Cuento o razón

Cuando la sequía era la causante de la diáspora

El señor Agapito llegó al conuco del periodista Juancho Marcano y lanzó la vista al copo de una mata de aguacate y observó las ramas secas que se venían secando por el producto de la sequía. También vio otras plantas frutales y éstas eran un cuadro desolador plasmado por el pincel del sol y la sequedad que le ha caído a latigazo limpio al pueblo de la Tacarigua de Margarita.

"Por eso, en la Margarita de otrora, las personas jóvenes abandonaban estos pueblos y se iban para tierra firme", dijo el Señor Agapito, con una edad de 90 años, con propiedad para hablar de aquella diáspora que antes sufrían los pueblos isleños y sobre todo los que sobrevivían de la agricultura.

El periodista con la mirada triste por el paisaje mustio de su conuco, escuchó la voz del personaje citado, y preguntó:

- ¿Usted formó parte de esa diáspora que dejó a estos pueblos abandonados, pues las mujeres quedaron solas con sus hijos?

- Claro, yo era muy joven y aquí no había posibilidades de estudio y trabajaba con mi papá en el conuco que ya no existe, pues lo vendieron y ahí ahorita es pura casa, porque es increíble, mucho terreno fértil de este poblado lo agarraron para construir. Pero bueno. Sucedió una sequía como ésta y mi papá optó por aconsejarme que saliera a buscar mi futuro en otras tierras, pues con un conuco en Tacarigua no iba a salir de abajo, y así fue que, con el entusiasmo de varios, tomamos camino a tierra firme. Aquello fue una odisea, en el mismo comienzo, pues lo que había era lancha y aquella echaba demasiadas horas para llegar a tierra firme, y luego una vez ahí había que buscar un familiar que te diera aposento mientras tanto, te empleabas bien en las petroleras u otras empresas, yo tuve la suerte de emplearme con una empresa petrolera y ahí me jubilé. Ahí trabajé duro, porque los gringos te explotaban hasta el cansancio.

¿Y qué pasó con tus otros compañeros?

- Unos llegaron hasta los caños de Tucupita y ahí se quedaron y otros hacia otras partes del país y no volvieron más a esta tierra. Yo me quedé en El Tigre (Edo. Anzoategui) hasta que me vine para acá. Pero fueron épocas terribles.

Juancho escuchó el testimonio del señor y optó por venirse porque ya era hora de almuerzo. En el camino venía pensando: "Que terrible sequía, Dios mío".



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

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