Biopago: revolución tecnológica financiera

"La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias", Albert Einstein. Una de las armas, empleadas por J.M. Santos y Álvaro Uribe para desestabilizar la paz de la República Bolivariana de Venezuela, tiene que ver con el dejar al país sin su efectivo. La frontera occidental venezolana, se convirtió en una aspiradora del efectivo en billetes que convirtió los municipios del lado colombiano en un imán de los billetes venezolanos, al ofertar su compra a precios que inicialmente fueron sobre un 50 por ciento de su valor monetario, pero que, a medida que se acercó la cita electoral, su valor fue creciendo y la oferta se duplicó sobre el valor expresado en papel. Mediante ese artificio, el gobierno colombiano articulado a las bandas paramilitares uribistas, que operan en la frontera del lado colombiano, organizados en casas de cambio, propiciaron el surgimiento de toda una industria del contrabando de billetes venezolanos; cuyos efectos, los fue padeciendo el pueblo venezolano en su devenir diario, imposibilitado como estaba, de adquirir bienes y servicios que facinerosos del lado venezolano, organizados en organizaciones gremiales empresariales (Fedecámaras y CIA) articuladas con las mafias colombianas, les exigían pagar en efectivo para cerrar el círculo perverso creado por la oligarquía colombiana para desestabilizar a Venezuela. Con la crisis inducida del efectivo venezolano, se expandió el uso de los puntos de ventas como respuesta tecnológica a un problema de marcado corte político: la guerra económica, como directriz emanada desde las alturas del poder en la cima imperialista en Washington D.C.

La democratización de los puntos de ventas, hasta entonces restringidos a unos cuantos comercios, pasó a ser el paradigma que desde el Gobierno Revolucionario se planteó. Tener un punto de venta, dejó de ser un privilegio. Con ello, los venezolanos y venezolanas daban un paso al primer mundo, en materia de pagos electrónicos. Una verdadera revolución tecnológica, que obligó al pueblo venezolano a abandonar las taquillas de los bancos en busca del efectivo, e incrementar el uso de sus tarjetas de débito y crédito. Aceleradamente, el pueblo venezolano se nutrió –tecnológicamente- del uso de esa herramienta, y los comercios tuvieron que anotarse en esa nueva línea de desarrollo que implicaba el uso masivo de los puntos de ventas, el dinero no físico. Al punto, que comercio sin punto de venta resultaba penado por la falta de clientes que acudieran a sus espacios a consumir. No obstante, la agresión del gobierno de J.M. Santos y las bandas paramilitares de Uribe, no han cesado en ningún instante sus ataques contra la moneda venezolana. Ello, ha obligado al Gobierno Revolucionario del Hno. Nicolás Maduro, a replantearse el reto inicial y avanzar, aún más: "El 85% de los pagos se hacen a nivel electrónico, son buenas noticias, pero Venezuela puede llegar a niveles del 95% de pagos electrónicos. Esto sería óptimo para el país, pues una de las modalidades de la guerra económica es robarse el dinero físico y convertir en mercancía el papel moneda llevándolo a Cúcuta, en la frontera colombiana". Se planteó, en mayo pasado, en reunión con representantes de las bancas públicas y privadas. Un reto que, de cumplirse, colocaría a Venezuela al nivel del primer mundo en materia de pagos por consumos.

Dinamarca, ha colocado como fecha límite al uso del dinero en efectivo el año 2030. Una ley, aprobada por el parlamento, prohibía el pago en efectivo en tiendas de ropa, gasolineras y restaurantes. Suecia, que es el país que más avanzado en ese sentido, en la actualidad, el 95 por ciento de las compras al por menor se hacen ya sin dinero efectivo. De hecho, las sucursales bancarias ya no aceptan efectivo ni lo proporcionan en sus taquillas, y los cajeros automáticos son una especie en extinción. En esos países, los bancos centrales han dejado –incluso- de emitir billetes o monedas. La desaparición del dinero en efectivo, ha tenido su efecto en el mundo de las tecnologías. En 2017, se le reconocía a China sus avances en materia de reconocimiento por rostro, como método de Biopago, con niveles muy altos de seguridad. En Corea del Sur, las tiendas 7-Eleven utilizan la palma de la mano como sistema de pago. La palma de la mano, ha sido registrada previamente por la compañía y la información de las venas, se convierten en un número aleatorio que se vincula directamente con una tarjeta de pago. Las tiendas, no cuentan con personal en las cajas registradoras, sino que un sistema de inteligencia artificial es capaz de identificar qué productos ha seleccionado cada cliente, con una técnica de exploración de 360 grados. Eso sí, la identificación de la mano será necesaria para ingresar y salir de la tienda.

En Venezuela, los sistemas biométricos llegaron de la mano del CNE. Los famosos captahuellas, que tanto horror causan a los políticos de la oposición que vieron en ellas, una enemiga a sus causas de fraude ante la imposibilidad de alcanzar los favores del pueblo venezolano. No por casualidad, el sistema electoral venezolano es considerado el más seguro y confiable del planeta. De allí, se expandió a otros ámbitos de la vida nacional, siendo el Banco de Venezuela (BDV), vanguardia en la implantación de estos sistemas, altamente confiables y seguros. Los sistemas impuestos por el BDV son únicos en el mundo, y se sustentan en un sistema de autenticación avanzado o Factor de Autenticación Categoría 5, según lo establecido en la Resolución 641.10 de la Superintendencia del Sector Bancario, Sudeban.

El Biopago, debería convertirse en la tendencia predominante en nuestro sistema financiero, ya que permitiría reducir en mucho los tiempos de realización de cualquier trámite bancario y en la reducción de colas. Imaginemos, un día de pago de pensionados y pensionadas, que tan solo con su huella accedan a sus cuentas los cajeros y de inmediato, le cancelan el monto requerido por éstos o éstas en efectivo. Sin tener que llenar un formulario, en que deben colocar su nombre y apellido, número de cédula, firmar y encima estampar su huella; ese solo trámite, que le lleva unos cuántos minutos realizar al pensionado o pensionada, se reduciría a cero y su efecto benefactor implicaría menos tiempo en la entidad bancaria, y menos colas. Por ello, no se equivoca el Hno. Presidente Maduro, al calificar de minimalista a determinados sectores de la burocracia estatal que tan solo se limitan al cumplimiento de la misión encomendada, pero que no ven más allá de sus narices. Pues, no solo se trata de alcanzar la meta de incrementar el número de puntos de ventas en servicio, sino de mejorar –sustancialmente- los servicios prestados por la banca pública y privada. El Biopago, es una herramienta que apunta acertadamente en esa línea del mejoramiento de la calidad del servicio bancario.



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Henry Escalante


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