¡Feliz cumpleaños Cumaná!

Este artículo lo he terminado de escribir hace tres minutos. La angustia y premura de la que aquí hablo, se debe a que ahora mismo debía enviarlo a un diario para que pudiese salir en la fecha habitual. Logré terminarlo a tiempo, eso creo. Sin cambiarle nada, esa ha sido mi decisión, he optado por enviarlo a Aporrea, hoy en el cumpleaños de mi ciudad natal. En la nota enviada al diario, le he dicho al jefe de página que “por favor, si le hallas algún error ortográfico lo corriges. No tuve tiempo”. Así mismo va para esta página.

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Falta más o menos una hora para que deba cumplir el compromiso de enviar este artículo; el plazo está por acabarse. Agobiado por una serie de problemas menores, pero no por ello insignificantes ni apropiados para eludir, olvidé que esta mañana debí escribir este artículo. Es más ya debería estar en el diario. Pero acordándome ahorita, con la página en blanco, obligado a crear algo, un desafío frecuente para quienes escribimos, me he acordado de repente que mi ciudad madre, donde nacieron mis padres y yo; la misma que me vio corretear por sus calles y zambullirme infinidad de veces en El Manzanares, está cumpliendo años.

La bella, tierna y heroica Cumaná, aquella que Andrés Eloy su hijo, llamase la ciudad marinera y mariscala. La madre de “Toñito” Sucre, aquel muchacho que fue a llenarse de gloria allá lejos, en el sur y alcanzar la grandeza en Ayacucho, donde dio gran muestra de su increíble genio militar.

Fue ella, con su puerto de gran actividad comercial, uno de los más importantes de la etapa colonial, un centro importante, trascendente, para el impulso de la idea emancipadora. Pocos días después, probablemente sin saberlo, después que en Caracas destituyesen a Emparan, quien antes había sido gobernador de Cumaná, para crear la “Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII”, los cumaneses también asumieron el gobierno independiente. Y fueron los cumaneses de los primeros en declarar la independencia. A Cumaná llegaron los caraqueños en 1814, en aquella desesperada retirada que se llamó “la Emigración a Oriente”, encabezados por Bolívar a buscar refugio y defensa en las fuerzas allá acantonadas, mientras José Tomás Boves, les perseguía con saña y ánimo de venganza.

Hasta allá llegó Boves, con una fuerza descomunal y en “El Salado”, le esperó el hasta ese momento general y guerrero invencible, Manuel Piar. Justo allí, donde se organizó para comandar la defensa de la ciudad heroica, este héroe de la patria, fue derrotado en batalla por primera y única vez. Boves arrasó con la ciudad, con sus heroicos combatientes, asesinó y humilló mujeres; le hizo más daño que los incontables terremotos que la asolaron desde su nacimiento. Pero, sus hijos, habituados a aquellos avatares, se repusieron y pronto volvieron al combate y no muy tarde, bajo la conducción de Mariño, volvieron a tomar la ciudad y más nunca ella cayó en manos del enemigo y así estuvo, mientras su heroico hijo, cabalgaba al sur a conquistar la independencia.

¡Feliz cumpleaños ciudad, madre mía!


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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