Montañas de basura en el municipio Libertador del estado Mérida

Lamentablemente, no estamos exagerando el grosor de nuestras palabras. Colinas, tepúes y cerros, se quedan congelados en un asqueroso mundillo de mundanismo.

Aunque el estado Mérida es conocido por sus majestuosas montañas andinas, que embellecen el azulado cielo de nuestro territorio venezolano, y que representan un tesoro natural de interés turístico internacional, también vemos que en sus calles urbanizadas por el asfalto de la sociedad merideña, existen montañas de desechos sólidos que contaminan ambientalmente el hermoso paisaje criollo.

En el municipio Libertador del estado Mérida, se camina entre las montañas de basura, y se tropieza con el kilogramo de esa misma basura. Montañas que no pertenecen al patrimonio natural de la revolucionaria Pachamama, sino que pertenecen a la desidia ecológica de una indiferente colectividad merideña, que se acostumbró a enaltecer el espíritu putrefacto de su prole.

De hecho, si nuestro querido Libertador estuviera vivito y coleando en Mérida, seguro que su gesta emancipadora se ahogaría por tanta basura oligarca, y se envenenaría junto a su patriótica espada, a su vigoroso caballo, y a su trepidante valentía.

Estamos denunciando la falta de cultura ambiental de los merideños y merideñas, que son muy capaces de aumentar a diario las toneladas de basura citadina, pero son muy incapaces de reflexionar diariamente, sobre la importancia de ejercer el placer del conservacionismo.

Por la catedral, por el mercado principal, por el viaducto, por la hechicera, por el teleférico, por glorias patrias, por las Américas, por la pedregosa, por el terminal, por el metropolitano, por las tapias, por las cinco águilas blancas, por los chorros de milla, por el aeropuerto, por el hospital, por la panadería de la esquina, por el seminario, por el convento, por tu casa y por la universidad.

Es imposible evitar tropezarse con las montañas de basura, que saturan todas las calles del insostenible estado Mérida. Un estilo de vida tan andino como mundano, y miles de cóndores carroñeros, que personifican la extinción del sentido común.

El casco central del municipio Libertador es simplemente una cochinada. Hay escarabajos de basura por todas partes, obligándonos a utilizar cascos de hierro al momento de salir a las calles merideñas, para salvarnos de los infinitos pedazos de desperdicios, que caen desde las criminales alturas del creador del Universo.

Zamuros, perros, palomas, cucarachas, ratas, ratones, gusanos, moscas y hormigas.

Todos los animales gochos quieren apoderarse de la basura merideña, que el resto de los animales con cédula de identidad y con tarjeta de débito, van arrojando en el friolento frío de la emergencia sanitaria latente, que se respira con hedor y que se percibe con fervor, en todas las calles del municipio Libertador.

Primero, los mediocres hacen la cola para adquirir el arroz, la mantequilla y la leche en polvo.

Segundo, los mediocres compran el arroz, la mantequilla y la leche en polvo.

Tercero, los mediocres consumen el arroz, la mantequilla y la leche en polvo.

Cuarto, los mediocres botan en las calles los envoltorios del arroz, de la mantequilla, y de la leche en polvo.

Quinto, los mediocres otra vez hacen la cola frente al supermercado, para volver a comprar el círculo vicioso del arroz, de la mantequilla y de la leche en polvo.

Increíblemente, hay un déficit en la implementación de recipientes ubicados en los espacios públicos, para que las bestias merideñas desechen la basura acumulada, con un poquito de criterio de responsabilidad social y ambiental.

Sabemos que los contenedores de basura son frecuentemente robados por delincuentes merideños, pese a que esos contenedores son encadenados a los postes de las calles, para precisamente evitar la fechoría de los enemigos del bien común.

Sin pipotes y sin temores, la colectividad merideña se siente obligada a lanzar los desechos sólidos en sus calles, siendo una decisión mentalmente consciente e improvisada, para evitar el fastidio de cargar la pesada bolsa de basura, por los cuatro costados de los cuatro puntos cardinales.

Algunos ciudadanos merideños agraciados con el don de la higiene comunitaria, vienen colocando una serie de avisos, carteles y letreros, que se pueden observar en muchísimas calles del entorno merideño, para que los vecinos, los conductores y los peatones no sigan ensuciando las carreteras andinas, y finalmente decidan transformarse en agentes proactivos de cambio.

Los llamativos letreros dispuestos en las paredes de las calles, exponen mensajes de interés público como: "Respete, no lance basura en la calle", "No sea cochino, evite lanzar basura aquí" y "Prohibido tirar basura en la orilla".

