Margarita rodeada por los rusos sin distinción ninguna: desde hoy en adelante

Desde hoy seis de septiembre y en lo adelante, la isla de Margarita, será como un ágape flotante para los turistas rusos que en "patotas" de jóvenes como de viejos residirán en hoteles y recorrerán nuestros pueblos en auxilio de hermandad con su presencia que, marcará una nueva etapa, bien lejos de lo que fue el puerto libre del pasado, de comunicación turística, entre unos visitantes que por primera vez estarán presentes recreándose de nuestros ardientes paisajes, hablando el margariteño ñero con acento ruso y degustando cardúmenes de especialidades que saltarán a su vista dentro de una brisa de atenciones de Playa el Agua hasta Punta Arenas en Macanao, podrán llenar de alegrías sus corazones de eslavos, tras de unas olas de amistad que no dejarán de batir en la profundidad de un sentir enrollado de esperanzas, le abre sus puertas de esta tierra punzante de sol y salitre, fermentando los placeres de un buen rato y, la satisfacción de brindar un abrazo de cariño entre dos conglomerados con historia en son de paz, al invertir un pedazo de su tiempo en nuestra conquista turística de conocernos al natural, no importa que convivamos entre señas dentro del lenguaje del entendimiento que, nos muestra como el gran pueblo que somos dentro del territorio nacional, sembrado de muchas ilusiones y de una luna que se parte de brillos fecundos que, amortigua nuestra tranquilidad que como isla somos únicos, por nuestro trato y amabilidad que en lo adelante nos dará a conocer a los turistas rusos en pleno Siglo XXI que, nos desnuda con el ondear y respirar de un sentir que cobijará nuestras almas.

Y que fácil sería recrear a los amigos rusos por venir "drug" tal como suena, con un polo margariteño de Francisco Mata, que los oriente de coformismo y de agradecimiento por su presencia por estas tierras tan bonitas a visitar con: ¡Amigo turista, te felicito por visitar tu tierra Margarita..." y con un frescor de un ir y venir ponerlos a consumir con la vista, lo que ellos no tienen en su país y que acá se los regalamos por poco precio para lo que se llevarán de nosotros y ponerlos a tragar tarde tras tarde los crepúsculos de Juangriego, danzando con las armonías de sus olas que los incite a vivir un presente que es nuestro que, de vez en cuando un espejito no nos caería mal para seguir viendo nuestra inocencia guaiquerí.

Todo aquel que visita una región por primera vez tiene que armonizar con sus costumbres y sucumbir a lo que más les llame la atención de pasar por el paladar y, en ese esfuerzo por darle lo mejor de nuestros mariscos callejeros a ellos pues, vía Tacuantar venden unas cazuelas de erizos rellenos que estruja el apetito como un caviar margariteño, arrimado a las huevas de lisas y, siguiendo por la misma vía posible es, que unas patas de cabra llenen el sol de sus ojos de ganas o quizás unas tripas de perlas sin descuidar el arrime de unas pepitonas con bastante limón y lleve tranquilo que en Rusia no hay.

De comer bien y platos margariteños por demás, le mostrarán los buenos y no tan afamados restaurantes con hervidos de pescado -entre ellos el bagre cacumo- o, quizás una buena fosforera, y se pudiera y si lo hay, vergatario sería un ensopado de carite, catalanas o achotes y pargos sobrará, lo más seguro que un filet de lenguado no conseguirán, pero lo que no deben de pelar en vez de langosta, un arroz de mariscos que los emborrache de poder, pero a los turistas rusos hay que meterles los platos margariteños, nada de navegado, ni de cosas raras que no son de nuestra cocina, tampoco ni perros, ni hamburguesas, de pulpa de malacho es posible.

Pero lo que si es conveniente que del Portachuelo pa' bajo, los lleven a Tacarigua a comer cachapas no con queso guayanés, sino con queso de cabra, y empanadas las que sean y donde sea, que todas son buenas, pero hay que darles las de cazón o viudas, que en Europas nuestras empanadas están de modas, se comen, pero no de cazón ni de vaina.

Así que a los amigos turistas rusos que nos visiten que, abran los ojos, pero más la boca para que coman bien bueno y sabroso y su limón con papelón no les debe de faltar y, una piña colada de buen ron, eso sí, para que se vayan con la barriga llena y contentos y les quede ganas de volver además, de tragar nuestro sol en nuestras playas y no en piscinas.

Y si se quejan que sea por cualquier otra cosa, que la oposición está más preocupado por las elecciones del 21 de noviembre y contra los turistas rusos no estarán.



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Esteban Rojas


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