombra del nombre del compositor que, como el sol, brillaba para todos. Entre ellos estaban, según se dice, algunos paramilitares y el mismísimo Presidente Uribe. Todos le ofrecían lo que no le pensaban cumplir. Escalona fue diplomático, pero hace mucho tiempo. Últimamente se puso a fabricar sombreros. Se dice que los fabricaba y firmaba, pero en un país con la medicina privatizada, eso le sirvió para pagar las clínicas. Como él mismo dijo en una entrevista, sólo le quedaría a su familia los cables de la diálisis.

¿Por qué, si se supone que los artistas viven de los derechos de autor, y él toda su vida fue uno de los mejores?

Porque “todas sus canciones las perdió por un contrato que firmó hace muchos años con discos Fuentes (Edimúsica, su departamento editorial), a través del cual cedió todos los derechos de sus obras, a cambio de un préstamo, o anticipo de regalías, de 150 millones de pesos, del cual todavía hoy debe 80 millones” escribió Yamid Amat, en una entrevista al compositor, publicada en marzo de este año.

“Su corazón está enfermo, pero es su alma la que agoniza” -escribe Yamid- “porque siente que su vida se le va y que su obra se perdió, que nada queda para los suyos ni para su pueblo ni para las aldeas que recorrió ni para las mujeres que amó ni para los 20 hijos que creó. A Ada Luz, su hija mayor, no le queda ni siquiera la casa en el aire que ella inspiró”. Escalona esperaba que sus poemas fueran patrimonio nacional, “Y, hombre, pa’ que haya con qué pagá mi entierro”.

El artista confesó:

_¿Yo? Me estoy muriendo y, desgraciadamente, el caso de nuestros grandes compositores se repite sin imaginación: el día en que mueren hay que reunir limosnas para poder realizar el sepelio.

_¿A usted la Nación no le ha retribuido de alguna manera la infinita riqueza musical que como compositor le aportó?

_No señor, en ninguna forma. Digo, sin vanidad, que según los periodistas y los críticos soy el compositor más famoso que produjo el Siglo XX en este país. ¿Sabe eso qué ha significado para mí? Mire: este es el último cheque que recibí de Discos Fuentes por regalías: un millón 310 mil pesos.

_¿Quiere decir que toda su música no es suya?

_Así es. Mi música es de Fuentes…

_¿Toda su música o unas canciones?

_Toda mi música, porque hicimos un contrato hace muchísimos años para el cobro de los derechos de reproducción, o lo que llaman “fonomecánicos” y yo no sabía lo que firmaba. Mi dolor es que quienes bañamos a Colombia de alegría y le damos prestigio musical a nuestro país en todo el universo, no recibamos ni siquiera para nuestro entierro. Yo no creo que en la funeraria vayan a cobrar sólo el millón de pesos que recibí. “

Escalona demandó al sello Fuentes ante la corte constitucional exigiéndole que le devuelva sus canciones, porque la disquera se apropió de todo por medio de un “préstamo” de 150 millones de pesos hace 10 años. “Cuando comencé me pagaban 25 millones de pesos trimestrales por regalías. Hoy, me dan 1 millón trimestral”. “Es un préstamo” -dijo el artista- “que se paga con regalías que el propio editor recauda y liquida. En este momento no sólo perdí mis canciones, sino que debo la mitad del préstamo.”

En su relación con Rafael Escalona la disquera se pagaba y se daba el vuelto.

Pocas personas serían capaces de creer que este hombre eminente, nacido en cuna de seda y con amistades encumbradas, tendría que morir con la preocupación de no dejarle nada a sus herederos, en medio del mito capitalista de que los derechos de autor sirven para que los autores, compositores y artistas puedan vivir.

Finalmente, como una afrenta póstuma, pocos días después del deceso de Rafael Escalona, la Corte Constitucional falló a favor de la disquera, con una hipócrita recomendación de que le dejen a los artistas una cantidad mínima para que puedan subsistir, y llamado a que se cambie la ley de derechos de autor. Ante una legislación mundial a favor de los capitalistas no hay derechos humanos que valgan.

La historia del Maestro Escalona es sólo un botón de muestra de lo que ocurre y ocurrirá mientras los derechos de los creadores queden en manos de las empresas, que se pagan y se dan el vuelto, aumentando sus riquezas con la explotación despiadada a la gente que crea.

Le debemos a Rafael Escalona, como a todos los artistas de todos los países, que han sido robados por las empresas que los graban o editan, un proceso de transformación en las leyes de derechos de autor y, sobre todo, cortar la cuerda que mueve las marionetas: Los convenios internacionales de “derechos de autor” que son en verdad parapetos urdidos para favorecer a las empresas explotadoras en detrimento de autores, compositores y artistas.


andrea.coa@gmail.com


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Andrea Coa


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