Pero tristemente, esos mensajes ecológicos no han despertado el apetito conservacionista, en el seno y en el coseno de la apática sociedad merideña, pese a que son esfuerzos aislados muy necesarios, para cambiar la agresiva pasividad ambiental de la ciudadanía.

Los letreros ecológicos son generalmente borrados, arrancados y grafiteados, para favorecer a las expresiones comunicacionales de campañas políticas, de productos comerciales y de actividades religiosas, que indiscriminadamente ocupan esos espacios públicos de las calles merideñas, y fulminan la posibilidad de rescatar el gatillo de la sabiduría ambiental.

Una razón fundamental por la que abandoné la ciudad de Maracaibo en el estado Zulia, fue por la gran cantidad de basura que atestaba su geografía, lo cual producía el gran aroma del miércoles, durante los siete días de la semana.

Pero en el municipio Libertador del estado Mérida, el caótico olor del miércoles se concentra y se agudiza, con mayor intensidad que en el violento estado Zulia, pues las calles de Mérida son más pequeñas, las avenidas de Mérida son más pequeñas, y las aceras de Mérida son más pequeñas.

Es un secreto a voces para los merideños. Todos inhalan la peste global, pero nadie exhala la sustentabilidad ambiental.

Sin embargo, en el estado Mérida existe un grave proceso de sobrepoblación, y el exceso de gente consumiendo el mismo camino capitalista de sus calles, deteriora muchísimo la salud holística del Medio Ambiente, y termina siendo imposible evitar tropezarse con los desechos sólidos.

Hay un peculiar fenómeno social que viene ocurriendo en el estado Mérida, y estoy seguro que también debe estar sucediendo, en el resto de los estados de nuestro territorio venezolano.

Es un fenómeno social que aunque resulte insólito de creer, es una triste realidad que demuestra la falta de valores para la vida, y la ausencia de la ética ambiental en el discernir de la muchedumbre merideña.

Como todos sabemos, en Venezuela existe una grave situación económica, que se encuentra plagada de inflación, de especulación y de sobreprecio.

Pero la crisis venezolana ha generado la suciedad de un nuevo fenómeno social, que consiste en arrojar intencionalmente todos los desechos sólidos consumidos, y exhibirlos en las principales calles del centro y de la periferia merideña.

Es un fenómeno social lleno de egoísmo, ignorancia y arrogancia, donde los individuos cochinos que gozan de poder adquisitivo, se obsesionan con demostrar al resto de los ciudadanos merideños, que ellos tuvieron la suficiente plata para comprar ese popular producto, que otro ciudadano no lo pudo comprar por falta de dinero, teniéndose que conformar con ver el codiciado empaque tirado en las calles.

Desde el colorido envoltorio del Cheese-Tris, pasando por el sagrado empaque de la harina de trigo leudante Robinson, y llegando hasta los empaques de los pañales desechables Pampers, se busca que la cochina envidia robe la conciencia de la gente merideña.

Mientras que los ciudadanos merideños que no tuvieron el poder adquisitivo, para comprar esos costosos productos comerciales, pues también deciden contaminar las calles del estado Mérida, lanzando con arrechera las cáscaras del cambur amarillo, las cáscaras del plátano verde, las colillas de los cigarrillos, los cocos sin agua de coco, y las conchas de las jugosas mandarinas.

Pobres y ricos deciden conscientemente ensuciar las calles merideñas, y se atragantan con un descontrolado inconveniente ambiental, que rebosa la sensatez del pueblo andino.

Fíjense que el pasado 27 de octubre del 2017, asistí en primera fila a una misa en la iglesia del perpetuo socorro, ubicada en una zona merideña de alto colapso ambiental, por la trágica acumulación de basura doméstica.

En la lectura del santo evangelio según San Lucas (12,54-59), se leyó textualmente lo siguiente:

"En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando ves subir una nube por el poniente, dices en seguida: "Se viene un chaparrón", y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dices en seguida: "Hará mucho calor", y lo hace. ¡Hipócritas! Si sabes interpretar el aspecto de la Tierra y del cielo, ¿Cómo no sabes interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabes juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?"

Tiene la razón, y ciertamente somos un clan de hipócritas. Todos sabemos que está mal lanzar la basura en la calle, pero igual lo hacemos a diario y sin arrepentimiento. Jesucristo nos llama hipócritas, pero también somos cerdos, maleducados y tercos.

Jesucristo no pide sacrificio, pide misericordia.

En vez de celebrar los 50 años de una maldita plaza de toros, donde los traicioneros toreros han asesinado injustamente a miles de indefensos animales, se debería convertir la legendaria plaza de la muerte, en un centro de reciclaje abierto las 24 horas del día.

