Alcaldía de Maracaibo: Una olla de presión política

La Alcaldía de Maracaibo sigue siendo un hervidero. Tal situación no sólo se palpa en el ambiente, sino que se escuchan a obreros y empleados diciendo que cuando colocan un pie en esa institución parecieran entrar en una olla de presión política.

El personal es víctima de la zozobra que genera desconocer cuando les cancelarán todos sus compromisos laborales, y de los rumores de una reestructuración que dejaría en la calle a unos 5 mil 300 personas en enero, con el argumento de que el Gobierno nacional baja los recursos incompletos.

Nadie está seguro de su cargo y eso provoca desasosiego en esos trabajadores que se sienten desguarnecidos, en una gestión cuya incompetencia se puede corroborar con sólo echar un vistazo al municipio. Basura, inseguridad –porque cuando se habla de Polimaracaibo, se habla de lamentos por el incumplimiento de sus compromisos laborales (los oficiales no han hecho más que quejarse tanto en gobiernos opositores como revolucionarios), falta de recursos para enfrentar la delincuencia-, cañadas enmontadas, caos en el transporte público, calles destrozadas y no se observan labores de bacheo ni nada por el estilo, sólo desidia y abandono.

Desde noviembre de 2008 que la oposición ganó las elecciones a la Alcaldía de Maracaibo, comenzó la vía crucis para el personal. Al principio, muchos empleados y obreros encontraban resignación creyendo que las retaliaciones sólo serían en contra de los simpatizantes del proyecto socialista –incluso, algunos festejaban-, pero el tiempo pasó y la nueva gestión parece no creer en nada ni nadie y actualmente hay un pavor generalizado. Los que quedan -porque han despedido y hecho renunciar a buena cantidad de personas-, piensan que serán sustituidos por gente de Un Nuevo Tiempo.

Los trabajadores tampoco creen en la directiva del ayuntamiento. Vieron como prometieron al personal que si renunciaban les cancelarían sus prestaciones y después que muchos pusieron el cargo a la orden, no les pagaron. Las pruebas abundan. Anda un grueso número de agraviados en esos procesos tribunalicios, que más bien parecieran diseñados para que la gente se obstine y desista de la idea de cobrar sus prestaciones.

La situación en el ayuntamiento incluye una lista donde, supuestamente, se encuentran los que serán despedidos y eso produce insomnios en esa masa laboral indefensa, ante jefes transgresores de la ley y un sindicato rendido a los pies del patrono.

Para colmo, esta angustia crece con rumores de un presunto enriquecimiento del alcalde Daniel Ponne, que la autoridad municipal niega, pero que agrava la presión en el ayuntamiento, en todo caso, lo que se comenta al respecto son meras especulaciones, aunque nadie debe olvidar que la riqueza es inocultable como la tos y la verdad tarde o temprano emerge implacable sobre la mentira.


albemor60@hotmail.com
(*) Periodista


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Alberto Morán (*)


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