Carneiro y Cataco

 El Papa Luciani, muerto en extrañas circunstancias dentro de los laberínticos muros del enigmático Vaticano,  cuando apenas tenía cinco días de reinado bajó a la cocina y conversó con el personal. Aquello fue noticia de primera página en los diarios romanos. Para la Curia Máxima no era común ni aceptable por los rigores del Protocolo Papal que Su Santidad bajara del Olimpo para saludar a los cocineros, ayudantes y lavaplatos de su despacho.

    Algo similar ocurrió;  pero en mayor escala en  Las Sandalias del pescador, de Morris West, cuando el Papa se "anotó" en una cola de enfermos y mendigos  en procura de un mendrugo. Uno de los llagosos descubrió al Papa y gritando desesperadamente decía "El Papa. El Papa. El Papa está con nosotros buscando una sobra de comida". Acabó con la privacidad de tan original indigente.

    Nadie puede presumir de grandeza ni considerarse  mejor que nadie. Pues Jesús, el hijo de Dios,dotado de superpoderes para hacer  los milagros habidos y por haber, nació en un humilde pesebre, rodeado de animales domésticos y teniendo como cama un montón de paja. Entonces ¿cómo puede un cristiano normal presumir de grandeza ante semejante muestra de humildad?

    Dios es tan arrecho que te hace grande y después te convierte en algo menos que una hormiga. Los he visto en el trono más alto, dándose bomba y ninguneando a los que creen ellos son pendejos y después los he visto soltando la lengua, arrastrándose por el piso y mendigando dosis de cariño que nunca dieron cuando ejercían el poder. Para qué tanta vanidad, tanto orgullo, si al final te mueres como mueren todos. No vale nada la riqueza. Por eso cuando "estiras la pata" te vás limpio sin una puya tal como viniste al mundo.

    Las elecciones internas del PSUV para elegir a los candidatos a gobernaciones y alcaldías sirvieron para medir la humildad en el ejercicio de los cargos y el nivel de humildad de quienes gobiernan. El resultado todos los conocemos. Ganaron los más humildes y los que ejercieron el poder en función de los menos tienen.

    Por eso ganó Carneiro; por humilde y porque no se enfermó cuando fue dos veces Ministros y porque aceptó con la mayor humildad su grado de General en Jefe y sus tres soles. Cómo será de humilde este señor que el soberano lo llama El General del Pueblo.

     Lo he visto en los barrios de Vargas en contacto directo con la gente. Pero no como hacen los políticos tradicionales. El trabajo electoral de Carneiro en las barriadas y urbanizaciones son una especie de Consejos de Familia, donde los vecinos hablan con él en forma llana, amplia y sin ningún tapujo.

      Pero también Carneiro no escatima esfuerzo ni tiempo cuando le llaman personajes como Cataco, con quien habló largo y tendido en la plaza Bolívar, de La Guaira. O como cuando atendió a dos señoras cargadas de problemas a la salida de VTV cuando salía del canal rumbo a Vargas. Es de acceso fácil y de comunicación sencilla con la gente del pueblo.

      Hombres como el General Carneiro son una mata de miel. Pero también un espinero para quienes no desean el bien del pueblo ni la satisfacción plena de sus necesidades.

americoarcadio@yahoo.com



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Américo Hernández


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