Margarita, la de Matasiete (I)

El próximo 31 de julio se cumplen 200 años de la gesta histórica del pueblo patriota margariteño, en aquella fecha el año de 1817 derrotan al ejército español comandado por el general Pablo Morillo en Matasiete, lugar cercano a la ciudad de La Asunción, Estado Nueva Esparta, allí se enfrentan las fuerzas independentistas comandadas por Francisco Esteban Gómez y las fuerzas españolas bajo las órdenes de Pablo Morillo. El 15 de julio Morillo desembarca en Los Varales, frente a Punta de Mangles, aquí le cierra el paso el jefe del estado mayor de Gómez, el coronel Joaquín Maneiro, que venía con 400 infantes y 50 a caballos. Con valentía los soldados patriotas luchan contra la gran masa del enemigo y durante cinco días se esfuerzan en un movimiento de repliegue, siempre amenazantes. Los margariteños, con inminente inferioridad numérica habían sido empujados cada vez más atrás por las fuerzas de Morillo en su marcha a la capital de la provincia, La Asunción. Finalmente los margariteños se atrincheraron en el cerro Matasiete ubicado a las espaldas de La Asunción para resistir a las fuerzas de Morillo. Conocedor Morillo de la valentía y tenacidad de los margariteños, les dirige una proclama amenazante para que se sometan a las armas del rey, decía así la proclama: “Si los traidores de Barcelona acabaron con su miserable existencia, en esta Isla desleal no quedarán ni cenizas, ni aún la memoria de los rebeldes que despreciaron la piedad del soberano y se empeñaron en su exterminio” Con esta proclama Morillo intima al gobernador general Francisco Esteban Gómez al sometimiento de la Isla, pero éste, a pesar de sus escasos medios, con altivez responde a la proclama: “Si V.E. fuere vencedor, se hará señor de los escombros, de las cenizas y lúgubres vestigios que quedarán de nuestra constancia y valor. Con ellas se complacerá su titánica ambición; más no con dominar la Isla de Margarita, ni menos a sus ilustres defensores.”

A este exhorto, más de 4.000 paisanos de todas las edades, sexo y condición social, corren a La Asunción y Pampatar en busca de armas, pero no las encuentran y es aquí donde se hace presente el espíritu patrio. Recogen piedras que amontonan en los resaltes montañosos, para arrojarlas al avance de los invasores y obstaculizan con zanjas las vías de acceso, fortifican con trincheras las crestas defendibles y con todo cuanto pudiera servir de armamento se aferran a sus soldados patriotas para ayudar en la defensa. El objetivo: Destruir al invasor. El coraje del margariteño y las remembranzas del pasado glorioso de anteriores lides, insuflan en Gómez la mayor valentía, y lo comprometen a luchar sin desmayo hasta vencer. Era esta Campaña su mayor prueba de fuego como gobernador y como militar. En su decisión y arrojo se jugaba Margarita el mote de Valiente Ínsula y la estirpe que más tarde recordará a Esparta. Ante la enérgica respuesta de Gómez, Morillo hace desembarcar la División de Aldana, compuesta de 1.200 hombres realistas y el 22 de julio marchan hacia Porlamar, faldeando los cerros y apoyados con la artillería marina; hasta ocuparla. Gómez, demostrando dotes de gran estratega reta a Morillo a internarse en su propio terreno insular, con la finalidad de alejarlo en tierra del alcance de la artillería de la Escuadra, cosa que puso temeroso a Morillo, quien ducho en estrategia, no cayó en la de Gómez y se mantuvo bordeando la costa hasta tomar Pampatar.

Los dos puertos orientales de la Isla estaban en poder de Morillo, por lo que su poder bélico se fundamentaba en la artillería naval surta en los puertos, pero su objetivo inmediato era la Plaza de La Asunción, sede del Cuartel General de la Isla, que lo conduciría al principal objetivo, El Portachuelo, lo que le permitiría dividir y dominar las dos porciones de oriente y occidente de la Isla; desde la Serranía de El Copey. Sabía Morillo que mientras existiera libertad de acción para la infantería terrestre, por muy precaria que fuera su táctica y su armamento, siempre le aventajaría en la toma de la iniciativa para la acción. Sabía también, porque es conocimiento básico de cualquier hombre de las armas, que el enemigo que iba a enfrentar era un puñado de valientes, desconocedores de la táctica y de la estrategia militar, pero cargados del entusiasmo y de la prudencia que da al débil el resguardo de su vida y el deseo de libertad. Era un puñado de soldados duchos en la escaramuza guerrillera y en el combate cuerpo a cuerpo. He aquí el fundamento del patriota: valor y astucia contra la masa y la fuerza. La doctrina militar enseña que en una aproximación de valle, el mejor camino de avance es aquel que ofrece la mejor observación, transitabilidad a campo traviesa, una red de caminos, campos de tiro, cobertura, encubrimiento y dispersión.


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José M. Ameliach N.


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