La provincia de Mérida

En la segunda mitad del siglo XVI vivía en Pamplona (Colombia) un joven extremeño, natural de Mérida (España), a quién el Cabildo dio el siguiente encargo:

Es la voluntad de éste Cabildo, don Juan Rodríguez Suárez, que avancéis hacia el Este del país de los Timotes, de donde sabemos de buena fuente que brota el oro y las esmeraldas.

A pesar de tener rica encomienda en la ciudad, aparte mujer y dos niños pequeños, el de la capa roja se puso en marcha sin dilación hacia la Sierra Nevada. ¡Cuán hermoso paisaje nos rodea! No hay en todo el camino recorrido mejor sitio que éste para fundar una ciudad…

Teniente: En efecto mi Capitán… lástima que no tengáis permiso de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá para proceder en consecuencia…

Arrecia cada vez más el frío, ¿Teniente?

Así es, mi Capitán… es la altura es mucha… mira como la nieve y la escarcha han bajado de la montaña…

Rodríguez Suarez: ¡Bah! ¡Para lo que me importan a mí los tinterillos del Ayuntamiento! ¡Aquí he de fundar la más hermosa villa de la Sierra Nevada y la llamare Mérida, en honor de la ciudad donde vine al mundo, allá en Extremadura! Se llamará Mérida de los Caballeros (09/10/1558) y aquí he de vivir con mis dos queridos hijos hasta el fin de mís días. ¡Caballeros, preparaos para hacer nacer en este Valle a una nueva ciudad: Mérida de los Caballeros!

—El 3 de noviembre de 1622 se dio título de gobernador y capitán general de la provincia de Mérida al venezolano (nacido en la ciudad de Trujillo) Juan Pacheco Maldonado, hijo de Alonso Pacheco, fundador der Maracaibo y regidor perpetuo de Trujillo. El 9 de diciembre del mismo año, el gobernador se juramenta ante el propio Consejo de Indias. Tomó posesión en Mérida el 6 de agosto de 1625 y gobernará hasta el 27 de octubre de 1634. Por cierto, que este criollo gana la gobernación casi por votación popular. Visitó pueblo por pueblo, cabildo por cabildo, convento por convento y gremio por gremio de la jurisdicción del corregimiento pidiendo el respaldo para que se creara la provincia y se le nombrara a él gobernador. Lo logró.

A partir de Pacheco Maldonado, la ciudad de Mérida se convierte en capital de la provincia. Allí tienen su sede los demás gobernadores hasta 1681. Esos gobernadores son, además de don Juan el trujillano, los siguientes: Alonso Fernández Valentín, nombrado el 20 de febrero de 1633 y encargado del oficio el 27 de octubre de 1634; Félix Fernández de Guzmán, el 4 de abril de 1639 y 12 de septiembre del mismo año: Antonio de Silva y Mendoza, interino; Francisco Martínez de Espinosa, 24 de diciembre de 1642, aunque asumió el gobierno sólo en 1644; Juan Bravo de Acuña, 28 de abril de 1651, encargado el 4 de octubre; Tomás de Torres y Ayala, 15 de septiembre de 1657 y encargado a principios de 1658; Miguel de Ursúa y Arismendi, conde de Gerena, interino en abril de 1663; Gabriel Guerrero y Sandoval, 30 de agosto de 1664; Juan de Mur Soldevilla, interino en agosto de 1666; Diego de Villalba y Girón, interino en 1667; Pedro de Viedma, 17 de mayo de 1668; Jorge de Madureira Ferreira, 26 de septiembre de 1673, quien gobernó desde el 1 de junio de 1675 hasta el 12 de mayo de 1681.

La provincia de Mérida heredó el territorio del corregimiento de la Grita (1608-1622) y, en consecuencia, el de la gobernación del Espíritu Santo de la Grita (1570-1608). La nueva gobernación y capitanía general, dependiente de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, dispone de un inmenso ámbito geográfico que cubría parte de la cordillera, los valles y una extensa zona llanera, además de las vecindades del lago de Maracaibo por la culata, esto es, el Sur; ciudades como Mérida, San Cristóbal, La Grieta y todas las fundadas por Cáceres, incluidas Barinas y Pedraza en los Llanos, así como Gibraltar en el lago, rival de Maracaibo durante más de un siglo, hoy pueblo venido a menos allá en el saco; parte del río Zulia y el incógnito rincón entre el Meta y el Casanare. Cuando el corregimiento se alza en gobernación, Mérida se convierte en capital; las comunicaciones con el lago son permanentes, así como el allanamiento de los diversos caminos hacia el Nuevo Reino, por la cordillera, pero también por los ríos que desembocan en el lago, por el llano e incluso por las selvas, como la que se hará famosa después, la de San Camilo.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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