Jesucristo no pide sacrificio, pide misericordia.

En vez de comprar pintura verde limón para retocar el color del espejo, se debería convertir la oscurecida plaza El Espejo, en un bonito centro de reciclaje abierto las 24 horas del día.

Jesucristo no pide sacrificio, pide misericordia.

En vez de adornar con luces navideñas a los árboles de la plaza Bolívar, se debería convertir la emblemática plaza Bolívar, en un gran centro de reciclaje abierto las 24 horas del día.

Pero, ¿Qué hacer con la basura hipotéticamente reciclada en el estado Mérida?

La basura reciclada se puede transformar en el mejor empleo para los desempleados, se puede transformar en creativos juguetes gratuitos para los niños de las calles, se puede transformar en un plato de alimento para los vagabundos, se puede transformar en una oportunidad de erradicar las drogas, y se puede transformar en una suerte de suertes.

No se justifica tanta basura en las calles merideñas, pues Mérida supuestamente es el hogar de los caballeros, y el turismo es piedra vital para su economía, por lo que la ilógica desidia ambiental que se asume dentro del capitalino municipio Libertador, no solo genera enfermedades respiratorias y dermatológicas para los habitantes, sino que también espanta y molesta a los visitantes que se quedan estupefactos, con las montañas de basura aglomeradas en las calles merideñas.

Pecamos en contra de la educación ambiental, que no se estimula dentro de las aulas de clases merideñas, y no somos capaces de comprender las consecuencias negativas, que conlleva sobrevivir en un entorno plagado de polución mental, espiritual y social.

Los escasos camiones del aseo urbano en el estado Mérida, intentan batallar contra la corriente en el ocaso de la estruendosa madrugada, pero tendrían que realizar rondas de recolección minuto a minuto, para parcialmente remediar un gigantesco problema ambiental, que jamás de los jamases tendrá una solución definitiva.

No se practica el derecho y el deber del reciclaje, para cumplir con la amorosa regla de las 3Rs (reducir, reutilizar y reciclar).

Resaltamos el caso particular de la Plaza Las Heroínas, donde se hallan contenedores ecológicos para promover el reciclaje de residuos inorgánicos y orgánicos, pero lamentablemente esos innovadores contenedores de basura, terminan siendo usados de forma irresponsable por los ciudadanos merideños y extranjeros, quienes los transforman en el clásico y mugriento pipote daltónico, que nunca aprendió a distinguir el color del conservacionismo, que nunca aprendió a clasificar la basura en la fuente, y que nunca aprendió a reconocer el crimen ambiental causado, por la incineración premeditada de los desechos, y por las cenizas del ecocidio perpetrado.

Las botellas de las borracheras, los cartones de los huevos, las latas de las sardinas, los periódicos del rey David, los envases de la mayonesa, las etiquetas de la Pepsi y los gritos del ruiseñor, se queman y se lamentan en el mismo infierno callejero de plástico, de vidrio, de metal, de papel, de cartón, y de desamor.

Los merideños no tienen miedo de lanzar la basura en las calles, porque saben de antemano que no serán denunciados ni multados, pese a que en Venezuela tenemos instrumentos legales vigentes como la Ley de Gestión Integral de la Basura y la Ley Penal del Ambiente, que sancionan y castigan ese delito con el pago de unidades tributarias, y con las horas obligatorias de servicio comunitario para el infractor.

Pero las leyes ambientales brillan por su ausencia en Mérida y en Venezuela, ya que los cuerpos policiales y los organismos públicos, se niegan a castigar los delitos ecológicos in fraganti, por desconocimiento de la ley y por la inacción ante esa ley.

Será mejor sufrir tortícolis en las calles merideñas, antes que tropezarnos con el excremento de una apática sociedad andina, que ambientalmente fue condenada al eterno y rotundo fracaso.

El artículo presentado es un texto periodístico, que acompaña a otros desahogos intelectuales para generar luces de progreso en la comunidad merideña, y que el gran equipo de Aporrea.org ha tenido la amabilidad de publicarlos.

Aquí les dejo los hipervínculos de otros artículos de opinión:

Problemática ambiental del estado Mérida

https://www.aporrea.org/regionales/a232252.html

La extinción del cóndor andino en Mérida

https://www.aporrea.org/regionales/a245877.html

Los perros de la calle se refugian en la Catedral de Mérida

https://www.aporrea.org/actualidad/a241949.html

Nuestro cibermedio para obtener más información:

http://ekologia.com.ve/

Por una Mérida limpia y bonita, no sea cochino y ponga la basura en su santo lugar.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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