Llueve en la isla hay agua en Tacarigua

Bendito sea san Isidro Labrador que trajo el agua a Tacarigua sin sol y, el pueblo está feliz, además de coger agua a chorro que cae del cielo, sus conuqueros están sembrando todo lo que nace que, siembra que se dé estos días de noviembre es cosecha a más tardar en febrero y, de lo más que se habla es de hacer cachapas caseras, muchas cachapas que, le den un buen sabor de armonía ahora que viene diciembre y abundancia de clientes a ese pueblo que vivía algo amargado desde que, la caña de azúcar se dejó de sembrar y, ahora los pajaritos vuelan por rusiá que subiendo el Portachuelo carro que se accidente es remolcado por la algarabía de los pájaros que empujan hacia adelante como si fueran fuerzas extrañas que vinieron con las lluvias que antes ni una gotera cogían y, como todo santo milagroso les llega nuevamente el alma al cuerpo que los cuatro negocios que hay nadan en prosperidad y la gente está rosada de consuelo de no coger sol que se lo llevó este noviembre aguaceroso que hasta su río en vez de bajar sube como atracción turística.

Y la consigna que une voces entre los tacarigüeros es que llueva y que llueva ..., y que nunca escampe que la bandolina de Beto Valderrama soltará sus notas de alegría festiva cada vez que interprete: Tacarigua es una gota de rocío que el único que sabe su letra es el amigo Emigdio que además de compositor vive de la cría de los turpiales azules, un cruce que logró dentro de la genética tacarigüera que donde cantan sus turpiales baila todo el pueblo, aunque según me contó Amaranta las yucas que siembre las coge al aire, es decir no van bajo suelo, quizás otra técnica de tantos años de estudio de como poner a producir a los tacarigüeros sin que florezcan las amapolas y entre amapolas soñadoras vive como cautivo creador con algunas disyuntivas parciales que, cruzó mata de mamones con mata de mangos que ahora come mango con pepa de mamón.

El gran problema que afecta al pueblo de Tacarigua y que mancha como afrenta no repulsiva, sino distributiva es la siembra de la confianza que se extendió como un mal sin cura y hasta famosos son y, no encuentran como salirse de ese enredo que los enreda a diario es que, son unos temigosos que no miran para ningún lado cuando se saludan con tan efusiva expresión que después los animales del monte repiten de tanto oírlo y, no es que no se bañen y más ahora con tanta agua que les fluye del cielo que ha cocinado y alejado ese cáncer arraigado que los hacía padecer por agua y, llegó el agua y el pueblo despertó que en lo adelante verán que van hacer con tanta agua, a no ser que comiencen a envasarla para aliviar la sed de otros pueblos de Margarita que también ven para arriba, pero no tiene un san Isidro Labrador que los moje.

Amigos turistas no se olviden de visitar a Tacarigua bien sea con paraguas u otro mancundal contra la influencia del agua de lluvia en ese pueblo que antes ardía en sol y, que ahora suda de lluvias frondosas que tienen su cielo encapotado de nubes esplendidas que sueltan en risas su atención y, lo que antes no era ahora es y de qué forma que todo está bajando, el trabajo sobra, la angustia se dispersó y, antes esperaban que goteara un consuelo que se ha convertido en este mes en una tormenta grata sin descargas eléctricas, por lo que Tacarigua vive y la cachapa será eterna, a la hora que quiera tendrá su chapa en la puerta o, en su mesa y, los amaneceres serán más hermosos con los arcoíris de la paz que les llegó en abundancia y, donde hay agua hay vida y, con eso se han quitado ese gran peso de encima de andar tras del gobernador que gobierna sin arrimarle una a los pueblos, pero vive de lo más despreocupado esperando la transición para gobernar mejor.

En Tacarigua llueve en la isla se alzan voces que retumban sin el acordeón de la pedidera que mientras haya agua no hay esperanza que no se cumpla y, eso de ver envases para coger agua en las calles o, vivir de un camión de agua pasó a mejor vida y, el que no se baña es porque es flojo que el que siembra cosecha y, lo que era un plantón diario como una penitencia, llegaron las lluvias para quedarse por lo que las hallacas con sus hojas de plátanos le darán más alegría a esta Navidad que está en puerta, y lo que está en puerta entra y, ya la temiga por el agua entró como una canción que se transforma en un himno de largo esmero y, es que, Tacarigua es una lágrima que un temigoso descubrió y en lluvia la convirtió.



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Esteban Rojas


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