Ciencias y filosofía

Hace muchísimos años aprendí, y con esto no quiero descalificar a quienes luchan por lograr una aproximación interdisciplinaria o transdisciplinaria del conocimiento, que una cosa era la filosofía y otra las ciencias. Ambas se hallan en una relación dialéctica, que permite una cada vez mejor comprensión de las interrogantes generales sobre el mundo (filosofía) en la medida en que se progresaba en el discernimiento de los mecanismos particulares de áreas mucho más limitadas del conocimiento (ciencias). Así, la explicación dialéctica materialista del mundo pudo originarse sólo cuando las ciencias descubrieron y describieron la interconversión de las distintas formas de la energía, el origen y evolución de las especies y la célula como unidad anatómica y funcional de todos los seres vivos. Sin estos descubrimientos científicos era imposible la aparición de la visión marxista del mundo.

Los descubrimientos referidos provenían de ciencias diferentes: La física y ramas distintas de la biología, respectivamente, y de investigadores también distintos, quienes poseían una formación de muy elevado nivel y un conocimiento profundo de cada ciencia involucrada, que luego de realizar investigaciones profundas durante mucho tiempo, alcanzan los descubrimientos referidos que hacen avanzar el conocimiento, que se integran posteriormente en la filosofía para permitir una novedosa explicación general de los fenómenos del universo y que llevan a un indiscutible progreso de la humanidad. Las ciencias, por lo tanto, siempre darán respuestas parciales, por lo que la crítica que señala esa limitación como algo indeseable y producto de visiones “burguesas” o neoliberales, es totalmente carente de sentido y sirve sólo para dar cabida a posiciones idealistas y anti-científicas, que evitan y entorpecen el progreso de la humanidad.

Cuando se estudia un fenómeno, sea éste natural o social, no hay forma de no separarse de la realidad concreta y el resultado siempre será parcial, pues ésa es la naturaleza de la disciplina que lo aborda. No existe, hasta ahora, otro tipo de abordaje en el campo de las ciencias. Es inherente al estudio en sí, razón por la cual no se lo puede calificar de hecho negativo, sino conocer la existencia de la limitación, que restringe a su vez la extensión de las conclusiones. Uno no puede argumentar como negativo que los seres humanos no vuelen o que no puedan respirar en el agua; si hiciéramos ambas cosas no seríamos seres humanos. Es en la filosofía donde se produce la integración de todos los conocimientos científicos, dando origen a las teorías de carácter general; es realmente allí donde se es totalmente interdisciplinario y transdisciplinario.

El otro aspecto que caracteriza a este tipo de consideraciones y críticas sobre las ciencias es la ausencia de proposiciones, factibles de realizarse, sobre su deber ser en relación a la crítica que se hace. Esto no es extraño, pues se tendría que substituir a las ciencias por la filosofía, para la obtención de una visión realmente holística, lo cual impediría la posibilidad de conocer las particularidades de las cuales se nutre la generalidad, con lo cual esta última dejaría también de existir. Recuérdese que los contrarios no pueden existir el uno sin el otro. Se cometen errores conceptuales graves en ese tipo de aproximaciones; así, se habla de una desviación positivista de las ciencias, cuando lo que existe es una interpretación positivista de los resultados de las ciencias.

Un último aspecto es el que se refiere a que el sistema científico nacional valore todo tipo de conocimiento: Popular, académico, complejo, interdisciplinario, transdisciplinario, el de las etnias, del pueblo, de los géneros (¿?), de inventores e innovadores. Aquí se produce una mezcla alucinante de categorías, sin que se sepa el criterio utilizado para la clasificación que las origina; las mismas además se repiten y se solapan. Así, el conocimiento del pueblo es popular y en él están incluidas las etnias y podrían estar los inventores y personas de cualquier sexo. Los innovadores pueden a su vez ser del pueblo, femeninos y académicos. El conocimiento transdisciplinario e interdisciplinario es también académico.

Si las cosas son llevadas a este extremo del absurdo deberíamos añadir el conocimiento sencillo, el de los transgéneros, de los buhoneros, de las capas medias, de las mulatas, de los panaderos, de los homosexuales, de la colonia china, de los embajadores, de los astrólogos, de las parturientas, de los sicarios, de los pranes, de los videntes, de los rubios ojos azules y cualquier otra categoría que se le ocurra a cualquiera. Tamaño desaguisado no tiene pie ni cabeza y lejos de aclarar lo que hace es confundir. Al final, sirve para dar conferencias ante un público ajeno al tema, para distorsionar la imagen de las ciencias ante la población, negándole al país su posibilidad real de desarrollo en el mundo contemporáneo, que depende precisamente del desarrollo científico y tecnológico. Lejos de ser revolucionaria, esta posición es profundamente reaccionaria y claramente contraria a los intereses de la patria.


La Razón, pp A-6, 7-8-2011, Caracas 



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Luis Fuenmayor Toro


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