Ni unidad boba, ni confrontación sectaria en el movimiento de trabajadores revolucionarios

Durante los gobiernos de la cuarta república existieron muchos movimientos de izquierda que de alguna manera alzaron la bandera de la construcción socialista, sin embargo, nunca lograron aglutinarse alrededor de objetivos comunes que les permitiera al menos visualizar una posibilidad de triunfo gracias al capitalista que todos llevamos dentro heredado de la cultura que nos formó. El ego, fuerte enemigo de la construcción colectiva, hacía que cada grupo se convirtiera en sectario al considerarse poseedor de la verdad capaz de medir con su “revolucionariarimetro” a los otros colectivos, convirtiéndolos en el enemigo o en amigos “de cuidado” mientras la derecha se abrazaba para poner en el gobierno a sus lacayos adecos-copeyanos.

En esos tiempos difíciles para los movimientos de izquierda en Venezuela fuimos reducidos a pequeños grupos anti-sistema que en su mayoría nos “peleábamos” por la concreción de pequeños espacios de “poder” en sindicatos y centros de estudiantes en la que lo único que nos unía eran las luchas meramente reivindicativas hasta que hubieran elecciones, en esos momentos, cuando teníamos posibilidad de triunfo, nos entrabamos a cuchillo con quien fuera, pactando una efímera y coyuntural unidad cuando era evidente la derrota de la izquierda, construyendo en el tiempo ese “complejo de minoría” que aun “enferma” a muchos de los camarada de izquierda y que les impide entender que hoy somos mayoría, que somos gobierno y los mantiene atomizados en pequeños grupos sectarios.

Estas luchas internas se hacen mas evidentes en las empresas e instituciones del estado donde la izquierda es gobierno, amigo poco confiable y hasta enemigo al mismo tiempo, allí es común escuchar este camarada es peligroso por que está cuadrado con..., el otro es un escuálido disfrazado porque yo lo medí con el chavimetro que tengo, aquel es sindicalero de la cuarta y aquel otro es patronal o lacayo del patrón y enemigo de los trabajadores,... Estos enfrentamientos son evidencia clara del capitalista que llevamos dentro que es incapaz de anteponer los intereses del colectivo por encima de los individuales y grupales. Gran parte de las causas del burocratismo y la negligencia son producto de esas fratricidas luchas por el poder que terminan obligando a “dirigentes” a cerrar filas alrededor de grupos de interés para poder repeler el ataque de otro grupo de camaradas.

En esta coyuntura a los cuadros que están dirigiendo las riendas de las empresas del estado les corresponde hacerlas funcionar eficientemente para cumplir el objetivo estratégico por el que fueron estatizadas o creadas por el estado al mismo tiempo de ir desmontando la estructura capitalista sobre la que fueron diseñadas, que concentra el poder en pocas manos, cerrándole el paso a la construcción colectiva, haciéndolas negligente, burocráticas y susceptibles a la corrupción. A los “jefes” les toca la doble función de ser “patrón” para garantizar la eficiencia y sustentabilidad de la empresa y acompañar la lucha de los trabajadores por la transformación de su estructura reproductora del sistema capitalista, de proteger los intereses de la clase trabajadora al mismo tiempo y en la misma proporción que defiende los intereses del pueblo beneficiario de su gestión, estos deben tener la humildad de ejercer el poder delegado por el pueblo libre del egocentrismo que los hace sentirse que son la revolución, consientes de que solo la clase trabajadora organizada será capaz de construir la sociedad socialista, comprometiéndose a ser promotor desde la práctica de la unidad de los revolucionarios sin que esto los desvíe del logro de los objetivos planteados.

Semejante papel le toca a la clase trabajadora que circunstancialmente no están asumiendo roles de “patrón” pero que inevitablemente resulta su aliado al declararse partidario de la revolución socialista, debe ser capaz de organizarse para derrotar sistemáticamente los vicios del capitalismo hasta lograr el control obrero en la práctica sin perder la perspectiva de que es gobierno por lo que debe ser corresponsable en el logro de los objetivos de la empresa sin sumisión o renuncia a los principios revolucionarios. De nada sirve una organización de los trabajadores revolucionarios en nuestras instituciones y empresas si se declaran enemigos del poder constituido, cuando limitan su accionar a la lucha reivindicativa negándose a ser parte integral de la solución para beneficiar al mismo tiempo y en la misma proporción al pueblo beneficiario del fruto de su trabajo, cuando confrontan al “patrón” como enemigo y llaman “patronales o lacayos del “patrón” a sus aliados olvidándose intencionalmente de que el patrón es el gobierno revolucionario, que considerarlo enemigo es declararle la guerra al presidente Maduro y a la revolución bolivariana y si ese es el caso deben asumirlo con dignidad y pasar a la oposición.

En las empresas socialistas del estado en teoría todos somos Patrones, incluido principalmente el pueblo beneficiario del trabajo, por lo que es responsabilidad de todos trabajar de manera mancomunada en el logro de los objetivos de cada una de ellas al mismo tiempo que desmontamos al estado burgués a partir de la acción crítica transformadora con lealtad a los principios revolucionarios para llevar a la practica el control social de los medios de producción. Irreverencia en la discusión ideológica y lealtad en la acción. Unidad, unidad, unidad, esa debe ser nuestra consigna.



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Noel Peralta Barreto


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