Con los pescadores de Playa El Saco la Revolución llegó a Mochima

Desde que los gobiernos adecos-copeyanos convirtieron al Parque Nacional Mochima en un tronco de negocio para sus amigotes casi nunca los pobladores de ese parque fueron tomados en cuenta a la hora de otorgar las concesiones de los numerosos, lucrativos y atractivos turísticos que conforman tan hermoso recurso natural.

Como siempre los Gobiernos Cuartorepublicanos otorgaban las concesiones luego de gastar un platal en levantar las edificaciones. Entiéndase restaurantes, balnearios, kioscos, sanitarios, parques recreacionales, muelles, etc. y se los entregaban, llave en mano, a los concesionarios, incluyendo refrigeradores, fregaderos y cocinas.

Durante muchos años visité todas las playas de Mochima, especialmente El Saco, Puinare y El Faro. Y de vez en cuando me daba mi “gueltica”por Isla de Plata, Arapo, Conoma, Conomita y Teléforo. Todas, de primera y únicas por su belleza, por seguras, por sus aguas cristalinas y por seguras.

El Saco, Puinare y El Faro siempre contaron con buenas y cómodas instalaciones. Una especie de chozas de techo machimbrado y piso de madera rústica. Grandes y pequeñas mesas, e higiénicos sanitarios y duchas con agua en abundancia. Así estuvieron por lo menos durante 25 años. Sus concesionarios, al parecer, les iban muy bien pues no hacían otra cosa que regentar estas playas visitadas por familias adineradas que llegaban a esas playas a bordo de costosas y lujosas embarcaciones.

Hacía rato que no iba a Playa El Saco. Este domingo de resurrección fui con mi esposa y me encontré que el sempiterno concesionario de esta “mina turística” ya no estaba. Le habían “volado la cabeza”.Pero según comentaron hizo como el barbarazo. Hasta dizque se declaró en quiebra para no pagarles las prestaciones sociales a los trabajadores. El lió se presentó en plena Semana Santa y había orden de cierre. Fue entonces cuando la Cooperativa Ecoturística La Ciénaga, conformado por pescadores residentes de Playa El Saco y el grupo de antiguos trabajadores del negocio, luego de hablar con Inparques Anzoátegui, decidieron sacar el pesado barco a flote. Para ello aportaron sus ahorros, cocinas y neveras particulares y sus cojones y ovarios. Y por eso no colapsó Mochima. Con Puinare y El Faro no se hubiese podido cubrir tan enorme demanda.

Aparentemente a mí las instalaciones me lucían bien. Pero cuando conversé con Isabel, Yuraima, José, Jesús y Miguel, directivos de La Ciénaga, me enteré que cuando llueve, llueve más adentro que fuera porque el techo es un colador. De aquel piso bonito y elegante de madera rústica sólo quedaron unas tablas en el aire. De aquellos baños cómodos y prácticos solo quedan unos baños que hay que echarles agua con un tobo. Son averías producto de la falta de un mantenimiento programado y sistemático, que reclaman una remodelación integral. La inversión vale la pena. Sería interesante que el Presídete Maduro por intermedio del Presidente de Inparques se aboque a tan interesante experiencia. Resulta emocionante y revolucionario que los pescadores y pobladores de las playas y pueblos que conforman el Parque Nacional Mochima manejen esos negocios y los pongan al servicio del pueblo. Y no cómo ha sido hasta hoy en recurso natural para el disfrute de los ricos.

Cierro con una información adicional y que refleja el cariño que siente los pescadores de La Ciénaga por la preservación y el mantenimiento del medio ambiente. Me dijo José Núñez, el líder del grupo, que hasta ahora han sembrado 7.000 mangles y cuentan con el único vivero forestal en la zona insular de Mochima. Me dijo José que para ello contó con el apoyo del director regional de Inparques, José Cabralo.

En definitiva Presidente Maduro con lo que está pasando en Playa El Saco se evidencia, una vez más, que el Legado de Chávez, es tan grande y poderoso que el Orinoco.


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Américo Hernández


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