Omar y Willy, extinguieron el Bronx de Maracaibo

"La vitalidad de una ciudad en cierta medida, la define su actividad cultural y comercial, sobre todo en sus expresiones más domésticas, más allegadas a la gente común. Ambos elementos trazan las mejores pinceladas de sus sociedades. Pero muy desafortunadamente, a muchas ciudades se les nombran más por sus altos índices delictivos, por sus redes de delincuenciales, de contrabandistas, de males cuyo soporte es el mercantilismo ilícito. Quién no sabe que las grandes mafias financieras y de la droga dominan sociedades como la neoyorquina, la Río de Janeiro o de Bogotá…Y que en Caracas hay zonas donde la delincuencia hace "toques de queda" pese a los esfuerzos del gobierno del Distrito Capital por promover una ciudad cultural.

Lo cierto es que la dinámica mercantilista ilícita termina imponiendo sus cánones a los ciudadanos: la estafa, el tráfico de drogas, la corrupción…Y lo hacen en reductos geográficos determinados, con índices demográficos altos y de mucha pobreza. Bien son barrios, o mercados donde el gobierno desaparece literalmente, y que paradójicamente como en los casos del Bronx de New York y Bogotá, y en el mercado las Pulgas de Maracaibo, están a escasos metros de sedes principales de instituciones del poder gubernamental."

De ese modo, inicié una de las dos crónicas que en el 2016 escribí sobre el mercado las Pulgas que adjetivé como el Bronx de Maracaibo, y que premonitoriamente concluí de este modo: "Ojalá que estas crónicas, muy pronto se conviertan en ficción opuesta a la realidad esplendorosa que el maracaibero y Maracaibo se merecen."

La otra crónica en la que aludí en parte esa temática y en el mismo tono exhortativo, la dirigí a la máxima autoridad del estado en aquel entonces, en el umbral de ese año, el 30 de diciembre durante la octava de navidad, a propósito de la simbología que para el mundo cristiano contiene tal lapso: "…días de luces, de esperanza". Esa fue la "Carta al Gobernador Arias Cárdenas: días de luces", con la pretensión de que corriera con la misma suerte de llegar a su destino, cual botellas arrojadas a la mar según el relato de García Márquez, cosa que pienso, no pasó. O pasó…Quien sabe, pero eso no viene al caso ahora, en cuantos vericuetos se pasean a veces algunos gobernantes, que paradójicamente lo alejan de ejercer el gobierno en lo más fundamental. Lo cierto es que allí le precisaba sobre la difícil época que le tocó gobernar, con el capitalismo entronizado en una sociedad maltratada donde la salvajizacion de las relaciones humanas estaban a la orden del día, que era necesario revisar los planes de adecentamiento del centro de la ciudad, de las pulgas, del terminal…

Pero por fin pasó ahora. Una toma de decisión que debió ser difícil, por lo cual bien calculada para demoler lo que había que demoler, más allá de desaparecer físicamente tarantines, se inició el derribe del andamiaje de poder financiero casi inamovible, sentenciándolo a su extinción, por lo que debe estar ingeniándoselas en ese submundo para mutar o trasladarse a otros espacios y negocios.

Es el derribe de un poder que supo construir poco a poco una zona de tolerancia reconocida internacionalmente como reducto del lavado paramilitarista, centro de prostitución y de otros tantos epítetos consabidos, pero nadie con poder de mando, tuvo el valor ético, porque ante todo se trata esencialmente de eso, de reconocerse corresponsable de la conducción de una sociedad que amerita hoy más que nunca cabalgar sobre valores que hagan posible soñar en un mundo mejor, donde haya calidad de vida. Y eso pasa, aunque parezca muy elemental, por tener la posibilidad de caminar con tranquilidad por las calles de la ciudad, que no haya espacios dispuestos para que roben al ciudadano cuando vaya a comprar, estos entre una lista larga de los derechos que los gobernantes deben garantizar a la ciudadanía.

Ya se intervino el monstruo, el abominable Bronx de Maracaibo. Soslayando los pronósticos agoreros, el gobernador Omar Prieto junto al alcalde Willy Casanova, enarbolaron la bandera de una gestión revolucionaria con acento en la atención a las necesidades fundamentales del pueblo. Aunque falta mucha tela por cortar, hay suficiente voluntad política demostrada que hacen predecir, que la Maracaibo esplendorosa que los maracaiberos, maracaiberas y visitantes merecen, está próxima a llegar.



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Aquileo Narvaez Martínez


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